Cearsolo robó 220.000 euros al darle la BBK «por un desliz» la clave de internet de Vidarte

Un trabajador «de alto nivel» de la caja confió en el ex director de Finanzas del museo Guggenheim, que carecía de poderes para transferir dinero

JOSÉ MARI REVIRIEGO
Cearsolo robó 220.000 euros al darle la BBK «por un desliz» la clave de internet de Vidarte

VITORIA.DV. El director del museo Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, desveló ayer un detalle importante en la investigación abierta para esclarecer el desfalco, justo en la víspera de que su autor confeso declare ante el juez. Roberto Cearsolo obtuvo directamente de la entidad bancaria BBK las claves para poder operar en internet y con las que desvió a sus cuentas más de 222.294 euros. No obtuvo los códigos de manos de Vidarte, única firma autorizada, ni los pirateó, como se había especulado en algún momento por los partidos de la oposición. «Los pidió a la BBK y ésta se los dio», reveló ayer el director del museo, en su tercera comparecencia parlamentaria en menos de un mes tras el descubrimiento del robo.

Un portavoz autorizado de la caja confirmó los hechos. Explicó que un responsable «de alto nivel» de la BBK, acostumbrado a tratar con Cearsolo en los últimos años como delegado del museo, cometió «el desliz» de entregarle la clave «por un exceso de confianza». El trabajador, de «incuestionable trayectoria», sigue en su puesto, aunque se le ha abierto un expediente interno, según aclaró el subdirector general de la BBK, Jon Mancisidor.

El acceso a los códigos, una de las piezas que no encajaban en el puzzle del desfalco, se convirtió ayer en la nueva prueba aportada por Vidarte en el caso Cearsolo, denunciado el 16 de abril en el Juzgado de Instrucción número 1 de Bilbao. Pese a que el motivo oficial de la cita era la actividad de la Tenedora, encargada de la compra de obras de arte, los detalles que se van descubriendo del robo volvieron a sorprender a más de un grupo parlamentario. No sólo por el alcance de las irregularidades, admitidas por su autor y poco a poco comprobadas por los gestores de la pinacoteca, que esperan finalizar el cotejo de datos dentro de un mes.

Según su propia confesión, Cearsolo se apropió de 486.979 euros mediante cheques falsos y transacciones bancarias fraudulentas entre los años 1998 y 2005, aunque ha devuelto ya la mitad de lo sustraído. Pero más que por estas cantidades, los partidos manifestaron su asombro por el modus operandi.

Sólo para consultas

En su primera intervención sobre la marcha de la investigación interna abierta por el museo, Vidarte advirtió de que su entonces director financiero, en el cargo desde 1997, sólo tenía autorización para hacer consultas por Internet, nunca para disponer de fondos por esta vía. Sin embargo, solicitó ese permiso el 9 de marzo de 2004 a una de las dos entidades bancarias con las que el centro cultural opera habitualmente. Junto a esa solicitud, pidió que su cupo para realizar transferencias telemáticas en las dos sociedades instrumentales del museo se ampliase hasta 600.000 euros en el caso de la Tenedora y 100.000 en la Inmobiliaria. Ambas peticiones fueron aprobadas.

No tardó en utilizar la clave. Sólo un mes después, el 14 de abril de 2004, desvió de una tacada a su cuenta 28.489 euros. El año siguiente empleó este método hasta en diez ocasiones para hacerse con 193.805 euros. Hasta ese momento, Cearsolo había defraudado con talones en los que suplantaba la firma de Vidarte -en 2004, cobró él mismo cinco por valor de 25.585 euros-.

A preguntas de la oposición, Vidarte desveló que la entidad que dio los códigos es la BBK, lo calificó de «error» -«pero no nuestro, entiendo»- y pidió que «no se haga un mal juicio» de la caja. La entidad detectó la irregularidad la semana pasada y así se lo comunicó al museo. También descubrió que Cearsolo sí dispone de autorización para mover dinero por internet en la Fundación del museo, formado por el Gobierno vasco, la Diputación, la matriz de Nueva York y 34 patronos. Sin embargo, aquí no se han detectado desvíos, lo que alimenta la hipótesis de que Cearsolo conocía bien las zonas de sombra y alarmas del Guggenheim. Hoy está llamado a declarar.