«Ni barones ni banderas»

Históricos del PP lanzan señales de alarma ante el debate interno que amenaza con dividir al partido

MAGIS IGLESIAS

madrid. La deriva del debate precongresual en el PP ha hecho saltar las alarmas entre los históricos del partido. Quienes protagonizaron la refundación de Alianza Popular en el congreso de 1989 piden ahora que no se desvirtúen los fundamentos que cimentaron la unidad del centro-derecha y le permitieron llegar al poder. Uno de los artífices de ese proceso y diputado por Alicante, Federico Trillo, alza la voz para reprochar a Esperanza Aguirre que desentierre las banderas ideológicas de liberales, socialcristianos y conservadores. El ex secretario general Francisco Álvarez Cascos vuelve a insistir en su llamada de atención a los líderes territoriales que apoyan a Mariano Rajoy y les recuerda que el suyo nunca fue un partido de baronías.

«Ni barones territoriales ni banderías ideológicas», declaró Federico Trillo tras advertir a sus compañeros que «con las banderas ideológicas no se puede jugar». El diputado expresó su inquietud ante «la muy inquietante deriva» que ha tomado la disputa interna desde que la presidenta de la Comunidad de Madrid hizo valer su condición de liberal en el Foro ABC en el intento de abrir un debate ideológico en su partido. «Me preocupa seriamente que para defender intereses particulares se enarbolen banderas que ya habíamos consolidado dentro del PP», afirma el ex ministro en una clara referencia al discurso de Aguirre.

Quien fuera uno de los principales valedores de José María Aznar como líder del PP en aquel verano de 1989 anota en el haber de aquella generación de políticos la fusión de todos los partidos bajo las siglas del PP, un ejemplo que han seguido después en Europa otras formaciones políticas en Francia e Italia. «En la refundación decidimos olvidarnos de carnés y 'pedigrees' -apunta- dejamos de ser liberales, democristianos y conservadores para ser todos populares». «Y ahora no podemos consentir que se cuestionen las esencias de la unidad del centro derecha», añade.

El parlamentario y ex ministro de Defensa fue uno de los protagonistas del proyecto que diseñaron Manuel Fraga, Marcelino Oreja y Javier Rupérez para fusionar democristianos (PDP), liberales (PL), centristas (restos de la UCD y CDS) y conservadores (AP) en el seno del nuevo Partido Popular. El proceso, que se puso en marcha en el congreso de mayo de 1989, fue ejecutado después por José María Aznar, que consiguió llevar al poder a la nueva formación política en la que se agruparon todas las fuerzas del espectro del centro y la derecha.

«Nosotros nos hemos comido todo para hacer un gran partido de centro derecha y poder así ganar las elecciones», rememora Trillo. «Si empezamos otra vez con las banderías volveremos atrás, a la UCD y fraccionamiento del centro derecha», asegura.

Otro de los protagonistas de aquella época, el democristiano y actual eurodiputado del PP José Manuel García Margallo, coincide en los riesgos que entraña este debate. Sobre todo, porque cree que el sesgo liberal no es compatible con la opción política que representa el PP y porque, además, está convencido de que «con un discurso de liberalismo puro no se ganan las elecciones en España».

No todo son detractores de Aguirre, porque la presidenta de Madrid cuenta con el apoyo de Álvarez Cascos, que ha vuelto a la carga en su defensa después de haber guardado silencio en los últimos años. El que fuera todopoderoso secretario general del PP y vicepresidente del Gobierno, desde hace años dedicado a actividades privadas, concedió una entrevista a la revista La Clave para poner en cuestión la fortaleza interna que se atribuye a la candidatura de Mariano Rajoy de cara al próximo congreso. En su opinión, los barones territoriales que cerraron filas con el presidente no pueden hablar en nombre de los compromisarios de sus respectivas organizaciones.

Como Trillo, Álvarez Cascos recuerda que el PP «fue siempre y creo que debe seguir siendo un partido de bases, no un club de notables». También el ex secretario general aprecia riesgos en algunos planteamientos del debate interno de su partido y la sombra de la debacle del centrismo que hizo la transición. «La UCD se rompió por las baronías y no debemos olvidarlo nunca», rememora.

Campaña en Elche

Mientras se encienden las luces de alarma y todos los interesados se apresuran a ocupar posiciones, Mariano Rajoy continúa su campaña electoral para promocionar su candidatura en el XVI congreso del PP y busca ahora el apoyo de las bases. El líder popular se reunirá hoy con los interventores y apoderados del partido en Elche, como símbolo de que dará atención preferente a los militantes y simpatizantes que trabajan para la organización sin ocupar cargos ni disfrutar de prebendas. El candidato hace este gesto de aproximación al escalón más básico del PP, precisamente, en vísperas de que se celebren las asambleas de militantes para la elección de compromisarios del congreso, que tendrán lugar los próximos lunes y martes.

El hecho de que Rajoy considere que -como dijo el lunes pasado en Valladolid- «éste será el congreso de los interventores y apoderados», no significa que renuncie a recabar el respaldo de quienes ocupan la cúpula de la organización en las distintas autonomías. De hecho, el aspirante a la reelección estará hoy arropado en Elche por los barones territoriales de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps; Murcia, Ramón Luis Valcárcel; Andalucía, Javier Arenas, y Cataluña, Daniel Sirera.

El mitin tiene un claro significado electoral y precongresual porque los convocados presiden organizaciones potentes dentro del PP, pero también servirá para que los populares envíen un mensaje común al Gobierno sobre la polémica suscitada por el 'ministrasvase' a Barcelona. Todos arroparán a Sirera en su defensa del traslado urgente de agua a la capital catalana, al tiempo que asumirán las reivindicaciones de Camps, Valcárcel y Arenas. COLPISA