Al salir de clase... ¿pero a qué hora?

¿Jornada continua o jornada partida? El debate sobre los horarios en los centros escolares refleja el problema social de la conciliación familiar

MITXEL EZQUIAGA| SAN SEBASTIÁN.
Irati Garmendia (segunda por la izquierda) y otros compañeros del Instituto Pío Baroja de Irun. Ellos están en bachiller, con horario continuo, y lo tuvieron partido en la ESO. / F. DE LA HERA/
Irati Garmendia (segunda por la izquierda) y otros compañeros del Instituto Pío Baroja de Irun. Ellos están en bachiller, con horario continuo, y lo tuvieron partido en la ESO. / F. DE LA HERA

DV. Los profesores de instituto prefieren la jornada escolar continua para terminar de trabajar a las tres y disfrutar de la tarde libre. Los padres quieren horario partido para echar la siesta en paz. Así se caricaturizan mutuamente las dos partes enfrentadas en el debate que se registra estos días sobre los horarios de los institutos en el País Vasco.

Puede parecer una controversia focalizada en el mundo de las aulas, pero todas las partes consultadas (padres, profesores, administración y los propios alumnos) coinciden en que este debate es un espejo que refleja cuestiones más profundas. Para los padres y madres, cómo conciliar la actividad laboral con la vida familiar. Para los docentes, qué enseñanza queremos: aulas donde formar o «garajes» donde depositar a los chavales hasta diez horas al día.

El debate ha arrancado en varios institutos alaveses y ha alcanzado su máximo tensión en el Instituto Ibaizabal de Bilbao, donde la comunidad educativa se ha movilizado esta semana para reclamar al Departamento de Educación que permita el horario continuo. Desde la consejería se niega esa posibilidad y se afirma que todos los centros públicos deben acatar el actual sistema de horario partido para las enseñanzas primaria y la ESO, considerado como el más efectivo.

Irati Garmendia es irunesa y estudia segundo de bachiller en e instituto Pío Baroja de Irun. Durante la ESO estudió en horario partido y ahora disfruta de horario continuo. ¿Cuál es su balance? «Me quedo con el horario continuo. Estudio de ocho de la mañana a tres de la tarde, como en casa y luego organizo la tarde para ir a actividades extraescolares».

¿Y este sistema no puede fomentar la vagancia de los alumnos más perezosos? «El vago será vago tenga la tarde libre o no», resume Irati, que defiende extender la jornada continua a los últimos cursos de la ESO. «A partir de los doce años los alumnos pueden organizar mejor su tiempo así», dice.

Comedores y autobuses

Imanol Zubizarreta, presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de la Escuela Pública Vasca, recuerda que su entidad defiende la jornada partida, aunque admite que están dispuestos a debatir la cuestión «si se nos presenta un estudio pedagógico que demuestre que el aprovechamiento académico es mejor».

Zubizarreta apunta que «los padres queremos lo mejor para nuestros hijos desde un doble punto de vista. Buscamos el máximo rendimiento académico pero también conciliar familia y trabajo». ¿Eso abre la puerta a convertir los centros en «aparcamiento de hijos?». «En el caso de los niños más pequeños hay una demanda cada vez mayor: se han creado las aulas de acogida, que abren a las siete y media u ocho de la mañana, donde los padres dejan a los niños antes de ir a trabajar. Por la tarde también hay centros que permiten dejar a los chavales más tiempo. No es lo deseable, pero es un problema de la sociedad, del sistema laboral y de horarios que tenemos».

En el caso de los estudiantes de Secundaria la perspectiva cambia. «Son ya chavales con autonomía, que pueden ir a las aulas más tarde aunque sus padres hayan salido antes, o volver a casa solos», agrega Zubizarreta. «Aquí el debate es otro: hay que saber si en horario continuo se aprovecha más el tiempo, aunque a título personal puedo dudar que un joven aproveche más una sexta hora seguida de clase que una, por la tarde, tras el descanso de la comida».

Es una controversia que plantea más dudas para las asociaciones de padres. «Los defensores del horario continuo dicen que los centros escolares mantendrían el servicio de comedor y actividades extraescolares por la tarde. ¿Pero quién las impartiría? ¿ Quién las paga? Las experiencias que ha habido nos hacen ver que al final todos los chavales comen en casa y, por la tarde, quien tiene más medios paga clases extraescolares y quien no, se queda en el sofá».

Tras la polémica subyace otra cuestión «delicada» sobre la que Zubizarreta se resiste a hablar: los horarios de profesores. «En Secundaria se exigen treinta horas de dedicación. De ellas 17 son para la docencia directa, seis horas más requieren la presencia en el centro y otras siete son libres, sin obligación presencial».

Al director del centro Toki Alai de Irun, Alberto Pérez, le molesta que un tema «ahora mismo menor» ocupe tantas páginas de periódico. «En el País Vasco hay 170 institutos públicos, y los que están generando este debate apenas llegan al 3%. Me preocupa más el debate sobre la convivencia entre alumnos o el nuevo mapa escolar, que la cuestión de los horarios».

Según Pérez, «en nuestro centro ni siquiera nos hemos planteado el debate de los horarios porque nuestro actual sistema, con horario partido, funciona correctamente». Y ofrece datos: el 88% de estudiantes de secundaria utiliza el transporte del centro, y el 75% se queda en el comedor. «Somos un servicio educativo; nuestra prioridad es formar a los jóvenes pero también ofrecer respuestas a las necesidades sociales de nuestro entorno».

Con todo, el director de Toki Alai añade dos reflexiones. Una: «Si una comunidad escolar llega a un acuerdo sobre un esquema de funcionamiento, la Administración quizás debería autorizar su propuesta». Y dos: «Ese debate de los horarios terminará llegando, pero hay que realizarlo con rigor, analizando la experiencia de otros países y las necesidades de una sociedad como la nuestra».

mezquiaga@diariovasco.com