«A ETA le entró un vértigo enorme a la hora de decir adiós a las armas»

Eguiguren rompe su silencio dos años después de la declaración de alto el fuego. «Vienen tiempos duros, pero veremos el final en esta legislatura», sostiene. «Para negociar democráticamente con elPNV un nuevo marco está el Parlamento»

ALBERTO SURIO
«A ETA le entró un vértigo enorme a la hora de decir adiós a las armas»

Jesús Eguiguren rompe su silencio dos años después de que ETA anunciase un alto el fuego permanente que dinamitó en la práctica con el atentado de Barajas. El presidente del PSE -protagonista de esta vía frustrada de diálogo con la izquierda abertzale- portaba el pasado sábado 8 de marzo junto a otros dirigentes socialistas vascos el féretro de su compañero asesinado Isaías Carrasco. «A ETA le entró un vértigo enorme a la hora de decir adiós a las armas», sostiene.

-El último atentado de Calahorra es el primero después de la victoria electoral de Zapatero. ¿Más de lo mismo?

-Tanto este atentado de Calahorra como el asesinato de Isaías demuestran que la decisión de ETA de volver a la violencia no era coyuntural ni respondía a los avatares de la tregua, como se especuló. Obedece a una decisión bien meditada de seguir y de persistir en su confrontación terrorista.

-Dos años de silencio. ¿Cómo se ha sentido durante este tiempo?

-El silencio obedecía a que hemos estado tratando un tema muy delicado en el que cualquier declaración, además de ser muy discutible, podía ser negativa. He preferido callar a defenderme en muchas ocasiones. El resultado electoral deja bien a las claras que la sociedad vasca ha entendido lo que se ha intentado hacer. Pero pienso seguir callando sobre lo que ha ocurrido estos años. Lo único que pienso decir es que al final no se llegó a la paz porque ETA no quiso, no porque se discutiera esta cuestión o la otra. Eso es falso. Acabó porque ETA decidió no acabar con su práctica y le entró un vértigo enorme a la hora de decir adiós a las armas. En un momento dado, por las razones que sea, que yo desconozco, decidieron que querían seguir. Todas las explicaciones que se han dado sobre lo que se hizo bien o mal, que si se habló o no de Navarra, todo eso forma parte de la escenificación de la ruptura. ETA rompió el proceso porque no había asumido de forma definitiva que había llegado la hora de acabar.

-Para usted vivir tan de cerca todo esto ha tenido que ser tremendo... El otro día portando el féretro de su compañero Isaías Carrasco. El viernes atentado en Calahorra... Y hace un tiempo sentado con los interlocutores de ETA.

-Todos los que hemos estado metidos en esta historia lo hemos hecho cumpliendo con una obligación y con un trabajo. Lo más importante que se puede hacer en este país es trabajar por la paz y lo único trascendente de esto es que no ha salido. Y lo demás no deja de ser cumplir con una obligación moral. Llevo desde los 20 años en la política vasca y no tengo ninguna otra aspiración que la de contribuir en definitiva a traer la paz en Euskadi y luego, que cada uno tiene su corazoncito, ver y muy pronto el cambio político en Euskadi.

-Pero tiene que ser muy duro estar sentado con los interlocutores o los dirigentes de ETA y a la vez ver en primera línea el sufrimiento que producen sus atentados.

-Claro que es duro, pero llevamos años viendo ese sufrimiento. Este mismo mes hemos tenido que organizar actos de aniversario en recuerdo de Enrique Casas, de Fernando Buesa, de Juan Priede, de Fernando Múgica, de Froilán Elespe. . Nuestra historia es una historia relativamente triste aunque es mucho más triste la historia de quienes ante todo esto se han mantenido pasivos. Esto es lo que nos ha tocado, el país que nos ha tocado y el tiempo que nos ha tocado vivir. Hacer política en el País Vasco y ser del Partido Socialista es un orgullo.

-¿Se siente decepcionado?

