MENOSCA, 2.000 AÑOS DESPUÉS

Várdulos y romanos han tomado este fin de semana las calles de Zarautz para impartir una lección viva de historia que se remonta a los primeros años de nuestra era

MIRIAM GARCÍA
Estos romanos tenían carro, pero faltaban los caballos./
Estos romanos tenían carro, pero faltaban los caballos.

Con la tribu várdula parapetada en el quiosco de la plaza, un narrador ponía voz a lo que estaba a punto de suceder en el Zarautz de 2008: «2.000 años atrás, los várdulos poblaban las tierras de una ciudad que se conocía como Menosca. Entonces...». Comenzaban así las III Jornadas Romanas, una oportunidad única para que zarauztarras y veraneantes se empapen de la historia de una localidad que ha vivido muchos avatares desde que a comienzos de nuestra era várdulos y romanos compartieron de forma pacífica este espacio junto al mar.

Hace pocas décadas que se conoce a ciencia cierta que Zarautz, antigua Menosca, fue una ciudad ocupada por el imperio romano. Cuando una avanzadilla de soldados llegó a lo que hoy es Zarautz, encontraron allí asentada a la tribu várdula. En su imparable expansión, los romanos no tuvieron miramientos para dominar a cuantas tribus osaron plantarles cara, pero el caso de Menosca fue diferente, ya que várdulos y romanos compartieron espacio y tiempo durante décadas sin demasiados problemas de convivencia. Por ello, este año las Jornadas Romanas han querido recordar con énfasis a aquella tribu que también jugó un papel importante en la gestación de la ciudad.

La reconstrucción histórica que se lleva a cabo desde hace tres años en Zarautz no es una al uso, sino que tiene un carácter más científico y trata de respetar escrupulosamente los hechos históricos. Así, los zarauztarras son parte importante a la hora de crear un ambiente romano en la localidad, pero muchos de los actores son profesionales de la reconstrucción con años de experiencia en estas lides. Aún así, entre los várdulos se puede encontrar a zarauztarras insignes como el propio alcalde, Jon Urien, que defendía estas jornadas bajo la premisa de que «hay que acercar la cultura a la gente, facilitando al máximo las cosas: si la gente no va a los museos, que los museos vayan a la gente».

El Museo de Arte e Historia de Zarautz se tomó esta máxima muy en serio hace unos años cuando puso en marcha este ambicioso proyecto que transforma el pueblo durante todo un fin de semana. La historia sale a la calle y representa fielmente la convivencia entre estas dos civilizaciones ya inexistentes. La del narrador contribuye a recordar las coordenadas históricas básicas, mientras las acciones de los figurantes dan cuerpo a la historia: Los romanos fueron enviados a Hispania para hacer frente a los cántabros, y una vez en el norte llegaron a Zarautz. Una legión de romanos se introdujo en la plaza de la ciudad antigua ante la expectación de los várdulos. Los recién llegados se presentaron «en son de paz» y ofrecieron a los várdulos frutas y presentes para ganarse su confianza, con lo que evitaron usar la violencia. Los várdulos aceptaron su presencia y se inició así una convivencia sin sobresaltos.

Los veraneantes poco informados estaban ayer perplejos al ver las calles de Zarautz llenas de várdulos y romanos. Expertos en reproducción histórica venidos de Badalona, Cantabria, Álava... y los propios zarauztarras se adaptaban como un guante a su nuevo papel. Las ropas, cascos, armas, banderas, carruajes, escudos..., todo lo relacionado con la época romana son reproducciones exactas de las piezas de la época.

El centro neurálgico de estas jornadas se encuentra en el parque de La Rosaleda, junto al conjunto arqueológico-monumental de Santa María la Real, que tanta importancia ha tenido en la definición de la historia de la localidad. Allí se ha reconstruido un campamento de várdulos y romanos, que corre a cargo de arqueólogos venidos de Badalona. De este modo, la gente puede hacerse una idea del modo de vida que se instaló en Zarautz dos mil años atrás.

Reconstrucción exacta

En la zona de los várdulos se han montado dos puestos en los que se enseña cómo eran las armas, escudos y ropajes. Alberto Berreteaga, uno de los expertos venido desde Vitoria, explica que «no son las piezas reales, porque las auténticas tienen un valor histórico incalculable. Para estos casos se hacen reconstrucciones prácticamente exactas, tanto en la forma de realizarlas como en el material».

Un mapa arqueobotánico permite conocer qué alimentos se consumían en aquella época, cuáles desaparecieron y en qué momento. La experta catalana Grisela Closa afirma que «la bellota y la avellana son los productos más antiguos que se conocen, pero entonces no tenían azúcar (todo lo dulce se hacía con miel) y tampoco conocían la patata o el tomate». Los restaurantes que hoy conocemos se inventaron entonces a través de una especie de mesones donde los más pobres compraban la comida caliente, ya que no tenían permitido hacer fuego en sus humildes casas por riesgo de incendios.

A pesar de que las relaciones entre várdulos y romanos fueron buenas, los romanos tenían siempre previstos campamentos militares por si tenían que salir a luchar. En el parque encontramos uno de ellos, con tienda de campaña, bandera, armas, escudos...

Las Jornadas Romanas de Zarautz esconden muchos más secretos sobre la convivencia de estas culturas y las peculiaridades de cada una. Hoy habrá actividades durante toda la jornada, hasta que a las 20.00 los romanos levanten el campamento y se despidan hasta el próximo año.

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