Fallece a los 79 años el historiador José Ignacio Tellechea Idígoras

Su inmensa obra ha contribuido a aportar luz sobre muchos personajes Los funerales se celebrarán el próximo martes en la catedral del Buen Pastor

N. A.
José Ignacio Tellechea, en una fotografía de hace dos años. [AYGÜÉS]/
José Ignacio Tellechea, en una fotografía de hace dos años. [AYGÜÉS]

san sebastián. DV. Ayer falleció en San Sebastián el historiador, académico y catedrático donostiarra José Ignacio Tellechea Idígoras, apenas un mes antes de cumplir los 80 años. Su funeral, oficiado por el obispo de San Sebastián Juan María Uriarte, se celebrará el próximo martes en la catedral del Buen Pastor.

Apasionado por la Historia desde que era un niño, José Ignacio Tellechea Idígoras deja tras de sí un impresionante legado intelectual, que no sólo ha construido en solitario a base de interminables horas de investigación en archivos y bibliotecas, sino que ha compartido a través de las numerosas entidades vinculadas a la cultura y a la ciencia de las que ha sido miembro activo. Entre ellas pueden destacarse la Biblioteca Doctor Camino de San Sebastián -que contribuyó a fundar en 1966 y presidió durante varias décadas-, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, Eusko Ikaskuntza, Euskaltzaindia o la Academia Española de la Historia.

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José Ignacio Tellechea Idígoras reconocía que un atlas y un libro de historia que puso en sus manos un profesor cuando sólo era un niño y estudiaba en el Seminario de Vitoria le mostraron el camino que ha seguido desde que, a los 21 años, publicó su primer libro.

Afirmaba también que los archivos -sobre todo los del Vaticano, donde trabajó muchos años- y bibliotecas eran un «canto de sirena» al que no podía resistirse. Esa forma de trabajar, basada en fuentes originales, aportó a su obra uno de sus principales rasgos: la inncesante aportación de datos inéditos y desconocidos que, como él decía, son los que «contribuyen a enriquecer la Historia». No ocultaba, sin embargo, que el aspecto más satisfactorio de su trabajo era «el gozo de comunicar a los demás lo que he descubierto».

José Ignacio Tellechea Idígoras emprendió y culminó proyectos monumentales. El que él reconocía como más importante fue el dedicado a fray Bartolomé de Carranza, sobre quien publicó más de 20 libros. Catalina de Erauso, Felipe II, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, el padre Larramendi, Unamuno, Zuloaga... Son muchos los personajes cuya figura Tellechea Idígoras contribuyó a esclarecer, al tiempo que, a través de ellos, aportaba luz a la historia. Uno de los trabajos de los que sentía más satisfecho, sin embargo, era la biografía de San Ignacio de Loyola Ignacio sólo y a pie, traducida a seis idiomas, porque «es un libro que ha hecho bien a mucha gente».

En 2001, con motivo de la entrega del premio Manuel Lekuona otorgado por Eusko Ikaskuntza, le calificaron de «historiador químicamente puro» y él mismo decía que «la investigación ha marcado la línea de mi vida desde los 28 años», pero tenía también otras dimensiones como la docente y la sacerdotal, que cuidó con la misma dedicación.

A lo largo de su vida la enfermedad no le ahorró duras experiencias, pero siempre se sobrepuso. Hace poco más de un año, con motivo del emotivo homenaje que le ofrecieron por sorpresa en Loyola y en Zumaia, aseguraba que seguía lleno de proyectos. «Estoy en la cuarta edad, y pronto en la quinta velocidad, pero mientras Dios me dé vida seguiré trabajando», afirmaba quien, unos años antes, aseguraba que «tendría que vivir doscuentos años para acabar todo lo que tengo entre manos».

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