El rey está desnudo

La Real volverá a intentar el ascenso la temporada próxima, tras una última jornada que no le concedió opciones por los triunfos de Sporting y Málaga.

IÑAKI IZQUIERDO |
Mazazo. Asier Riesgo ve cómo el ramte de Julio Pineda se cuela en su porteria. Era el 0-1 para el Córdoba. [J. M. LÓPEZ]/
Mazazo. Asier Riesgo ve cómo el ramte de Julio Pineda se cuela en su porteria. Era el 0-1 para el Córdoba. [J. M. LÓPEZ]

La Operación ascenso, segunda parte, está en marcha. El fútbol no le devolvió a la Real lo que le había arrebatado en Vitoria y el club blanquiazul deberá seguir trabajando para recuperar lo que es suyo: un lugar en Primera División. No será la próxima campaña, pero será.

La jornada no dio opciones a la Real. Sus dos adversarios ganaron, ganaron bien y pusieron demasiada tierra de por medio. Cierto que los blanquiazules no pasaron del empate contra el Córdoba, pero el partido habría sido muy distinto si una victoria hubiera dado el pasaporte a la gloria. No había éxito posible.

La Real ha realizado una temporada correcta y ha estado donde tenía que estar, peleando por el ascenso hasta la última jornada. Ése era el objetivo desde el verano pasado y los jugadores han luchado por subir durante todas y cada una de las 42 interminables jornadas de Liga. No ha sido un éxito, porque esa palabra estaba reservada para el ascenso, pero ha quedado cerca.

El problema es qué pasa ahora porque los últimos seis meses de competición no han sentado bases sólidas de nada. El equipo no ha ascendido y detrás no hay nada. El rey está desnudo. Se ha caído el velo del ascenso, que ha servido para que todo estuviera permitido, y ahora resulta que debajo no hay nada.

Ése es el principal problema que tiene ahora mismo la Real, y que necesita ser abordado. En primer lugar, por los accionistas, que se reúnen mañana. Y, después, por toda Gipuzkoa, a la que también compete el asunto.

El problema de la Real es que se ha entregado a un plan que consistía en todo o nada. Un plan sin ninguna base que lo sustentase, como quedará de manifiesto ahora que lo único que mantenía el edificio en pie se ha derrumbado. No habrá ascenso y se comprobará que no hay nada detrás.

La Real está obligada a empezar de cero, cuando pudo elegir otro camino. Ahora deberá retomar la vía inicial, porque no tiene otra posibilidad. Sería deseable que la retomase con alguien que, además de reconocer que no hay otra opción, crea en que esa vía no es sólo obligada sino deseable para un club como éste.

Al no producirse ayer el milagro, la Real vuelve a estar en enero, pero con seis meses de trabajo perdidos. Es ocioso lamentarse. Ha sucedido así y no tiene vuelta de hoja. El equipo que se levantaba a duras penas en el frío del invierno deberá volver a enfundarse el mono de trabajo, no lamentarse, no pedir explicaciones, no mirar hacia atrás, no pensar que el fútbol es injusto. Todo eso no sirve para nada, porque el futuro empieza hoy y en sus espaldas residen muchas de las esperanzas de todos los que ayer se fueron decepcionados de Anoeta.

No va a ser una tarea fácil y la Real necesitará de toda su grandeza para recuperarse. Puede hacerlo. No ascender peleando hasta el último día es una decepción, pero no un fracaso del equipo. En absoluto.

El fracaso es principalmente de Iñaki Badiola. Porque prometió el ascenso y no lo ha cumplido. Lo normal es que el presidente comparta este análisis. Su discurso carece de contenido pero sí un envoltorio de marcado corte neocon. Según esa filosofía, sólo importan los resultados, sin tener en cuenta los medios. Sin complejos, pero sin excusas. Si es así, Badiola ha fracasado.

Es cierto que el paraíso neocon, Estados Unidos, es también el reino de las oportunidades. El sueño americano. Siempre ofrece la ocasión de volverlo a intentar, pero hay que buscar nuevos horizontes. Los fracasos se contabilizan, sin acritud, sin la sensación de drama humano que puede sentirse en la cultura europea cuando algo sale mal, pero quedan en el debe del responsable.

Esa forma de ver la vida es incompatible con un club de fútbol, que puede parecerse cada vez más a una empresa, pero es mucho más. Y la Real, entre los clubes históricos europeos, tiene una vocación de continuidad que exige constancia en el bien hacer. Nada de aventuras neoliberales sin otra cosa que fachada. Una institución como la Real no cumple cien años siguiendo las modas, arrimándose al sol que más calienta o dejándose vencer por la primera dificultad que asoma en el camino.

Ése es el centro de la cuestión, no si la Real se dejó ayer el ascenso. No subir ha sido una posibilidad muy cierta durante todo el año. Lo importante es que, un día después de no conseguirlo haya algo debajo sobre lo que construir la nueva Real. Y no lo hay. El rey está desnudo.