Los últimos artistas del corte

La profesión de sastre ha ido desapareciendo con el paso de los años, lo mismo que aquellos oficios de pantaloneras, camiseras o modistas, para los que existe demanda

JAVIER MEAURIO
Luis Mari Cortés con su hijo Álex en su sastrería de la donostiarra calle Hernani. [LUSA]/
Luis Mari Cortés con su hijo Álex en su sastrería de la donostiarra calle Hernani. [LUSA]

san sebastián. DV. «Creo que como las ballenas deberíamos ser una especie protegida», bromea Antonio Pascual, uno de los tres sastres que trabaja hoy en día en San Sebastián. Apoyó en el relevo profesional a su padre a los 16 años y desde hace ocho -cuando ya ha cumplido los 56- dibuja, traza, toma medidas, corta y cose en su taller de la calle San Martín 4. «Cuando empecé habría, sin exagerar, cerca de 200 sastres en Donostia. Teníamos pedidos para hacer hasta 30 trajes y el cliente debía esperar los reglamentarios tres meses, a no ser que fuera una excepción justificada», señala Pascual.

«Cuando terminé preu en La Salle -con compañeros como Roberto Uriarte o Bernardo Atxaga- no tenía una vocación definida, no sabía que estudiar, por lo que decidí trabajar con mi padre. Es algo de lo que no me arrepiento, ya que la de sastre es una profesión creativa, variada y que tiene mucho que ver con el arte», continúa Pascual, que compagina la confección de trajes, americanas o camisas con el vestuario propio de las tamborradas y con otros para grupos teatrales como Vaivén o incluso para la actriz Aitana Sánchez Gijón en su película Bosque de sombras, que rodó en Artikutza.

También trabaja en el diseño del traje del personal de los restaurantes Kursaal y Mugaritz y en la confección del vestuario de los payasos Txirri, Mirri eta Txiribiton.

«Para la fiesta de San Sebastián, los tambores mayores dejan mucha libertad para el diseño del traje, lo que supone un reto para el sastre que le permite jugar con la imaginación y su propia creatividad. Recuerdo un uniforme que tuve expuesto en el escaparate de la tienda y que unos turistas italianos quisieron comprar por 600 euros. Les dije que no estaba a la venta y que les podría hacer otro igual, pero tenían prisa, porque ya volvían a su país», relata el sastre donostiarra.

Considera que en su profesión hay una expresión que dice: «O te mueres de hambre o te mueres de sueño», porque la frecuencia de los pedidos de los clientes varía mucho. «Hay épocas en que de verdad estás muy agobiado y otras en las que no hay demasiado trabajo», asegura.

Cree también que en San Sebastián se ha perdido el concepto del traje, a diferencia de lo que ocurre en otras ciudades más grandes como Bilbao o Madrid. Piensa asimismo que aunque no haya un traje por medio la imagen debe cuidarse: «Puedes estar muy bien con unos vaqueros y una chaqueta de pana, pero llévalos con dignidad. Hay un momento, una situación para cada prenda».

Defiende que la ropa de sastrería no es cara, porque está muy confeccionada y dura mucho más que el pret a porter. «La peor tela que pueda utilizar un sastre es en el 90% de los casos mejor que cualquiera de las que se venden. Por 500 euros puedes llevarte una buena americana, un trabajo en el que empleamos de 33 a 35 horas. Haz los cálculos». Un pantalón puede costar unos 150 euros y el traje 650.

Se acuerda de cuando el País Vasco tenía más fama que ahora por el vestir bien o especial. «En los 70 se llevaban unos pantalones de pana que eran exagerados por su anchura. Rectos, pero muy anchos. En Zaragoza les llamaban los pantalones de los vascos, porque era una moda muy donostiarra.

Desde 1890

Desde San Martín a la calle Hernani hay sólo un paseo. Allí, en el número 13 regentan elegante sastrería la familia Cortés. La historia del taller la inicia Emiliano Cortés que inaugura taller en Zumarraga en 1890. Después, su hijo José Cortés, pasaitarra,- se instala en la calle Hernani 5 -un local en el que trabajó Cristóbal Balenciaga-. Ya posteriormente Luis Mari Cortés se ubica en 1954 en Hernani 13, donde permanece actualmente con su hijo Álex, su hija y el sastre Alberto.