-Es verdad que yo pensaba que ésta vez era la de verdad. Para qué voy a mentir. Pensaba que ETA había decidido terminar con el terrorismo y que lo demás era cuestión ya de buscar un procedimiento, una serie de encajes a las consecuencias de lo que ellos llaman 'el conflicto'. En definitiva, que si había una decisión de vivir en paz definitivamente en Euskadi todo lo demás era relativamente viable, aunque podía ser muy difícil para el Gobierno. La decepción viene de ahí, cuando te das cuenta de que no había decidido todavía decir adiós a las armas.

-¿Quizá en algún momento dieron la impresión de querer un final?

-Dieron esa impresión y por lo menos algunos llegamos a esa convicción por lo que nos dijeron. Luego resulta al final que era que no. ¿Qué es lo que ocurrió? Entra en el terreno de la especulación y me siento incapaz de decir por qué y cómo. En todo lo que se ha escrito sobre el tema creo muy poquito. Lo que creo es que en un momento dado dijeron que 'esto' no ha terminado. Y de cara al día de mañana la única forma de hacer algo es que decidan que han terminado definitivamente.

-¿Qué experiencia le supuso la relación con 'Josu Ternera'?

-Comprenda que por discreción ni debo ni puedo descender a cuestiones de detalle del proceso que son siempre secundarias.

-Decía que la única forma el día de mañana de hacer algo parecido es que decidan que han terminado de verdad.

-Tiene que haber una contundente decisión de final, definitiva.

-¿Ya no valdría una declaración de alto el fuego?

-Para que el diálogo el día de mañana sea posible tienen que demostrar que han decidido decir adiós a las armas. ¿Cómo? No sé cómo se hace, pero si sé que si el Gobierno no tiene la convicción absoluta de que es así no va a entrar ya en una aventura de éstas porque se ha visto que es muy complejo y muy difícil.

-¿En qué sentido?

-No sé si la izquierda abertzale es consciente de esto, pero el problema no ha radicado tanto en la posición del PP o en el diálogo político, el problema ha estado en que la sociedad española es muy reacia y se pone muy alerta cuando se habla de posibles beneficios penitenciarios y se habla de presos. Ese mensaje lo tenía que haber entendido la izquierda abertzale. Este proceso ha demostrado que el principio 'paz por presos' es muy complicado, mucho más de lo previsto. Recordemos que cuanto más bajo estuvo el apoyo al Gobierno fue durante el caso De Juana.

-¿Ni siquiera sería posible ya un final como ETA político-militar?

-Bueno, creo que en política todo es posible si todo el mundo pone algo de su parte. Pero creo que el tiempo no pasa en balde, que el siguiente proceso lógicamente ya no será como éste lógicamente. Tampoco sé si lo habrá pero, en fin, si algún día los vascos quieren convivir en paz y cerrar las heridas que han sufrido durante estos años habrá que buscar fórmulas para hacerlo. Pero la izquierda abertzale tiene que darse cuenta de que eso ya no está en manos del Gobierno, ni en manos de un partido, sino que es la sociedad española en su conjunto la que quiere opinar sobre este tema.

El «procedimiento»

-Hace dos años, cuando se anunció el alto el fuego permanente, usted decía que las bases del proceso eran sólidas. ¿Por qué no eran tan firmes?

-Las bases eran sólidas, lo que pasa es que alguien decidió no seguirlas. Había un procedimiento válido, un método y unas bases. Nunca hemos hablado de contenidos. Y en un momento dado ETA prescinde de ese método.

- ¿En qué se sustentaba ese método? ¿En la confianza?

- En estas cosas no hay confianza, hay una enorme responsabilidad para que la cosa salga bien. Y tampoco vamos a engañarnos, uno tiene tantas ganas de que la cosa salga bien que quizá se llega a cegar un poco por el voluntarismo.

-¿Se habló de política con ETA?

-Quedó claro desde un principio que con ETA no había negociación política, que ese diálogo quedaba para los partidos.

