La juez Le Vert carece de pruebas para imputar a 'Txeroki' el atentado de Capbreton

Los análisis balísticos y de ADN impiden atribuirle las muertes de los guardias Trapero y Centeno. El ex jefe militar de ETA ingresa en una cárcel de París

FERNANDO ITURRIBARRÍA| PARÍS.

DV. La Justicia francesa no dispone de pruebas para imputar a Garikoitz Aspiazu, , el asesinato hace un año de dos guardias civiles en Capbreton, ya que tanto sus huellas genéticas y dactilares como su pistola no se corresponden con los elementos sumariales. El presunto ex jefe militar de ETA ingresó ayer de madrugada en la prisión parisiense de La Santé tras ser inculpado por dirección de organización terrorista, delito penado con hasta 20 años de prisión, y otros cargos conexos. Leire López Zurutuza, detenida junto a él, fue encarcelada en el penal de Fresnes (periferia de París).

Los peritajes balísticos de la pistola Smith&Wesson, de 9 milímetros, encontrada en poder de demuestran que no disparó los casquillos del mismo calibre recogidos el pasado 1 de diciembre junto a los cadáveres de Fernando Trapero y Raúl Centeno. Los análisis practicados por la Policía Técnica y Científica también establecen que no son suyas las huellas digitales ni las muestras de ADN recopiladas en el lugar del crimen y en los coches utilizados por los autores del primer atentado deliberado de ETA contra la Guardia Civil en Francia.

Los investigadores están pendientes del resultado del examen del material informático intervenido en el estudio de Cauterets, último de los numerosos refugios utilizados por Aspiazu en la clandestinidad. Pero albergan escasas esperanzas de escrutar datos concluyentes ya que una parte del contenido de los dos ordenadores portátiles y varios lápices de memoria, probablemente la más interesante, está codificada con programas de cifrado de datos.

Queda el reconocimiento visual o fotográfico por parte de los testigos, pero éstos pueden verse condicionados por la publicación del retrato de en los medios de comunicación españoles. La Fiscalía de París ha ordenado a la Policía Judicial una investigación sobre el origen de una filtración que ha causado malestar en el Palacio de Justicia de París.

Sin valor probatorio

De momento, el único nexo de Aspiazu con el atentado de Capbreton son las declaraciones de los presuntos etarras Aurken Sola y Xabier Rey, detenidos recientemente en Navarra, en las que dicen que su jefe les contó que él fue el autor material del doble crimen. Pero se trata de manifestaciones de testigos indirectos sin suficiente valor probatorio a efectos penales.

En este contexto, la jueza antiterrorista Laurence Le Vert optó por imputar al supuesto jefe de los comandos armados de ETA en los últimos cinco años por los actos preparatorios del atentado, como el alquiler de un piso descubierto en Toulouse o los robos de coches. Pero no le inculpó de los asesinatos de los agentes, ni siquiera en grado de complicidad, por carecer de elementos formales suficientes tendentes a demostrar que fue el autor de los disparos o que estaba presente cuando fueron efectuados.

No obstante, la jueza le acusó de dirección de una asociación de malhechores con fines terroristas, una inculpación creada en 2004 y reservada a los jerarcas. Hasta la fecha en ETA sólo estaban perseguidos por ese cargo, punible con 20 años de prisión, Mikel Albisu, , y Soledad Iparragirre, , presuntos ex jefes de los aparatos político y financiero, respectivamente, y Peio Eskisabel, , que supuestamente asumió la codirección del militar tras ser responsable del internacional.

La misma infracción está contemplada en otro sumario abierto en paralelo por la Fiscalía y encomendado a Le Vert. En esta segunda causa fue imputada Leire López Zurutuza por asociación de malhechores con fines terroristas, delito penado con hasta diez años. El resto de los cargos, común a ambos, es consecuencia del registro practicado en Cauterets: tenencia ilícita de armas y municiones, posesión y uso de falsos documentos administrativos, empleo de placas de matrícula falsas y receptación de robo en banda organizada.

Aspiazu y López mantuvieron desde su arresto el mutismo habitual en los militantes de ETA detenidos en Francia y se limitaron a indicar en los interrogatorios que no tenían nada que declarar. En los atestados sumariales apenas figura en boca de la precisión de que no se llama Mikel Garikoitz sino que su nombre de pila es Garikoitz a secas.