El miedo a levantar expectativas

M.E.

Si hay algo que reclaman los técnicos de Azti-Tecnalia y los responsables del Gobierno Vasco es «prudencia». Esa es la razón por la que se tardó meses en dar a conocer el hallazgo del pecio y esa es la explicación de que se evite echar las campanas al vuelo pese a los poderosos indicios que apuntan que se trata efectivamente del Nabarra. «Tenemos miedo a herir la sensibilidad de los familiares de las víctimas de aquella batalla», dice Adolfo Uriarte.

Pero existe un motivo adicional para el «secretismo». Desde Azti no quieren dar detalles sobre la ubicación del pecio por seguridad. Dicen sus responsables que hay más «piratas» de los que pueda imaginarse para los restos submarinos, y aunque en este caso no se prevé que haya objetos de valor material en el barco hundido, sí puede haber elementos de valor cultural o sentimental. Por eso se guardan con celo las coordenadas del pecio y se habla simplemente de «las cinco millas de distancia» de la costa.

El bou, nombre que recibían los barcos pesqueros preparados para faenar en pareja con un buque simétrico, está cargado de enigmas y puede que también de respuestas. Es el nuevo reto para Azti, una fundación de carácter privado integrada ahora en el grupo Tecnalia y que se financia en su mayor parte por los trabajos que realiza para entidades o instituciones. En Gipuzkoa su sede se encuentra radicada en el puerto de Pasaia. Los profesionales de Azti han tenido estos días ración extra de trabajo por culpa del Maro, el barco encallado en Jaizkibel, y el temporal que asoló el martes el litoral vasco.

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