-ETA responsabilizó al Gobierno por romper supuestos compromisos y de rechazar después en los contactos mantenidos tras el atentado de la T-4 una propuesta de desarme. ¿Es así?

-Insisto en que no quiero entrar al detalle porque si no no acabaríamos nunca, todo eso forma parte de la parafernalia de cuando se rompe un proceso de diálogo. La razón última por la que se rompe el proceso de diálogo es porque alguien ha decidido romperlo. Lo demás son añadidos y explicaciones para consumo interno. He estado de acuerdo con todo lo que ha hecho el ministro Rubalcaba. Ha hecho todo lo que estaba en sus manos. Un gobierno democrático no puede ir más de donde ha ido.

-¿Piensa que ETA tenía decidido romper el proceso de antemano?

- Creo que tenía decidido romperlo casi desde el principio, en torno al verano de 2005. No tengo pruebas fehacientes pero creo que muy pronto comenzaron a cuestionar el camino que habían decidido.

-¿Fue otra 'tregua-trampa'?

-Es que no sé que quiere decir exactamente 'tregua-trampa'. Más que tregua-trampa ha sido una tregua frustrada.

-¿Y usted sigue intentándolo?

- Traer la paz a Euskadi y trabajar por la convivencia lógicamente es la obligación de todo político vasco, pero supongo que lo que se hizo antes ya no se repetirá.

-¿Ha sido quizá ingenuo?

-A estas alturas de la vida no me siento ingenuo. Todo lo contrario, nunca pensé que esto estaba arreglado, que ya se había acabado todo y que se habían rendido. Pensaba que el camino iba a ser muy complicado, que tenía que haber mucho diálogo político, yo creía firmemente en la mesa de partidos, pero admitía que todo eso iba a ser muy difícil en Euskadi y muy difícil en España, y que iba a ser muy largo y muy complicado. Pero pensaba que si había una decisión real de acabar con la violencia todo eso lo íbamos a ir superando poco a poco.

-El PNV les critica porque estaban dispuestos a pactar en la mesa de Loiola un marco político con la izquierda abertzale y no quieran hacerlo hoy con Ibarretxe.

-Creo que todos los vascos entienden que una cosa es acabar con el terrorismo e incorporar a la izquierda abertzale al sistema político y otra dialogar entre demócratas. Las conversaciones de Loiola tuvieron una lógica, llegar a un gran acuerdo político en Euskadi para reformar la autonomía actual. Otra cosa es que si no vamos a acabar con el terrorismo y no vamos a incorporar a la izquierda abertzale, lo que se habló en Loiola, sin negar su validez y su importancia, deja de ser políticamente útil en estos momentos. Ahí queda como un referente de cara al futuro, pero como una negociación con el PNV queda extraño. Aquello fue un método excepcional que intentó integrar en el sistema a la izquierda abertzale y al mundo radical. Para negociar con el PNV ya está el Parlamento.

-Pero el PNV sugiere que ustedes terminaron abriendo a sus espaldas una negociación política con ETA.

-Ahora se han inventado esa historia. Nosotros nunca hemos hablado con ETA de política, como dicen ellos. Que sea el PNV el que acuse al PSOE de haber hablado de política con ETA me parece realmente una broma. Además, lo que se ha hablado de política durante el proceso de paz se ha hablado delante del PNV, en un diálogo en el que estaba Batasuna y el Partido Socialista. Entonces se hizo un esfuerzo en aras a conseguir la paz y la convivencia y la integración de todos en el sistema político. Si no es para eso lo que procede es una forma distinta, una reforma estatutaria en el Parlamento siguiendo el procedimiento democrático de negociación establecido.

-¿Por qué no salió el diálogo de Loiola?

-Porque ETA decidió que no saliera. Así de simple. El PNV lo sabe, hizo un trabajo muy bueno, muy responsable, muy sensato e hizo un esfuerzo para sacrificar sus planteamientos maximalistas en aras del acuerdo de todos. Por eso me extraña que nos reprochen que hayamos hecho algo indebido cuando ellos han colaborado, lo han hecho muy bien y, además, estamos muy agradecidos por ello.

