Buenos mimbres

EMECE

Siempre han sostenido los directores de coros que una de las labores más complejas, a la vez que más gratificantes, es la conformación y estructuración eficaz de un coro infantil, de una escolanía, tanto por las variaciones o mudas de voz que se producen en los infantes en pocos meses, como la inestabilidad del conjunto a partir de dos años continuados. Cuando esos escollos. no sin dificultades, se superan el óptimo resultado es el que ayer ofreció la Escolanía Easo, por cuanto se pudo apreciar en el generoso fruto de un complejo trabajo, cuidadosa selección y mantenimiento de las voces, y acierto en la elección del programa ofrecido. Los siete años de labor de Gorka Miranda han iluminado el magnifico logro que hoy es la Escolanía Easo.

Posee voces de solistas (tiples y altos) realmente bellas, como se pudo apreciar en el dúo de la primera parte del Gloria de la Messe brève de Lëo Delibes, o en el "Caro mea" del Triludio nº 2, al Santísimo Sacramento de Luis Iruarrizaga, obra de plena luminosidad en la que la escolanía se mostró pletórica y muy afinada. No le fue a la zaga la bella composición Ave Maria de Jesús Guridi, donde la bondad estuvo presente en la voces infantiles (algunas ya no tanto). Una vez más se apreció la disciplina y compostura de los jóvenes cantantes -buenos y tiernos mimbres- cuando ofrecieron, a modo de propina, desde las gradas del altar, el Ave verum de Gabriel Fauré.

Volvió Luis Candendo a hacer de las suyas, a dar magisterio desde el órgano, pues si generoso y explosivo se mostró en el Finale en Re menor de Luis de Urteaga, la elegancia se hizo arte en el ¡Domine, bonum est nos hic esse! de Iruarrizaga.