Regreso a Txiberta

Joseba Azkarraga revela 31 años después detalles inéditos de aquella negociación en la que no fue posible la unidad de acción nacionalista

ALBERTO SURIO| ANGLET.
El consejero de Justicia Joseba Azkarraga en su última visita al hotel de Chiberta./
El consejero de Justicia Joseba Azkarraga en su última visita al hotel de Chiberta.

DV. El hotel de Chiberta, cerca de Biarritz, está hoy dedicado al golf, pero durante los meses de abril y mayo de 1977 fue el escenario de una negociación fallida en el seno del nacionalismo vasco que constató el divorcio estratégico de la transición entre las fuerzas que asumían la vía institucional y el mundo rupturista en torno a ETA. Durante cinco días, los partidos nacionalistas -PNV, ESEI, LAIA, ESB, EIA, EHAS, ANV y EKA- los representantes del movimiento de alcaldes, así como dirigentes de ETA militar y de ETA político-militar se sentaron en torno a unas mesas rudimentarias sustentadas sobre caballetes de madera en la lavandería del hotel. Fueron cinco reuniones para intentar acortar una unidad de acción al inicio de la transición democrática que culminaron en un fracaso.

Joseba Azkarraga, consejero de Justicia, Empleo y Seguridad Social del Gobierno Vasco y en la actualidad secretario general de Eusko Alkartasuna, participó en aquellas reuniones en nombre del PNV junto a los entonces burukides Gerardo Bujanda, Juan José Pujana y Koldo Amezketa. Azkarraga acaba de publicar un libro , que recoge su trayectoria política a lo largo de tres décadas y que incluye una referencia a aquellas conversaciones. Pero Azkarraga ha vuelto al enclave de Txiberta de la mano de DV para escudriñar en algunos aspectos inéditos de aquella negociación.

«Todos quisimos entonces buscar una solución dialogada y acercarnos al proceso democrático con la paz canalizada», asegura, «pero también recuerdo la falta de flexibilidad que todos tuvimos para intentar entender las posiciones del otro, cada uno mantuvo lo que la dirección de sus partidos y movimientos ya habían decidido». Un reconocimiento que tiene un punto de autocrítica y que conecta con experiencias de diálogo fallidas en el pasado. «No se puede ir a una negociación con los planteamientos cerrados pero la falta de flexibilidad fue especialmente acusada por parte de ETA», señala.

De hecho, Azkarraga revisa las actas y las notas de aquellos días y recuerda la posición de ETA. «Quedaban 35 presos en la cárcel y decía que o había amnistía total y se legalizaban todas las fuerzas políticas, o se recrudecerían las acciones armadas, el grupo de alcaldes, hasta 47, dimitirían y los partidos se irían retirando del proceso electoral. Pero otros teníamos muy claro que nos íbamos a presentar, incluido ANV», sostiene. Lo cierto es que después de las elecciones de 1977, la amnistía fue total y no quedó un solo recluso en las cárceles.

La 'cumbre' de Monzón

La iniciativa de Txiberta fue de Telesforo de Monzón, quien denominó a la mesa 'cumbre vasca' y expuso a los asistentes una propuesta denominada 'Liberación de Euskadi' que incluía tres etapas para alcanzar ese objetivo: primero, una acción concertada y una estrategia común entre abertzales. Segundo, la consecución de un estatuto de autonomía que englobara a Navarra, Álava, Vizcaya y Gipuzkoa. Y, en tercer lugar, la creación de un frente autonomista que abarcara a todos los partidos democráticos, a las fuerzas sindicales y a las representaciones culturales. Monzón era quien presidía la reunión, con la periodista Mirentxu Purroy de secretaria de actas. Los representantes de ETA eran , , Txomin Iturbe y .

«Durante las reuniones estuvimos dando vueltas a los mismos temas», recuerda Azkarraga, que evoca los almuerzos, por grupos separados, en el restaurante del hotel. El consejero relata que al comienzo de las reuniones, Monzón propuso que «mientras se carecieran de instituciones democráticas, se crearía un parlamento provisional de Euskadi que se encargaría de elegir a un gobierno vasco provisional que discutiera con Madrid el futuro político al que aspiraba nuestro país».

Los principios de esa propuesta, sostiene, fueron aceptados por todos los representantes de las fuerzas políticas, así como por los de las dos ETA, pero sólo como «hipótesis de trabajo». Cada formación política manifestó entonces que poseía sus propias estrategias mientras los representantes de ETA se comprometían a que si se lograba esa unidad de acción concertada, la acción política sustituiría a las armas.

La condición previa

Azkarraga revisa sus notas para recordar que ETA y los partidos de la coordinadora KAS introdujeron como condición previa a cualquier acuerdo que las formaciones abertzales en bloque se abstuvieran de participar en las elecciones generales si no se concedía antes una amnistía general.

«Existió unanimidad en considerar que las elecciones se planteaban sin garantías políticas y cívicas, sin la amnistía total y sin la legalización de todos los partidos, pero la inclusión del dilema abstención-participación como disyuntiva previa a todo el acuerdo unitario posterior rompió definitivamente el objetivo de esta cumbre», asegura. En aquellas reuniones, ETA entendió que la exclusión de los presos vascos de la amnistía de Suárez como la continuación premeditada del conflicto vasco. Y anunció allí mismo que reanudaba la violencia con «el mismo lenguaje y métodos del Estado español».

Azkarraga cree que el gran problema de esa negociación es que todos los partidos y organizaciones de ETA llegaron a aquella cumbre con sus respectivas decisiones ya tomadas, si bien los polimilis ya habían iniciado sus contactos con el Gobierno de la UCD. «No se produjo la menor amnistía interna entre abertzales, nada estuvo más ausente que la reconciliación entre adversarios», destaca.

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