«Hay que limpiar la palabra cáncer de todos los fantasmas añadidos»

Publica 'Cáncer de mama', un libro concebido como un gran reportaje sobre una enfermedad que le fue diagnosticada hace seis años

CRISTINA TURRAU|
Beatriz Iraburu, en su casa de Navarra. Ha dejado el 'periodismo de batalla', disfruta del tiempo libre y trabaja en ayuda humanitaria. /J. L. NOCITO/
Beatriz Iraburu, en su casa de Navarra. Ha dejado el 'periodismo de batalla', disfruta del tiempo libre y trabaja en ayuda humanitaria. /J. L. NOCITO

Limpiar la palabra cáncer de los fantasmas añadidos. Ha sido uno de los objetivos de la periodista Beatriz Iraburu (Pamplona, 1951), que acaba de publicar , un trabajo que le ha llevado cuatro años, después de que hace seis le diagnosticaran la enfermedad. Corresponsal del grupo Correo, hoy Vocento, en Londres, París, Washington y Roma, sus crónicas pudieron leerse hasta 2001 en EL DIARIO VASCO. Hoy ha dejado el periodismo de batalla y disfruta de lo que más valora, el tiempo. Ofrece su libro como ayuda y aliado en el Día Mundial Contra el Cáncer de Mama.

- ¿Por qué se decidió a publicar un libro con información, retazos de experiencia propia y testimonios sobre el cáncer de mama?

- A mí me diagnosticaron la enfermedad a finales de 2002. Durante los primeros meses, con los tratamientos, ni se me pasó por la cabeza lo de escribir un libro sobre el cáncer de mama. Se me ocurrió la idea cuando empecé a ver el miedo que despertaba la palabra en la gente de alrededor. Entonces me dije: '¿Qué pasa con el cáncer?' Es cierto que tiene un índice de mortalidad, pero las enfermedades cardiovasculares lo tienen todavía más alto. Y me pregunté qué tenía de especial. Empecé a tirar de un hilo que me fue llevando a otras preguntas. Así tomó cuerpo el proyecto del libro.

- Comenzó su investigación.

- El libro ha sido la conjunción de dos factores. El ser periodista y el haber vivido una experiencia que creo que no está muy contada. No tanto como circunstancia personal, porque no hablo de mi caso en el libro, sino sobre qué es el cáncer de mama. Qué supone. Qué factores intervienen. Por qué las enfermas estamos tan poco informadas. Son preguntas que me fueron surgiendo. Suelo decir que el libro es un reportaje de 320 páginas.

- Un reportaje en profundidad. Parece que lo ha escrito sin prisas e incluyendo todos los frentes. ¿Eran así sus otros reportajes?

- Yo trataba de hacerlos así, pero con mucha más prisa y mucho menos espacio. He usado mi oficio para escribir el libro. Y he empleado tiempo. Me ha llevado cuatro años largos. Porque tener un cáncer de mama no te hace experta en la materia. Te hace experta en sufrirlo. Yo no sabía en qué consiste la radioterapia o qué alternativas hay a la mastectomía. Afortunadamente he contado con la supervisión de una doctora en Biología que me ha dado seguridad ante un posible error en cuestiones médicas. Para escribir el libro he estudiado y he trabajado mucho.

- Se nota...

- Quería realmente informar. Informar a fondo.

- Y, de paso, ¿informarse a sí misma? ¿O estaba ya suficientemente informada?

- No tenía demasiadas necesidades informativas en ese momento. He tirado mucho de y tengo una hermana médico que me ha seguido al día y al momento. Pero hablando con personas en mi situación, a veces al esperar turno en la radioterapia, encontraba mucha desinformación. Gente que pensaba que el cáncer es contagioso. O que su carácter retraído había influido. Encontré muchos fantasmas, sin ninguna realidad, pero que existen, abruman, provocan sufrimiento y agobian. El objetivo del libro es bombardear a todos esos fantasmas, pulverizarlos.

- Hay quien prefiere pasar página. Pero usted ha dedicado cuatro años a escribir sobre el cáncer.

- Es muy difícil pasar la página. Porque el cáncer de mama te marca hasta físicamente. En un punto de tu cuerpo que no es un punto cualquiera. Incluso si la operación es pequeña y no llega a mastectomía, siempre es una deformación en un punto muy vital y muy especial. Es muy difícil que pases la página como quien ha tenido una hepatitis y se ha curado del todo. El cáncer siempre te deja una pequeña o una gran incertidumbre, depende del caso. Nunca te acabas de liberar por completo.

- Frente al cáncer las reacciones son variadas, dice usted.

- Hay muchas personas que prefieren hacer todo lo posible por pasar la página. No volver a pensar, no leer. Y me parece completamente lícito. Cada cual enfrenta su enfermedad y su situación como quiere. Siempre que sea una decisión libre e informada y el deseo profundo de la persona.

- ¿A qué lugar le ha llevado su libro?

- Es curioso y debe ser deformación profesional. He escrito el libro con una cierta distancia. El haber tenido la enfermedad me ha dado muchas claves. Sabía qué preguntar, a quién preguntar, cómo organizar la información. No sentía, por ejemplo, que al escribir el capítulo sobre la recaída lo hacía sobre mis posibilidades de recaída. He tomado una distancia quizás como la que puede tomar un médico. No he sentido que escribía sobre mí, que yo estaba completamente concernida en el tema. Me siento más periodista ahora que cuando escribía en un periódico. He buscado información con tiempo, con profundidad, de modo concienzudo. Es el trabajo periodístico que me ha dejado más contenta.

- ¿Seguirá con el periodismo tradicional?

