Dos relojes con sorpresa

El uno se encuentra en el Boulevard. El otro, en la Estación del Norte. Ambos dan las horas pero también esconden en su interior, entre muelles, un par de historias

GONTZAL LARGO| SAN SEBASTIÁN.
/FOTOS: GONTZAL LARGO/
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DV. Podría parecer una tontería, pero no lo es. No lo fue para un lector que se puso en contacto con nosotros, ni tampoco para aquellos a los que acudimos para preguntarles acerca de un modesto misterio que se acabó convirtiendo en un acertijo de difícil resolución. Cuando decimos a nadie se le ocurre pensar en enigmas. Lo que se ve es lo que hay: un reloj ornamental, espigado, vestido de blanco impoluto y con esfera de agujas. No es secreto que, desde 1999, sustituye a aquella otra máquina automática que semejaba el tanteador de un polideportivo de pueblo, adosada a una de las casas del Boulevard, junto a la calle San Jerónimo.

El problema surgió cuando un lector, Ignacio Pérez, nos escribió un breve e-mail en el que preguntaba por qué la base del citado medidor de tiempo contaba con una fecha, a priori, poco significativa en la Historia de la ciudad: 1895. «¿Acaso fue fundida la farola-reloj en aquel año?», cuestionaba. Como ocurre en otras tantas ocasiones, ese detalle tan obvio había pasado desapercibido a nuestros ojos, así como la inscripción que se encuentra justo encima de la cifra. Parte de nuestras dudas quedaron resueltas con una visita a la hemeroteca, buceando entre los periódicos del primer trimestre de 1999, cuando el nuevo Boulevard era un bebé en avanzado estado de gestación a punto de nacer oficialmente. Efectivamente, en las páginas de DV, se podía leer cómo en febrero de ese año, Odón Elorza informaba de que estaban buscando relojeros en Madrid-Barcelona que proveyeran al Ayuntamiento de una maquinaria clásica para colocarla «en un báculo del siglo pasado que ya poseemos». En los meses siguientes, el periódico fue informando puntualmente de las pesquisas, de cómo se dio con la esfera ideal, cómo se instaló la base que hoy podemos contemplar (con la añada que nos ocupa) y cómo discurrió la inauguración de la alameda, a finales de ese mismo mes.

Ahora bien, conocíamos algo sobre el origen de esta base que, en su parte alta, luce un bello capitel corintio pero queríamos más. ¿Dónde se encontraba anteriormente? ¿Qué conmemora la fecha de 1895? Por ello, comenzamos la habitual tournée de llamadas y favores, primero en el Ayuntamiento; luego, entre donostiófilos de pro, conocedores de la historia de la ciudad y aficionados a estos asuntos del mobiliario urbano. Como nos había ocurrido otras tantas veces: nadie sabía nada de ese objeto tan cotidiano y, en un principio, tan poco dado a misterios. Lo único que conseguimos sacar en claro desde el Ayuntamiento fue que la base había salido del depósito municipal. ¿En qué parte de la ciudad se encontraba antes de su prematura jubilación? Silencio. Nadie lo sabía, ni lo recordaba. Han pasado 10 años desde que la pieza abandonó esas instalaciones y vayan ustedes a saber cuántos más desde que fue desterrado su situación original.

Una vez irresuelto ese punto, nos lanzamos tras la otra incógnita, la del año. ¿1895? ¿Por qué? Tiempo atrás, ya nos habíamos enfrentado a un dilema similar, cuando abordamos el tema de las llamadas farolas fernandinas: un modelo de luminaria que puede verse en varias partes de la ciudad como, por ejemplo, la calle Hernani, frente al Alderdi Eder, calle Zubieta o la plaza del Buen Pastor . En la base de éstas puede ver, según el modelo, el escudo de San Sebastián o una corona real, bajo la cual se lee , en referencia a Fernando VII, el monarca que estaba en el poder cuando fueron acuñadas y en cuyo honor se bautizaron. A los pies de los emblemas, un año, 1832, en el que fueron puestas en circulación. Así, con esta premisa imaginábamos que el 1895 del basamento poco tenía que ver con lo acontecido en San Sebastián y mucho con la creación y el diseño de la base del reloj.

Consultando al periodista Mikel G. Gurpegui sobre estos asuntos de relojes y boulevares, recordó la existencia de uno muy similar en Ondarreta -base de forja, pintado de color blanco y reloj de agujas y doble cara en lo alto- , en el paseo de la playa, muy cerca de la unión entre la avenida Zumalakarregi y Satrústegui. Hasta allí nos acercamos para comprobar que el reloj en cuestión es, en realidad, un híbrido entre el modelo del boulevard y una farola fernandina como las antes mencionadas: en la parte baja puede verse el año 1832.

Todavía nos quedaba por resolver otra duda relacionada con las maquinas del tiempo que nos había hecho llegar el lector Carlos Querejeta. Éste nos escribió, meses atrás, para preguntarnos qué significaban las letras 'C de H del Norte' que rodean el reloj situado en el exterior de la Estación del Norte. La respuesta, aunque sencilla, es la excusa ideal para abordar una curiosidad donostiarra que muy pocos se plantean. Las inscripciones hacen referencia a la compañía de Caminos de Hierro del Norte, creada en 1858, con un fin muy concreto: extender los tentáculos de la línea del ferrocarril desde Madrid hasta Irún, naciendo así la columna vertebral de la red septentrional de vías. Este tendido recibió el nombre, adecuado y evidente, de Ferrocarril del Norte, de ahí la razón por la que la estación de tren donostiarra -situada, en realidad, en el oriente de la ciudad- recibe el peculiar nombre .

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