«Una joya te hace sentirte bien. Diferente. Te llega a definir. Y culmina tu estilo»

Abrió boutique de alta joyería en Arrasate con Fuenterrabía. Hija y nieta de joyeros, recuerda que hay joyas que se llevan de día

BEGOÑA DEL TESO
Irantzu Zuriarrain, las joyas como pasión, como emoción. /USOZ/
Irantzu Zuriarrain, las joyas como pasión, como emoción. /USOZ

Abrieron el 20 de octubre pero la fiesta de inaguración será cuando noviembre se vaya acabando. Irantzu y las dos damas que atienden a su distinguida clientela están enamoradas de las perlas barrocas de Tahití y de una talla de brillante tan inverosímil como moderna y fascinante. Se llama , se efectúa sobre el diamante redondo y si lo habitual es conseguir 56 facetas, ésta logra 68, por lo que la reflexión, el brillo, la luz que despide y refleja son impresionantes. Rodeadas de piezas tan primorosas que pueden sentar bien a un tono de piel pero oscurecer otro y de perlas cuyo color es definido como r, hablamos del mar de Japón, del reloj de la catedral de Astorga y de diamantes de sangre.

- Su abuelo era relojero. He visto su nombre en viejas crónicas de periódicos leoneses. Se llamaba...

- Hermenegildo Dieguele. Nos podemos remontar en el tiempo hasta 1885. Construyó el reloj del Ayuntamiento de Astorga. Aún funciona.

- Y también el de la catedral astorgana. Luego se vino para aquí. Él, su abuela y sus padres tuvieron joyería en Beasain y Donostia. Usted abrió Irantzu en Zarautz...

- Es curioso cómo ha cambiado nuestro propio concepto de joyería. Durante mucho tiempo, a lo largo del siglo pasado, imperaba entre nosotros la joyería básica, la tradicional. Éramos gente obrera, gente que aún no había empezado a viajar. Pero que sí contemplaba las joyas que lucían los viajeros que llegaban aquí.

- Bonita reflexión. Dígame, llamamos 'joyería básica' a...

- Aquellas medallas. Aquellas cadenas. Los relojes de oro. Aquellas pulseras con colgantes...

- ¿Aquellos collares de perlas blancas tal vez?

- No sé yo si los incluiría como algo perteneciente al pasado aunque ahora la gente se apasione por las perlas negras o color verde almendra cultivadas en Australia o Tahití. La perla blanca te da una luminosidad increíble y fulgurante en la piel. Y en pleno siglo XXI impera la tendencia a combinar un collar de perlas blancas con otro de negras. En el más puro estilo.

- De esa joyería básica y tradicional, ¿hacia dónde dimos el salto?

- Como pasa en otros ámbitos de la vida, nuestra relación con las joyas cambió a medida que nos fuimos engrandeciendo económica y culturalmente. Al empezar a viajar por el mundo. Vimos, tanto los joyeros como los clientes, que otra joyería era posible. Pero no sólo como inversión. Y tampoco como esa pieza valiosísima que sólo te pones una vez en la vida.

- No hablamos de la joya como un complemento de moda. ¿O sí?

- Jamás. La fantasía puede ser un complemento. La alta bisutería también. La joya es esa pieza única, certificada en sus orígenes, marcada por su creador, que le sienta bien a tu piel. Que te hace saberte diferente. Que llega a definirte, culmina tu estilo, y, por supuesto, corona tu preparación para una fiesta, una gala, una cena, un acontecimiento.

- Déjeme ir vistiéndome. Me pongo zapatos de Manolo Blahnik...

- Empiezas bien.

- Elijo este vestido de Valentino.

- ¿Puedes permitirte un Valentino?

- Era una preparación virtual, ¿no?

- De acuerdo. ¿Qué collar te vas a poner? ¿Qué broche? ¿Qué pulsera?

- ¿Qué le parece este colgante de alta bisutería comprado en oulet?

- ¡Ni se te ocurra! ¿Un Valentino y unos Manolos con un colgante de fantasía? Destrozarás el conjunto. y se reirán de tí. Un Gaultier, unos Cánovas, unos Choo, nunca quedarán bien con algo de fantasía. Se impone en tu caso un buen collar de fondo de armario. O una creación exclusiva de H.Stern, unas perlas de Robert Wan, el mayor productor de perlas de Tahití.

- Dos preguntas. Primera: ¿las mejores perlas no eran las de Japón?

- Lo eran. Pero la contaminación ha acabado con la leyenda, leyenda que era realidad absoluta.

- ¿La contaminación marina?

- Exactamente. En las granjas del mar del Japón donde se cultivan las ostras perlíferas no pueden asegurarse más de tres años de crianza, debido, precisamente, al mal estado de la mar. Piensa que el color de la perla que la ostra crea en su interior depende de la calidad del agua, de los nutrientes que le aporta el plancton del que se alimenta y de otras mil circunstancias, todas naturales. En tres años la ostra no desarrolla una perla de la calidad y el tamaño deseado por los grandísimos diseñadores de alta joyería. Por eso se han buscado nuevos mares, nuevas granjas. El presente y el futuro están en los mares del Sur. Y en las aguas de Australia.

- Entendido. Segunda, ¿puedo tener un fondo de armario de joyas? Quiero decir, ¿no se fijará la gente en que repito collar, brazalete?

- Debes contemplar el mundo de la joyería desde una perspectiva muy diferente a aquella con la que miramos el universo de la moda en el vestir o en el calzar. Claro que puedes ponerte una joya más de una vez. En realidad, hacerlo. Las reinas, las grandes estrellas, las modelos más exquisitas, repiten joyas. ¿Y sabes por qué? Porque si hemos quedado en que una buena pieza acaba definiendo tu personalidad y estilo, es lógico que te la pongas más de una vez.

- Buena conclusión. Una duda, ¿se puede ser marquista en joyas? ¿Estar locamente enamorada de una marca, de un diseñador?

- Ciertamente. No estamos hablando, ya te lo imaginas, de esa gente que por llevar la D y la G de Dolce Gabbana le da lo mismo que sean falsas. No, estamos hablando de apreciar, de venerar incluso una marca, el nombre de un diseñador, porque el tono de sus obras tonifica tu piel, porque los acabados son una maravilla, porque la talla te subyuga. Porque amas cómo evolucionan sus collares de perlas barrocas esas que, oficialmente, son imperfecciones de la Naturaleza.

- ¡Qué imperfección más bella!

- Es que... ¿quién cree todavía que la belleza ha de ser perfecta?

- Ni tampoco se ha de conseguir al precio de la sangre, ¿verdad?

- ¿Piensas en los diamantes de sangre? La alta joyería certifica que sus piedras no provienen de allá donde el dinero se usa para comprar armas de guerra o esclaviza a los mineros. Palabra de ley. Y de mercado.

- Habíamos empezado haciendo su genealogía, ¿por qué?

- Porque en este mundo no te admiten por tu dinero. Te aceptan si tienes historia, pasión y buscas un sitio distinto en el mercado. Y el futuro apunta a los jóvenes. También a la mujer que quiere invertir. No sólo en dinero. En emoción. En estilo.

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