«Bergamín era un ser absolutamente contradictorio»

El editor participará mañana en una de las mesas redondas que, en torno a la figura del escritor fallecido hace 25 años, se celebrarán en el Palacio Miramar

ALBERTO MOYANO
José Esteban mantuvo relación con Bergamín desde 1970. /J.L. PINO / EFE/
José Esteban mantuvo relación con Bergamín desde 1970. /J.L. PINO / EFE

El escritor y editor José Esteban, gran amigo durante décadas de José Bergamín, tomará parte mañana en San Sebastián en unajornada sobre la figura del intelectual madrileño, organizada por sus amigos en Euskadi. Y es que, precisamente hoy, se cumplen 25 años de la muerte en Donostia de Bergamín, cuyos restos descansan en Hondarribia. La jornada, de puertas abiertas, consistirá en la celebración de dos mesas redondas.

- Es probable que muchos jóvenes no sepan quién fue José Bergamín.

- Además de uno de los escritores más apasionantes y sugestivos del siglo XX, fue el hombre más ingenioso que he conocido en mi vida y, a la vez, un ciudadano ejemplar. Diría ejemplarmente republicano.

- ¿Ha caído en el olvido?

- Está bastante olvidado. Bergamín tiene muchos más admiradores que lectores. Se admira su talante político, su valor personal y su ingenio, pero no tiene demasiados lectores. Tiene más admiradores e incondicionales que lectores. Es un escritor semiolvidado, pero ¿quién se acuerda hoy de Vicente Alexandre, que fue Premio Nobel? Nadie. Bergamín ha caído en lo que han caído tantos escritores de la Generación del 27 y también de otras generaciones.

- De familia burguesa, comunista y católico. Parece un personaje contradictorio.

- Era un ser absolutamente contradictorio. Ahí radica su grandeza y también lo contrario. Fue un personaje totalmente unamuniano, tanto en la vida como en la muerte. Una vez Torrente Ballester le definió como «una paradoja española».

- ¿Cómo se conocieron?

- Le conocí en 1970, cuando había llegado de París. Fui a buscarle, con la idea de editar algunos de sus libros, que yo ya conocía. Conmigo vino su editor y uno de sus primeros hagiógrafos que tuvo en España. Hicimos una edición, con prólogo mío, de y también de un libro de juventud que reunía sus primeros aforismos y que sorprendió a todo el mundo, incluido el propio Unamuno, que se quedó asombrado. También a Juan Ramón Jiménez, que entonces era su maestro, y con el cual terminó muy mal.

- ¿Por qué?

- Bueno, Juan Ramón era un ser absolutamente intratable con el que terminaron mal, no sólo Bergamín, sino todos los del 27. Él empezó siendo su maestro y acabaron todos a la greña. Así como es un gran poeta, era también una mala persona.

- ¿Cómo fue su relación?

- Con Bergamín hablé de todo. Es más: tengo transcritas nuestras conversaciones porque a mí me dejaba copiar, cosa que no hacía con nadie. Él hablaba y yo copiaba. Los escritos se llaman y espero que los publique en breve la Universidad de Córdoba. Ahí hablamos de todo, sobre todo, de España, que era su pasión. Y también hablamos del País Vasco.

- ¿Forma parte de ese carácter contradictorio el que una persona tan apegada a España se acercara a las posiciones de la izquierda abertzale?

- Eso forma parte de sus propias contradicciones. Bergamín era un hombre de una extrema dulzura que también podía decir frases verdaderamente terribles. Su vida fue una lucha entre su fe y su no fe, entre su pasión por la literatura y sus ganas de no volver a escribir. Una vez que se marchó a San Sebastián, sólo nos vimos una vez. Me pareció que estaba viviendo su propia contradicción entre su pasión por España y su pasión por los que no querían hablar de ella. Una época muy interesante también.

- ¿Cree que mantuvo con España una relación de amor-odio?

- Sí, pero había mucho más amor que odio. En el fondo, todas sus rabietas contra España -incluido su deseo de ser enterrado en el País Vasco para no estar en tierra española-, estaban entremezcladas con una pasión absoluta por toda España.

- ¿Hablaron en alguna ocasión sobre su controvertida actuación durante la Guerra Civil?

- Bergamín, a veces, no quería hablar de muchas cosas de la guerra. Era de lo que menos le gustaba hablar. Prefería hacerlo de amigos con los que había convivido durante la contienda o de la literatura de esa época, pero no hablaba de su participación que, ya sabemos todos, fue muy activa.

- ¿Piensa que se arrepentía de algo?

- En su silencio sobre este tema había algo de respeto hacia gente que había participado y estaba también su propia contradicción, ya que vivió la guerra como un exaltado. Pesaba el silencio sobre la Guerra Civil.

- Protagonizó también un episodio oscuro al escribir el prólogo de Espionaje en España , en donde acusaba a Andreu Nin y al POUM de ser una organización franquista.

- Sí, bueno, a eso se le ha dado más importancia de la que en realidad tuvo. Se la dieron sus enemigos. Cuando tuvo que salir de España por segunda vez, Fraga Iribarne hizo publicar ese prólogo en el diario para insultar y tal y cual. Tiene mucha menos importancia que la que quisieron darle sus enemigos. Leyéndolo, uno ve que, bueno, que sí que estaba comprometido con el estalinismo, más que con el trostkismo, pero creo que tiene mucha menos importancia literaria y política de la que se le atribuye.

- ¿Han tenido más éxito los aforismos de Bergamín que sus poemas?

- Bergamín era un poeta tardío. Nadie esperaba que, siendo ya mayor, comenzara a escribir un diario poético que dejó a todo el mundo asombrado. Verdaderamente, es el prosista de la Generación del 27. Nunca fue estimado como poeta por sus compañeros de generación, pero luego hemos visto que sí lo fue. Toda su obra puede ser considerada poética, tanto los aforismos, como la crítica y el teatro. Un gran poeta.

- Y gran aficionado a los toros.

- Bergamín ha escrito los mejores libros de toros de toda la historia del toreo en España, como , que yo edité y que es una joya absoluta. Aprendí mucho con él, de la vida, del exilio, de la lucha y, también, de los toros.

- En Francia también fue muy conocido. ¿Se le ha recordado en este 25 aniversario de su muerte?

- Le han hecho algún homenaje. Bergamín siempre fue un afrancesado. Es autor de una frase ingeniosa: «En la literatura española se come menú; en la francesa, se puede pedir a la carta». Si hubiera sido francés, estaría considerado uno de los grandes escritores del siglo XX. En el resto de España, habrá más silencio que otra cosa. amoyano