- Al periodismo diario no volvería. Lo que me ha dado esta enfermedad, como ocurre con las crisis, es una avaricia nueva hacia el tiempo. Lo que valoro de verdad no es el sueldo. Prefiero vivir con menos medios pero controlando el tiempo. Se ha convertido en una mercancía valiosísima. Por eso no volvería a un trabajo que absorbiera muchas energías. El periodismo diario tiene la ventaja y la condena de obligarte a una rapidez y a un cambio de temas para lo cual no tengo suficiente energía. Quiero una vida más en profundidad. Más reposada. Y más hecha a mi medida. Tengo 57 años y también se nota. Fue una etapa maravillosa que me llenó y en la que aprendí muchísimo. Pero ya está.

- Sin la experiencia del cáncer tal vez hubiera continuado en su tarea...

- Es posible. Pero cuando me ocurrió me había tomado un año sabático después de 23 años como corresponsal. Necesitaba respirar un poco. Por algún lado empezaba a necesitar un cambio de ritmo. Al estallarme esta bomba entre las manos, me cambió todo. Ahora estoy dedicada a una fundación que encauza la ayuda a países en vías de desarrollo y eso me absorbe. Por ahí irá mi camino.

- No va con su estilo el decir: '¡Qué rabia que en mi año sabático me pase esto...!'

- Es que eso yo no me lo he planteado en la vida. ¿Por qué no me iba a pasar? Nos ocurren muchas cosas a todos. Ojalá no me hubiera pasado. Con 51 años me sentía jovencísima para enfrentarme a una situación así. Pero sabemos que la vida es muy frágil.

- Han pasado seis años desde el diagnóstico. Y de ellos, cuatro escribiendo el libro.

- Con algún paréntesis, claro. El primer año del libro busqué a las diez mujeres que ofrecen su testimonio en él. Quería que fueran muy variadas. El segundo año recogí información sobre lo que es el cáncer. Y los dos últimos años han sido de aprender, de pulir la información, contrastarla con la bióloga y escribir. No me ha sobrado ninguno.

- ¿Le hubiera ayudado en su experiencia un libro como el suyo?

- Cada año se diagnostican en España entre 16.000 y 20.000 casos de cáncer de mama. Las reacciones son muy diferentes. Creo que me hubiera sido útil un libro así. Y pienso que a gran parte de la gente, también. Tiene su razón. Partimos de la base de que en medicina sólo hay una solución. Pero cuando pasas una enfermedad como ésta con los ojos abiertos te das cuenta de que no es así.

- Hay varias posibilidades de tratamiento...

- El ejemplo sería el de un arquitecto que te va a arreglar la vivienda. Puede tener unas ideas sobre dónde conviene poner los tabiques y cómo distribuir el espacio. Pero tú tienes tus necesidades. Y hay que discutir juntos. La enferma tiene que preguntar, informarse y saber que, en general, hay opciones en cada paso de los tratamientos. Y que tiene que hablar sobre ellas. Porque si no, será el médico el que elija en función de sus valores. La misión del libro es ayudar y acompañar.

- No se está preparado para una noticia así, se dice...

- No se está preparado. Pero tampoco para tener un accidente de tráfico o para que se te muera alguien muy querido. Yo había pensado: 'Igual un día me toca'. Porque he tenido casos alrededor. Pero cuando ocurre la realidad tiene una fuerza tal que te coge de improviso. La misma fuerza que la vida tiene para sorprenderte, la tiene para empujarte a querer seguir viviendo. Situaciones que pensabas que iban a sobrepasarte, ocurren y las afrontas. Sacas fuerzas que no sabías que tenías.

- ¿Ayudará que la sociedad use y normalice la palabra cáncer?

- Es fundamental. Voy a dar la tabarra con eso. La satanización de la palabra cáncer unida a situaciones morbosas -«el cáncer del terrorismo», «el cáncer de la corrupción»- actúa sobre la persona que lo tiene en su cuerpo. Hay enfermos y médicos que no se atreven a pronunciar la palabra. Debemos limpiar el término de todas las adherencias tremendas que se le han añadido con los años. Quizás porque al principio se equiparaba a muerte. O porque los tratamientos son duros. El cáncer como metáfora del mal repercute en los enfermos y es algo con lo que hay que acabar. Además es un tópico manido. Hay que ser más creativo.

- Los programas de detección temprana, el aumento de la esperanza de vida y el mayor número de curaciones, ¿ayudarán a la normalización personal y social del cáncer?

- Ocurrirá cuando decrezca aún más la mortalidad y cuando los tratamientos sean menos duros. Estamos en el buen camino. La satanización del cáncer tiene los años contados. La prueba es que hay gente famosa que anuncia que tiene cáncer.

- Recoge en su libro la idea de Horacio. 'Vive el día. Captúralo. No te fíes del incierto mañana'.

- Él lo decía para cualquiera, no sólo para las enfermas de cáncer de mama. Lo único que tenemos es el ahora. La fragilidad de la vida humana nos afecta a todos. Entre quienes hemos pasado la enfermedad del cáncer hay quien dice que se le revaloriza el día a día. A mí me ocurrió al principio. Cuando sales del tratamiento y puedes disfrutar de un paseo, porque tienes fuerzas. De una comidita rica. De una charla distendida. Pero esa sensación, a los seis años, se me ha pasado. Ya estoy viviendo normalmente. La vida va cogiendo su ritmo y su rutina. Lo que sí se me ha revalorizado es la gente. Siento fraternidad hacia personas enfermas o que no lo están. Los problemas de los demás me importan más de lo que me importaban antes. Porque yo he estado allí. Es un sitio que sé de que va. Y antes no lo sabía.

cturrau

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