En terrenos de Arroka

1898...Tal día como el de hoy se compraron terrenos en Arroca para construir el Matadero de AmaraPor su anunciada remodelación, Arroca es actualmente lugar a visitar para futuros recuerdos de la zona xxx....2008

JAVIER SADA
La antigua fábrica de zapatos Tello, en la calle Urbieta, se trasladó al callejón Arroca . [MIKEL FRAILE]/
La antigua fábrica de zapatos Tello, en la calle Urbieta, se trasladó al callejón Arroca . [MIKEL FRAILE]

PASADO Y PRESENTE

Ese pequeño territorio donostiarra que atiende al nombre de Arroca, llamado a profundas transformaciones en un futuro muy cercano, que conserva uno de los portales más curiosos que existen en la ciudad, antigua entrada de carruajes y caballerías, que tiene categoría de calle a partir del 17 de mayo de 1947 y que era callejón desde lejanos tiempos, debe su nombre al caserío Arroca, propiedad de los Aguirrezabalaga, que estuvo donde en la actualidad se encuentra el Club Deportivo Vasconia.

La jurisdicción de esta calle, que cuenta hasta con su propio frontón, se fusionaba con la del caserío Amara, donde vivía la familia Elósegui, y la de otros que en el siglo XIX configuraban cuanto en nuestros días conocemos como Amara: Unanua, próximo al frontón de la calle Amara, Andres-enea en la citada calle y Etxe txiki en el alto del mismo nombre; Txanpo-ene y Diruna, en San Roque...

La Fábrica de Sal de Luis Mayor Altamira, la de Baldosas de Dionisio Pintado (única especializada en trabajos de colocar azulejos del país y extranjeros), y la chatarrería de Calvo, pasando por las fábricas de lejías y la de Calzados Tello, (Miguel Tello abrió su primera fábrica el año 1903 en la calle Urbieta, dejándola más tarde como tienda y trasladando la fábrica al callejón de Arroca) daban a la calle una gran actividad que alcanzó su etapa más bulliciosa cuando en el año 1928 se llegó a fundar el C. D. Vasconia, convirtiéndose en el más importante punto de referencia en toda la zona a la hora de organizar cualquier actividad deportiva o festiva en el activo barrio.

Entre los edificios más destacados de la zona figuró el Matadero, construido en terrenos comprados por el Ayuntamiento, tal día como el de hoy de 1898, a don Santiago Erro. Así fue como hace ciento diez años, el 27 de abril, se pudieron comenzar los trabajos necesarios para la construcción de un Matadero de Aves y Corderos. En el documento de compra se dice que las tierras adquiridas se encontraban, «en los terrenos llamados de Arroca, en el barrio de Amara», indicándonos con ello que gran parte de la actual calle Amara atendía en aquella época al nombre de Arroca. Las obras, por importe de 17.733 pesetas, fueron adjudicadas a don Lorenzo Arteaga y el Matadero se convirtió en otro lugar de referencia de la zona siendo frecuentes, todavía hace cincuenta años, ver rebaños de ovejas cruzando la plaza Easo en dirección a la calle Amara donde, como se ha dicho, se construyó el Matadero al que eran conducidos «todos los corderos y cabritos que en San Sebastián se ponían a la venta pública, existiendo reglas fijadas muy exigentemente sobre las condiciones higiénicas que habían de tener todos los utensilios destinados a ellos».

En los mismos terrenos de Arroca, cercanos al caserío Amara, se construyeron otros edificios que, como habitualmente se dice, resultaron ser emblemáticos para los vecinos y para la propia historia del lugar.

Existía en Amara un primitivo lavadero que con el tiempo quedó pequeño para las necesidades del barrio, motivo por el que en 1904 se pensó adaptar para ello la parte del Matadero dedicada a las aves, manteniendo la de corderos. El lavadero ocuparía una superficie de 331,60 metros cuadrados, cuyo valor era de 35.000 pesetas, adjudicándose el trabajo a don José Ceberio por 1.660 pesetas.

La propia evolución de la sociedad hizo que los lavaderos fueran quedando obsoletos, que cada vez tuvieran menos clientela y que aquellos populares lugares de encuentro de las vecinas de cualquier barrio quedaran sustituidos por otros más modernos.

Estando el lavadero en «perfecto estado de ruina» no faltaron personas que se fijaron en él para llenar un vacío que existía en el cada vez más poblado barrio de Amara, al que ya se había añadido el de San Roque: se necesitaba una iglesia.

El constructor Dionisio Barandiarán se comprometió a convertir aquellas destartaladas piedras en un templo y tanto los vecinos como las sociedades populares cercanas a ellas (Vasconia, Donosti Berri y Goi Alde) se volcaron en su colaboración. El Vasconia, por ejemplo, cedió sus propios locales para que se celebraran en ellos las misas que debido al mal tiempo no pudieran celebrarse en la calle, porque, mientras se adaptaba el edificio de lavadero a iglesia, las misas se oficiaban en plena vía pública «entre los dos lavaderos, el viejo y el nuevo, y una barraca donde se guardaban las traineras».

La parroquia de Santiago Apóstol fue bendecida el 25 de julio de 1961. Como su inauguración coincidió con la celebración del Concilio Vaticano II, se optó por seguir algunas de sus decisiones enfocando la actividad, preferentemente, hacia los niños y los jóvenes a través de la asociación Mundo Nuevo. Don Pablo, «el párroco de toda vida», sigue siendo otra de las instituciones del barrio.

Desde siempre en Amara existía un frontón conocido como el de la Salud porque estaba cercano a la popular Fuente de la Salud, pero desapareció al construirse los edificios de lo que actualmente es la calle Autonomía, siendo así que los vecinos solicitaron al Ayuntamiento construyera uno nuevo.

La Corporación accedió a este deseo el año 1925 fijando para su construcción un solar situado frente al lavadero «en terrenos de Arroca», siendo encomendada la obra a don Eusebio Zubiarrán que la llevó a cabo con un presupuesto de 10.169,77 pesetas.

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