«La clientela ha variado. Se ha sustituido la 'cantidad' por la 'calidad'. Quiero decir -no se me interprete mal- que el cliente actual busca una prenda única, hecha a mano, y con un encaje mejor, sin importarle el precio. Sabe que se lleva un traje de calidad y que no va a ver otro igual. Nosotros si hacemos un traje para un cliente donostiarra o incluso guipuzcoano, ya esa tela no la ponemos en nuestro cercano mercado. Otra cosa es que lo hagamos para una persona de Madrid, Sevilla o París», señala Álex Cortés.

En Cortés tienen unas 5.000 muestras diferentes de tela para trajes y chaquetas. «La mayoría -además de la excepcional Gorina de Sabadell- viene de Inglaterra. Aunque se crea lo contrario la tela italiana está más dedicada al pret a porter», afirma.

En Cortés también hacen camisas a medida, venden zapatos artesanales -hechos a mano, uno a uno-, confeccionan los fracs de la Orquesta Sinfónica de Euskadi y sotanas a medida para África o América. «Recientemente mandamos una de color blanco para Nigeria. En estos países las distintas congregaciones siguen vistiendo de hábito».

En Cortés piensan también que la sastrería no es cara, porque los trajes y las americanas duran para casi toda la vida e incluso ganan con el tiempo.

Un 25% de su clientela es francesa, ya que el mismo traje en París cuesta tres veces más que en Donostia.

Aranguren en Tolosaldea

Más al sur de la city, Tolosa muestra en la calle Correo la sastrería Aranguren. Son en realidad dos tiendas enfrentadas: el número 1 y el 4, que fundaron hace casi medio siglo el abuelo Esteban y mantuvo su hijo del mismo nombre y que hoy regentan el nieto Mikel Zelaia, su madre Contxi Aranguren y la tía Pilar. También han entrado en el negocio hijos e hijas de la tercera generación.

Es el local dedicado a caballeros la auténtica tienda de confección a medida. «Trabajamos por todo Tolosaldea, Leitza e incluso hasta Irun. Los trajes, las americanas y los pantalones son lo más demandado, sobre todo en épocas de festejos o de alguna celebración particular», señala Mikel Zelaia, que sitúa entre abril a septiembre los meses más ajetreados.

«El pret a porter ha quitado mucho negocio, pero siempre hay la persona que se quiere dar un capricho o al que las cosas que encuentra no le sientan bien. Por eso se sigue trabajando», añade.

En Aranguren realizan también arreglos a las prendas y son el azul marino, el negro y el gris los colores con los que más trabajan. «Antes trajes más grandes, ahora más estrechos. Es cuestión de modas», señalan.

Ordizia beti

Desde Ordizia Porfirio Fernández reclama más atención para el arte de la sastrería, una profesión que considera «indispensable» y a la que las autoridades deberían tener mayor consideración. «Hay una clara necesidad de mano de obra en pantaloneras, camiseras, piezarios, y en personal dedicado a confeccionar ojales. En el País Vasco se podría crear una escuela que enseñara todos estos oficios», asegura el sastre del Goierri.

Nacido en la localidad jienense de Beas de Segura, comenzó zurciendo calcetines en la sastrería de la localidad, de donde cree que le vino la afición al oficio. Llegó a Ordizia en 1963 y trabajó en la desaparecida tienda-sastrería Yáñez, y ya lleva 14 años independizado y al frente de su propio negocio.

Recuerda que aunque un traje a medida puede costar desde los 600 a los 1.200 euros -dependiendo de la tela- y el precio medio de uno confeccionado es de 360 euros, el primero puede resultar más barato, «porque la calidad y las casi inexistentes modificaciones en el corte de un traje clásico aseguran su duración. «Pueden pasar 20 años y un traje artesanal está impecable», afirma.

La pureza de las telas -nunca acrílicas-, los buenos forros y entretelas y los remates artesanales a la prenda de vestir, garantizan siempre una mayor duración de la misma frente con respecto a la confeccionada de un modo industrial.

Alto Deba

Eibar, Ermua, Soraluze, Deba, Mutriku o Markina, es el territorio que visten los hermanos Azpiri -Garikoitz y Josu-. Desde su tienda eibarresa de la calle Arragüeta 3 -junto a Hacienda- atienden a una población más preocupada del sastre cuando se trata de acudir a un festejo. Como Porfirio Fernández creen que trabajarían más si existieran un mayor número de trabajadores en esos oficios intermedios que requieren la labor de un sastre.

El traje es su atuendo más demandado. «El novio va cada vez más elegante y para ese día tan especial de la boda quiere lucir con algo especial. En general son las ceremonias -bodas, bautizos, comuniones...- y esas personas con un 'cuerpo especial' que no se adapta bien al pret a porter, de donde proceden la mayor parte de nuestros clientes», concluyen.

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