El PSOE cede a CiU y PNV dos puestos en la Mesa del Congreso sin contrapartidas

Los socialistas pretenden evitar que los nacionalistas puedan hipotecar con sus exigencias la elección de Rodríguez ZapateroBono será el primer presidente de la Cámara elegido en segunda vuelta

PAULA DE LAS HERAS
José Blanco, ayer tras la rueda de prensa. [CHEMA BARROSO]/
José Blanco, ayer tras la rueda de prensa. [CHEMA BARROSO]

MADRID. El PSOE cederá a PNV y CiU los dos puestos que reclamaban en la Mesa del Congreso. El secretario de Organización de la formación, José Blanco, anunció ayer que no exigirá a cambio el voto favorable a José Bono. Su 'generosidad' puede convertir al ex ministro de Defensa en el primer presidente de la Cámara baja, en toda la historia de la democracia, que precisa de una segunda vuelta para ocupar su cargo. Es el precio que está dispuesto a pagar el partido gubernamental para convencer a los nacionalistas de que habla en serio cuando dice, de cara a la investidura, que no hipotecará la acción de Gobierno por siete votos.

Los socialistas quieren desprenderse a toda costa de esa imagen de partido dependiente de fuerzas minoritarias, como ERC, que arrastró en la pasada legislatura. Su lema es ahora la palabra «autonomía». Dicen que los 169 escaños logrados en las generales permiten negociar desde una posición muy cómoda. La elección de Bono servirá hoy para escenificarlo. El número dos del PSOE dio por hecho que tanto CiU como PNV votarán en blanco. Y lo asumió con naturalidad e incluso con indiferencia.

La situación tiene varias ventajas para los suyos. De un lado, le permite afear la conducta al PP, que se ha negado a ceder uno de los cuatro puestos que le corresponden en la Mesa con el argumento de que, a diferencia del PSOE, no tiene nada que ofrecer ni tampoco nada que ganar. Blanco se apresuró así a interpretar la decisión del PP como negativa a contribuir al «buen gobierno y la convivencia» de la Cámara. «Un indicador -dijo- del talante con el que inicia la legislatura».

En la misma jugada, los socialistas se presentan como partido conciliador y amable; lo que debería servir para allanar el camino a futuros entendimientos con los nacionalistas, más allá de la sesión de investidura prevista para la semana próxima. El número dos del partido insistió en que la elección del presidente del Gobierno «no es sino el comienzo de la legislatura». Se trata de un mensaje dirigido especialmente al PNV, que intenta vincular el apoyo a la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero a una salida digna para el lehendakari Juan José Ibarretxe, y su 'hoja de ruta'.

Fidelidad al programa

Blanco remarcó que los socialistas pueden garantizar por sí solos un gobierno «claro y estable». En su afán de demostrar que se siente con la sartén por el mango, admitió que buscará la forma de que el próximo Ejecutivo de Rodríguez Zapatero tenga el «mayor respaldo posible», pero subrayó que mantendrá inalterable un principio básico que es el de la «fidelidad a los compromisos programáticos» de su partido. Y, en materia territorial, el programa del PSOE deja claro que la línea a seguir en cualquier reforma de un marco de autogobierno es la de los estatutos de segunda generación. Nada que vaya más lejos.

Los socialistas no tienen claro, en realidad, qué es lo que hará el PNV en la sesión constitutiva de las Cortes. Así como CiU dejó dicho desde primera hora de ayer que no daría su apoyo a Bono, los jeltzales guardaron silencio durante toda la jornada y dejaron abierta hasta última hora de hoy el resultado final de las negociaciones. El secretario de Organización del PSOE seguía ayer tarde sin saber nada, pero daba por sentado que el PNV emularía a los catalanes.

Para ser elegido presidente del Congreso en primera votación es preciso contar con la mayoría absoluta de la Cámara, lo que supone al menos 176 votos. Este trámite lo cumplieron los siete anteriores presidentes, siendo Federico Trillo, quien obtuvo el menor apoyo en la votación, con un apoyo de 179 diputados en 1996.

Bono cuenta de antemano con el aval de los 169 votos del PSOE, por lo que le faltarían siete votos para ser elegido presidente a la primera. En ese contexto, el apoyo del PNV resultaría determinante, ya que tiene seis diputados, y el PSOE confiaba en recabar su apoyo tras prometer que cedería un puesto en la Mesa del Congreso.

Sin embargo, los peneuvistas no daban ayer tarde nada por cerrado y se estaban replanteando la conveniencia de aceptar esa secretaría y, por ende, la posibilidad de apoyar a Bono. Todo ello pese a que su portavoz, Josu Erkoreka, considera que es preferible tener «acotados a los cabestros».

Para respaldar a Bono, los nacionalistas vascos pidieron un puesto en la Mesa del Congreso y otro en la del Senado. Lo primero, el PSOE está dispuesto a concedérselo, incluso «sin contrapartidas», pero a lo segundo se niega. Así las cosas, el PNV se plantea renunciar a la Secretaría en la Mesa del Congreso y abstenerse en la votación.

Votación secreta

Sin el PNV, el PSOE difícilmente alcanzaría la mayoría absoluta en la primera votación. Tanto CiU como ERC, NaBai e Iniciativa per Catalunya (ICV), que suman quince votos, ya han anunciado que no apoyarán a Bono, mientras que el BNG, IU, CC y UPyD, en total seis votos, condicionan su voto a la negociación.

En estas votaciones personales para elegir la Mesa del Congreso, que además son secretas, no hay distinción entre la abstención y el rechazo, ya que sólo cabe poner el nombre de un candidato en la papeleta o bien votar en blanco.

El PP no contempla el voto a favor de Bono e incluso, en ese contexto de división, no descarta presentar un candidato alternativo para coprotagonizar la segunda vuelta. La posición se decidirá hoy en la reunión del Grupo Popular, que presidirá Rajoy una hora antes de la sesión constitutiva.

En cualquier caso, si José Bono no logra los 176 votos que requiere la mayoría absoluta, seguiría siendo el mejor situado para la segunda vuelta, donde los 169 diputados del PSOE le garantizan la mayoría necesaria para poder salir elegido. COLPISA

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