Los últimos frailes de Arantzazu

Un total de 35 franciscanos resisten sobre la roca agreste de la sierra de Aizkorri, lo mismo que su fundador, San Francisco de Asís lo hizo en el monte Subasio de la Umbría italiana

JAVIER MEAURIO
El errexildarra Iñaki Beristain, responsable de comunicación de Arantzazu. [FOTOS: DAVID APREA]/
El errexildarra Iñaki Beristain, responsable de comunicación de Arantzazu. [FOTOS: DAVID APREA]

san sebastián. DV. La comunidad franciscana instalada desde hace 500 años entre las piedras y peñascos del agreste Arantzazu se reduce. Ahora son 35 los frailes que la componen por los casi 170 de los mejores tiempos, a los que se sumaban más de 100 seminaristas. El jolgorio, los balonazos y pelotazos, las voces y risas de los patios de juego y recreo ha sido sustituidos por el silencio, que solo se rompe los fines de semana con la llegada de cientos de peregrinos, que en autobuses encaran la larga pendiente de ocho kilómetros que separa la elegante Oñati del mayor santuario mariano de Gipuzkoa.

Los franciscanos reconocen que en un futuro -no tan próximo como algunos desean- desaparecerán del lugar, porque los frailes van envejeciendo y muriendo, y no se producen nuevas incorporaciones que garanticen la supervivencia del grupo. Con todo, mantienen la esperanza de que Arantzazu «siga hablando a este pueblo y le oferte respuestas y acompañamientos plurales», según señala Iñaki Beristain, franciscano responsable de comunicación del santuario.

Como en todas las órdenes y el mundo religioso en general, los franciscanos saben que serán los laicos -incluidas las mujeres- los que irán tomando el relevo, allí donde la falta de vocaciones lo exija.

«Es algo que ya está ocurriendo con normalidad y confíamos en que garantice -en nuestro caso- la permanencia del espíritu del pensamiento de San Francisco de Asís y de la labor de la orden franciscana en este lugar», añade Iñaki Beristain.

La media de edad actual de los 35 frailes que pueblan Arantzazu es de más de 70 años. El mayor es el andoaindarra Luis Esnal -dispuesto a cumplir los 90 años-, y el más joven Inaxio Aranberri -de 51 y natural de Mendaro- que se ocupa, entre otros temas, de colaborar en el trabajo que genera la Casa de Ejercicios de Arantzazu, Asís Topagunea, dirigida por el azpeitiarra Joxe Mari Azkue.

«Hay frailes enfermos, otros muy mayores, pero creo que todavía llegamos bien a los trabajos, aunque a veces hecho en falta un mayor número de manos», confiesa Beristain. «Aquí no falta trabajo. El que quiera puede venir a ayudar», señalan el azpeitiarra de Matxinbenta, Nikolas Segurola, y Luis Arraiago, de Zegama, Zegama' que junto a Juan Zelaia, natural de Orexa, trabajan el campo y cuidan de los animales en el caserío Gomiztegi, de la comunidad franciscana.

«Antes había más trabajo, ya que el rebaño de ovejas a mi cargo ha pasado a formar parte de la cooperativa que ha creado la Artzai Eskola (Escuela del Pastor), que con ayuda del Gobierno Vasco trabaja y forma a los futuros profesionales del pastoreo», indica Segurola.

«Mira que puerros tan hermosos», nos dice el franciscano Zegama, que nos muestra media docena de enormes ejemplares que sirven para alimentar a una familia entera durante una semana.

Y es que los productos del campo cultivados por los discípulos del santo de Asís afincados en Gipuzkoa, cuentan con gran fama y han sido objeto de numerosos reconocimientos en forma de trofeos y txapelas otorgados a la calidad de sus puerros y verduras, sus pollos y quesos y a la buena crianza de sus ovejas.

Los trabajos

Diferentes son los trabajos que realiza la comunidad franciscana. Así, el guardián, Telesforo Zuriarrain, y el vicario, Juan Ignacio Larrea, son los superiores responsables de asistir a las reuniones sobre las obras y nuevos proyectos para Arantzazu, por los que han apostado los franciscanos.

De los medios de comunicación -revistas, programas en ETB, misas diarias en Radio Segura y Herri Irratia y liturgia dominical en ésta última emisora y en Euskadi Irratia, así como de la información del tiempo y de las témporas- se ocupan Iñaki Beristain, Pello Zabala y el mutrikuarra Jesús Barronea.

La Casa de Ejercicios y el recibimiento a todas aquellas personas necesitadas de ayuda lo organizan Jose Mari Azkue, Jose Arregi e Inaxio Aranberri.

El cuidado de los enfermos de la comunidad está a cargo de Txomin Garro, de Eskoriatza, que cuenta con la ayuda de dos enfermeras.

La atención a las monjas clarisas y concepcionistas -charlas, retiros y confesiones-, corren a cuenta de Beristain, Zabala, Agirre, Juan Ignacio Larrea y Jon Zubieta. El mantenimiento de la basílica es tarea de Joxe Mari Zelaia y Antonio Larrea.

Las peregrinaciones -Patxi Agirre, Jon Zubieta y Joxe Austin Etxeberria-, y la marcha de la víspera del Domingo de Ramos -Beristain-, son otras de las ocupaciones de los frailes.

Otros servicios

«La limpieza es cosa de todos, Cada uno tiene su zona y sabe lo que debe hacer. En la cocina hay una mujer a la que ayuda Mariano Lizarrondo y a la que reemplaza los fines de semana el navarro Luis Arozena, que estuvo antes en Roma», informa Beristain.

José Antonio Salas conduce la furgoneta que todos los días desciende y sube de nuevo a Arantzazu, con las medicinas, los encargos de los frailes o el correo que se recibe en el santuario. En la portería y en el teléfono están Ángel González de Txabarri -tío del ex diputado general- y Juan Albizu. De la electricidad y carpintería se ocupa Juan Aramendi, de la atención personal Florentino Arruti y de la biblioteca Joseba Etxeberria.

Junto a los ya citados trabajan el resto de frailes de la comunidad en una «labor silenciosa y solidaria».

Otro de los religiosos más conocidos de Arantzazu es el hernaniarra Enrique Arozena, que pronto cumplirá 80 años y que dedicó 51 a recorrer en moto los domicilios de Vizcaya y Gipuzkoa para cobrar la revista Arantzazu entre los suscriptores. Además del ingreso, había siempre un momento para la charla, por lo que se convirtió en el más popular de los monjes. «Visitaba más de 5.000 casas y caseríos al año», recuerda Beristain.

En Arantzazu los 35 frailes actuales son vascos y todos menos uno euskaldunes. «La vida en la comunidad se hace en euskera, los rezos, las charlas, las conversaciones...».

La apuesta principal

Otro de los motivos que arguyen los frailes para subrayar por qué creen que el franciscanismo seguirá vivo en Arantzazu es la confirmación de que la orden en Gipuzkoa apuesta principalmente por el santuario.

«Todos los impresionantes proyectos: el Gandiaga II Topagunea, la renovación de la hospedería, el Parquetxe o Casa de la Naturaleza..., son asumidos como propios por la provincia y se van a realizar también con su dinero. ¿Por qué? Porque se ve claramente que donde mejor se puede realizar el proyecto pastoral es en Arantzazu», señala Iñaki Beristain.

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