- Joseba Egibar considera que con el asesinato de Isaías Carrasco, ETA busca forzar de nuevo un escenario negociador con el Gobierno de Zapatero.

-Me da miedo la frivolidad con la que algunos especulan. ETA ha asesinado a un hombre y todo el mundo sabe que por matar a un hombre no va a volver el diálogo.

-¿La victoria del PSE es un espaldarazo al intento de Zapatero de buscar un final dialogado?

- Ha sido un gran espaldarazo. Cuando a los vascos se les dice por qué se hacen las cosas y se les explica que nos estamos jugando el gobierno, el partido y el tipo para conseguir la paz, lo han entendido perfectamente. Ha sido un espaldarazo a la política de diálogo realizada por el Partido Socialista en estos años. Todo el mundo ha visto que se ha ido hasta donde se podía ir y que se ha hecho todo lo posible.

-¿Usted se siente reforzado?

-Está mal que lo diga yo, pero creo que es un espaldarazo a todos los que han hecho un esfuerzo sincero, hecho de buena fe, a pesar de haber sido satanizados durante todos estos años, y sin pretensiones políticas ocultas, sin traiciones y sin cobardías ni nada parecido.

-Todo lo que se ha hecho, ¿ha servido para el futuro?

-La historia nunca va para atrás. Un día producirá sus efectos, pero para eso hace falta que quienes practican el terrorismo lleguen a la conclusión. Está en sus manos.

-¿Y algo se mueve ahí?

-No veo nada, pero si hay algo no se verá de la noche a la mañana.

- ¿El asesinato de Isaías Carrasco ha sido una venganza?

-ETA ha querido decir que sigue existiendo. Soy incapaz de saber por qué lo ha hecho.

-¿Qué siente cuando le ve a Otegi encarcelado?

-Yo sé que hizo lo que pudo, pero en política muchas veces hay que dar un puñetazo encima de la mesa. Y no lo hizo.

-¿No ha sido un gran error no contar con el concurso del PP en este tema?

-No he entendido a los dirigentes del PP vasco, porque ellos sí que conocen el país, padecen el terrorismo, han sido víctimas y lo son como nosotros.

-El PP dice que ustedes habían renunciado a la derrota de ETA...

-Eso son tonterías. El PP es un partido importante en Euskadi, cuanto más fuerte sea creo que es mejor para todos. No entiendo ese odio y esa visceralidad contra el PSOE. ¿La derrota? En este tema, las palabras se prestan a equívocos. La derrota de ETA como un proyecto revolucionario, separatista, es evidente, lo ven hasta los propios dirigentes de ETA. El Estado no va a cambiar ni la Constitución ni va a romper España. Estamos hablando más bien de cómo terminar con el terrorismo más que derrotarlo, porque doy por hecho que en términos históricos está derrotado aunque siga haciendo daño. Una cosa es terminar con ETA y otra integrar en la sociedad al sector que ha crecido en su alrededor.

-El PP dice que fue el PSOE el que traicionó el pacto antiterrorista al abrir por libre la vía del diálogo...

-Todo eso es metafísica y yo de eso no entiendo porque no he estado en el seminario, ni he sido nunca de extrema izquierda ni he sido nunca nacionalista radical como se ha dicho. Aquí hay una serie de problemas que tenemos que resolver para un día hacer de Euskadi un país en primera fila de España y de Europa, conviviendo y curando las heridas del pasado.

-¿Qué escenario han dejado las elecciones generales?

-Han confirmado una tendencia que ya se venía vislumbrando. Desde los pactos de Lizarra, el plan Ibarretxe y la oferta del lehendakari ya se venía produciendo una crisis gradual de las tesis de la dirección del PNV y del Gobierno Vasco. Convendría no caer en esa enorme confusión, Una cosa es hablar del nacionalismo en general, cuando los que han tenido mal resultado han sido unos partidos políticos concretos. Lo que no ha sido apoyado en las urnas, aunque se trataba de unas elecciones generales, era la política de Ibarretxe y la política actual del EBB, que no es no lo mismo que decir que el nacionalismo esté derrotado o esté desapareciendo. El nacionalismo es un sentimiento y la política, en cambio, son dirigentes y programas concretos. Para nosotros no ha sido ninguna sorpresa.

