Adiós a la 'pantera' de la esgrima

J. GÓMEZ PEÑA
La francesa Laura Flessel es una de las damas de la esgrima. / AFP/
La francesa Laura Flessel es una de las damas de la esgrima. / AFP

La pedana donde se dirimen los duelos de esgrima es clavada a una pasarela de moda. Laura Flessel se pasea igual de elegante por las dos. «Me gusta la ropa con mucho color», dice. Y ha desfilado con composiciones de Paco Rabanne. También ha posado para otro modisto, John Galliano. Flessel es una francesa del Caribe, de Guadalupe. Le dicen la . Atractiva sobre la tarima; mortal también. Ayer participó por cuarta vez en unos Juegos y, ayer también, se despidió. No pudo lograr su sexta medalla olímpica. El que hubiera sido sexto zarpazo de su espada. Bella y bestia. Una tal Na Li, una china más rápida y mucho más joven, la batió (15-9). Y dobló así otra página histórica del deporte

«Tengo 36 años, pero ni una arruga, ni bótox». Belleza salvaje. Su compañera de selección Hajnalka Kiraly la define como una «eterna insatisfecha». Por eso ha llegado hasta Pekín doce años depués de ser campeona olímpica en Atlanta'96. Porque viene de lejos. De las peleas y juegos iniciales con sus dos hermanos. Chicos, Más fuertes. O no. Siempre con niños en la calle. Nada de muñecas.

Del Caribe sacó su gusto por los piratas, la versión más silvestre de la espada. Y de su educación francesa le vino la admiración por los espadachines. El honor, el código. «Veía todas las películas de capa y espada». Y una tarde, con seis años, vio un combate de esgrima. A su afición de niña lo llamaban deporte. «Al día siguiente fuimos a apuntarnos en un club», recuerda. Apartó su vestido de danza y agarró el florete. Parche y pata de palo.

«En el fondo, la esgrima tiene algo de baile. Hay coreografía en los duelos. Cuentan una historia. Es una mezcla de técnica y táctica. El vencedor es el que encuentra el error que hay detrás de la máscara», asegura. La se trasladó a París de caza. Al Lagardere Racing Club. Allí educaron sus tendencias corsarias.

De filibustera pasó a dama. «La esgrima es explosiva, pero hay que saber canalizar esa agresividad. De joven yo era fogosa. No retrocedía. Ahora trabajo con la segunda, la tercera o la cuarta intención». Vieja pantera. Era la más peligrosa. Tiene cientos de ataques memorizados. Miles de cintas de vídeo archivadas. Un equipo de ingenieros trabaja para la selección francesa. Radiografían cada combate. Lo desnudan en datos.

«Odio perder»

Flessel adquirió así su maña. La zarpa ya la traía del Caribe. «Adoro competir. Odio perder». El felino reacciona siempre ante el acoso. Ruge. Uñas retráctiles. «El sentimiento de estrés me motiva, lo acepto, me ha ayudado a mejorar». Una pantera siempre está al acecho: «Vine a Pekín como fui a mis primeros Juegos. Aquí no hay ni ayer ni mañana. Sólo cuenta hoy». La comida diaria. «Vivo para el día 13». Ayer.

Agresiva y tierna. Pantera y gata. El ronroneo. Tras los Juegos de Sydney 2000 se detuvo. Quería ser madre. Un año después nació su hija. Uñas para adentro. Sólo caricias. Ahora, cada vez que compite, la cría le da uno de sus peluches. Siempre uno distinto. «Siempre son rosas», cuenta la medallista olímpica. Ayer, antes el duelo ante la china Na Li, pasó una vez más una mano por el terciopelo del muñeco. Con la otra estranguló la empuñadura de la espada. Las dos caras de la pantera. Subió a la pedana como siempre. Como si fuera la última vez. Y ayer, doce años y cinco medallas después, lo fue. «Mi rival ha sido más fuerte que yo». La esgrima la pierde; la moda gana.

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