El 'superabuelo' esquiador

A sus noventa años, el irundarra Paco Les sigue practicando su afición y deslizándose por las más peligrosas pistas a velocidades endiabladas

OIER FANO
El 'superabuelo' esquiador

La generación de primeros de los ochenta recuerda vagamente a La superabuela, teleserie que narraba las aventuras de Granny Smith, una anciana con poderes extraordinarios capaz de solucionar los problemas de sus amigos y vecinos pese a su elevada edad. Pues bien, algo de eso tiene Paco Les, irundarra, nacido en Egea de Los Caballeros (Zaragoza), que guarda cierta similitud con la protagonista de aquella teleserie.

A sus noventa años, se ha convertido en poco menos que una leyenda en la estación de Candanchú, en la que sigue deslizándose haciendo gala de una vitalidad impropia de su edad. «Comencé con cincuenta años en esto del esquí, muy tarde y casi de casualidad», afirma Paco. «Una sobrina me pidió que la llevara a la estación de Formigal en 1957, por motivos de trabajo y un buen día le volví a llevar, me picó el gusanillo y me puse unos esquís, y así hasta hoy».

Con noventa primaveras a su espalda, y un poco triste ante el inminente final de la temporada de esquí, Paco es capaz de desplazarse por la nieve a velocidades cercanas a los 70 kilómetros por hora. Incluso, hasta hace cinco años, no tenía reparos en lanzarse por El tubo de la zapatilla, cuya pendiente media, del 65%, da vértigo solo de mirarla. «Me encuentro en forma y nunca he tenido problemas por accidentes. No me he roto nada. Los años van pasando y hace ya cinco que no me dejo caer por esta pista, pero sigo lanzándome por las más rápidas y complicadas».

Lo dice con un tono parsimonioso, como si no costara. «Hace cincuenta años me gustaba tanto esquiar que incluso modificaba el horario de la tienda que regentaba para tener más tiempo, ahora cada vez que puedo cojo el coche y me planto en Candanchú, estación de la que no he salido desde que me puse por primera vez unos esquís. He probado otras, pero me quedo con la aragonesa».

Los rectores de esta conocida pista bromean con él porque se ha convertido en una celebridad. «A veces, cuando llegan esquiadores nuevos, sobre todos los más jóvenes, me miran con cara rara. Como pensando '¿Pero qué hace este abuelo?'. Después me ven en acción y preguntan, '¿qué le dan a este abuelo de setenta años?'. Cuando se enteran de mi verdadera edad, no dan crédito», afirma Les.

«Y tengo previsto seguir esquiando muchos años más, es mi verdadera pasión, tengo el mismo entusiasmo que a mediados del siglo pasado, y sigo viéndome en forma».

Habitual en los medios

Su inexplicable estado físico le ha llevado a ocupar varias páginas de periódicos y minutos de televisión. «Me llaman de teles y diarios, sobre todo aragoneses, sorprendidos por lo que hago, pero quizás soy yo el que menos se sorprende, será cuestión de la costumbre, o de que me veo bien. Para mí el reto comienza siempre por estas fechas, cuando la temporada da los últimos coletazos, porque entonces me planteo si volveré a esquiar el año que viene. Y siempre, el primer día de temporada es el que más expectación me crea, porque es cuando, tras meses de inactividad, sé cómo me encuentro. Espero seguir levantando admiración dentro de cinco años, será buena señal», asegura en tono de broma.

Como si tuviese el secreto de la eterna juventud y no lo quisiera compartir, Les no se extiende al explicar su asombrosa fuerza. Pero al final cede. «Dos copas de vino a diario, incluso a veces alguna más», asegura. «Aunque en mi ritual también figura tomarme una cucharada de miel todos los días y masticar bien, no forzar al estómago».