El incendio de San Sebastián, en cartas

Buceamos con Gonzalo Serrats en el archivo de la familia Arriola y encontramos documentos manuscritos que nos trasladan a aquel San Sebastián que iban invadiendo las tropas napoleónicas y también al que casi desapareció el 31 de agosto 1813.

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Cada vez más franceses

«La invasión francesa fue paulatina», advierte Serrats. Así se aprecia en las sucesivas cartas que el administrador Thomas de Galarmendi enviaba a Xavier de Arriola en 1808: «En quanto los franceses hasta ahora no han venido mas de unos dos cientos de Caballeria, los cuales se han cuartelado en este Barrio de San Martin (...)». «(...) Los señores franceses han traido tres cachamarines cargados de municiones polbora balas metralla y bizcocho y los quales han subido al Castillo de la Mota y dizen que son para una fragata que esta en Pasajes, y por no estar pronta, la dicha carga, y por mayor seguridad, que han subido al Castillo» (sic).

Un «desorden» inevitable

Saltamos a 1813. San Sebastián, tomada por las tropas napoleónicas, aguarda la liberación. Un grupo de 21 vecinos escribe desde Pasajes una carta a Wellington a través del entonces mariscal Álava, que está aquejado de una enfermedad. Los vecinos le piden «se digne dar las ordenes convenientes para que no se tiren sobre el casco del pueblo bombas y granadas y que al tiempo del asalto se trate a los habitantes con la humanidad y dulzura que forman el carácter de VE y el de las valerosas tropas que sitian la plaza». El 6 de agosto de 1813, muy pocos días antes de la quema de San Sebastián, Álava les contesta con una carta trágicamente premonitoria: «En cuanto a la conducta que podrán observar las tropas en el momento del asalto pueden VS vivir seguros que SE tomará y habrá tomado cuantas determinaciones sean posibles con el fin de evitar cualesquiera desorden, pero ni SE ni el primer general del mundo pueden asegurar esto si el asalto es de noche, ni tampoco si siendo de dia hay mucha resistencia en la Brecha. Cuantos saben lo que es una plaza tomada por asalto y cuantos han sido testigos de semejante operación, están convencidos de esa verdad sin que hasta ahora se halla hallado un remedio para este mal, en cuantos ejercitos tiene la europa».

Miguel de Álava había vivido otros asaltos militares, como los de Ciudad Rodrigo y Badajoz, que terminaron en terribles saqueos, y, al parecer, entendía como algo inevitable, en aquel tipo de ejército, los habituales desmanes de la tropa. Gonzalo Serrats cree que «aunque no hubiese estado enfermo, el general Álava no hubiese podido hacer nada en San Sebastián».

Grandes estragos

La liberación acabó con el saqueo, incendio y casi destrucción de la ciudad el 31 de agosto de 1813. Muy pocos días después, el 5 de setiembre, el administrador de los Arriola escribe desde Hernani: «Es imposible de esplicarme de los estragos que se han esperimentado, en la toma de la Plaza de San Sevastian, como en personas saqueos y quemas de la ciudad y muertes entre los abitantes (...), se acabó San Sevastian para mi tiempo».

El mismo día, en Irun

Serrats destaca el dato de que la toma de San Sebastián tuviese lugar el mismo día que la batalla de San Marcial, que fue, «después de la de Bailén, el gran éxito de las tropas españolas». Una carta del inglés a Álava contaba: «El merito es de Freyre, se ha batido de un modo excelente. Aun nuestras tropas no hubieran podido hacer mejor. La perdida era muy grande; de jefes y oficiales igualmente como de soldados; estrujaron a los enemigos y defendieron el terreno durante el dia; cargaron muchas veces al enemigo; y a pesar que tenia a un lado la 4ª division y al otro la 1ª no me vi en la precision de hacerles tirar en el campo. Así la victoria es exclusivamente española. Tomamos la ciudad de San Sebastian el mismo día. Los enemigos se retiraron de todas partes en la noche».

Las reclamaciones del general

Aunque Álava pudiese considerar el saqueo como un desastre difícil de evitar, defendió los intereses de los donostiarras en un largo cruce de cartas con el general Wellington, reclamando justicia. En el archivo no se conservan las misivas del general, pero sí varias respuestas de Wellington, como ésta: «Quando escrivi a mi hermano que los oficiales del ejercito habian hecho todo en su poder para prevenir o a lo menos aliviar el saqueo de St Sebastian creyi que dije a verdad, y me es muy sensible saber que ha escrito oficial alguno en los terminos que dice V en la carta del 13 (...)».

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