Ataques con bombas de racimo contra la población

R. M. M.

La organización Human Rights Watch (HRW), en boca de Marc Garlasco, uno de sus expertos militares, ha denunciado el uso de bombas de racimo en zonas pobladas de Georgia por parte del Ejército ruso. «El empleo de este tipo de municiones por Rusia no sólo resulta mortal para los civiles, debido a su acción indiscriminada, sino que constituye un insulto para los esfuerzos internacionales en pro de evitar una catástrofe humanitaria global similar a la que causan las minas antipersonas», declaró Garlasco a la prensa.

HRW afirma poseer pruebas de la utilización de bombas de racimo rusas RBK-250, como fragmentos de su inconfundible metralla y las cápsulas en las que fueron arrojadas por los aviones rusos sobre las localidades georgianas de Gori y Ruisi. Sin embargo, el jefe adjunto del Estado Mayor ruso, Anatoli Nogovitsin, lo desmintió ayer diciendo que «no hemos recurrido a las bombas de racimo por que no era necesario». «Son todo mentiras preparadas de antemano», aseveró.

El Ministerio de Defensa ruso ya declaró a finales de mayo que sus Fuerzas Armadas no renunciarán a las bombas de racimo y a las minas antipersona, justo cuando en Dublín se negociaba un acuerdo internacional sin precedentes sobre la eliminación de esas armas por sus dañinos efectos sobre la población civil. «Estamos en contra de la prohibición total de las municiones de racimo y de las minas antipersona, y a favor de la evolución de esos armamentos», dijo en aquella ocasión el general Yevgueni Buzhinski, jefe de cooperación internacional del Kremlin.

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