-¿El PSE ha recibido quizá el apoyo del electorado moderado del PNV?

-Hay que ser muy prudentes. Nadie sabe por qué vota la gente, eran unas generales y luego vienen unas autonómicas que son distintas. Aquí no hay que cambiar de marco político, sino cambiar de gobierno.

-Algunos de sus rivales sostienen que el impacto dramático del asesinato de Isaías Carrasco ha influido de forma clave.

- No sé qué efectos habrá tenido pero quienes dicen eso esgrimen un argumento obsceno.

-¿Hay margen para un acuerdo con el PNV después de los últimos mensajes que está lanzando? Parece que está modulando el discurso hacia el entendimiento.

-En política siempre hay margen. Pero dudo mucho de su alcance. No sé si la dirección del PNV está en Ajuria Enea o en Sabin Etxea y si está en condiciones de cambiar. Tendrían que renunciar a casi todo lo que han estado defendiendo en los últimos 10 años. El plan Ibarretxe, su hoja de ruta no deja de ser una especie de caricatura de las pretensiones de la izquierda abertzale. Tendrán que cambiar de proyecto estratégico y no les veo en condiciones de hacerlo. Ojalá que lo haga. Creo que más bien van a optar por la radicalización en lugar de la moderación.

-¿Tendrían que renunciar entonces a impulsar un nuevo marco político?

-El problema de este país no es un nuevo marco político. Euskadi no necesita un nuevo marco político, lo que necesita es un nuevo gobierno. Siempre hemos defendido la posibilidad de la reforma estatutaria, fuimos con ese programa a las elecciones. Pero ese nuevo marco político seguiría siendo el Estatuto dentro de la Constitución. Si el PNV quiere un acuerdo entre vascos, sabe que cuenta con el PSE. Somos los primeros interesados.

-El PNV pide un marco de autogobierno cualitativamente distinto basado en el derecho a decidir...

-Pero es que el derecho a decidir ya lo tenemos. ¿Si no quién ha decidido que Ibarretxe sea lehendakari? Los vascos. ¿Quién ha decidido que el PNV gobierne durante 30 años? Los vascos. Tenemos el derecho a decidir dentro de nuestras competencias. El derecho a decidir absoluto ni siquiera lo tiene España ni Francia ni Inglaterra. En esta vida todo esté regulado. España no tiene derecho a decidir en ciertos temas fiscales, casi menos que en Euskadi. El derecho a decidir es un eufemismo.

-El PNV pide que se pongan las bases para solucionar el 'conflicto vasco' y se reconozca que Euskadi es un sujeto político de decisión...

-Todo eso metafísica. Si matar a una persona le llamamos conflicto vasco, la forma de empezar a solucionarlo es no llamarle conflicto vasco. Otra cosa es conseguir incorporar al sector que quedó fuera del sistema político vasco al inicio de la transición.

-¿O sea que la única salida es que el PNV entierre el soberanismo?

-Como ideología y objetivo último no tiene por qué enterrarlo, pero sí como política concreta. No hay un entendimiento posible con una consulta rupturista e ilegal. Ahora, si van por la vía de la reforma del Estatuto, con una consulta legal, es posible.

-¿Hay luz en el laberinto?

-Creo que hay luz porque me da que la sociedad vasca, por lo que hemos visto el 9 de marzo, está decidida a dar una oportunidad a dirigir a este país a quienes no lo han podido hacer durante 30 años. Vienen tiempos difíciles y duros, pero creo que en esta legislatura veremos el final del terrorismo de ETA y de la tragedia vasca. Y que será más temprano que tarde.