El padre deportivo del campeón

Miguel Madariaga recuerda sus dos años de relación deportiva con Samuel Sánchez, a quien dio la oportunidad en el campo aficionado y en el profesional

IGOR BARCIA|
Madariaga y Samuel se saludan junto a la sede de la Fundación Euskadi. / EL CORREO/
Madariaga y Samuel se saludan junto a la sede de la Fundación Euskadi. / EL CORREO

Miguel Madariaga, mánager del Euskaltel Euskadi, es el padre deportivo de Samuel Sánchez. Ambos mantienen una relación profesional que dura desde que el asturiano era apenas un proyecto de gran corredor. El propio Samuel recordaba cómo a los 18 años decidió abandonar los estudios en Oviedo para viajar al País Vasco en busca de su sueño de ser corredor profesional, y lo hizo para enrolarse en uno de los mejores equipos del campo aficionado, el Olarra Erkoreka de Miguel Madariaga. Era 1996 y el hoy máximo responsable del Euskaltel le hizo un hueco en el equipo tras recibir buenos informes de su hijo Mikel, masajista que había conocido a Samuel en juveniles.

«Tenía 18 años y las mismas características como corredor que ahora. Luchador, trabajador... un gran chaval», afirma el máximo responsable de la formación vasca, que desde entonces ha visto la evolución de su pupilo hasta convertirse, ayer, en campeón olímpico. «Qué puedo decir. Es un orgullo personal, porque le conozco bien, le he visto superar muchos obstáculos y aunque parezco el cabeza visible o el responsable de que Samuel haya llegado hasta aquí, creo que hay mucha más gente que desde el equipo le ha apoyado y le apoya».

Es el caso de la familia de Tomás Amezaga, mecánico del Euskaltel que le acogió en Gueñes cuando Samuel fichó por el Olarra. Tras un exitoso paso por el campo aficionado, Miguel Madariaga le dio la oportunidad de dar el salto a profesionales con el Euskaltel Euskadi, pese a las reticencias en torno a su origen asturiano. «No hay problema, porque los estatutos dicen que si se ha formado durante tres años en las carreteras vascas, puede correr en el equipo», ha repetido hasta la saciedad Madariaga, quien recuerda con amargura los malos momentos que pasó el de Oviedo con la muerte de su madre. «Recuerdo que le renové para que pudiera estar tranquilo y apoyar a su madre durante todo el tiempo».

Por eso ayer, cuando vio a Samuel en lo alto del podio olímpico, el mánager del Euskaltel no pudo evitar echar la vista atrás y recordar los momentos duros, ahora que su corredor estaba viviendo su día de gloria. «Jamás se me olvidará la etapa del Tour de 2003 que ganó Iban Mayo en Alpe d'Huez. Samuel se quedó muy pronto, y llegó reventado a meta, fuera de control, a más de una hora de su compañero». Era el segundo año que la Grande Boucle podía con él, y desde entonces, decidió apartarse hasta que este año ha vuelto para ser séptimo en la general.

A esa evolución también se refiere Miguel Madariaga. «Samuel ha trabajado desde juveniles, y ha mejorado mucho, en especial en las cronos. Tiene a Igor González de Galdeano que le ha dado mucha confianza, y eso lo nota», afirma el responsable del equipo vasco, quien reconoce que a nivel general, «es una victoria muy importante para demostrar que el ciclismo español funciona».

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