Irun-Brinkola, un trayecto de riesgo

Los interventores de los trenes de cercanías redactaron el pasado año cuarenta partes por amenazas y agresiones por menores extranjeros

JAVIER PEÑALBA
Viajeros aguardan la llegada de un tren en la estación de Beasain. [JOSÉ MARI LÓPEZ]/
Viajeros aguardan la llegada de un tren en la estación de Beasain. [JOSÉ MARI LÓPEZ]

SAN SEBASTIÁN. DV. Los interventores de los trenes de cercanías de Renfe están preocupados. Desde hace un año, los 81 kilómetros de la línea ferroviaria que separan Irun de Brinkola se han convertido en un trayecto de riesgo. Durante meses han soportado insultos, amenazas e incluso varios de ellos han sido víctimas de agresiones por parte de un grupo de menores extranjeros, la práctica totalidad de ellos tutelados por la Diputación, que actúan con una «impunidad insultante», afirman. «Son conscientes de que, hagan lo que hagan, no les va a suceder nada. Cuando se enfrentan a los interventores les dicen: 'pero qué me va a pasar si soy menor'», afirman fuentes sindicales de la compañía ferroviaria. Mañana, representantes del comité de empresa tienen previsto mantener una reunión con el gerente de cercanías y responsables de seguridad para a analizar la situación.

Los problemas comenzaron a primeros de 2007, tras percibirse un incremento de «graves y reiterados altercados», tanto en los trenes como en los andenes de estaciones de la línea Irun-Brinkola, «que pusieron y siguen poniendo en peligro la tranquilidad, seguridad y la integridad física de las personas que trabajan así como la de los viajeros», afirman portavoces de los empleados.

El pasado año, los interventores cumplimentaron nada menos que cuarenta partes por incidentes. La mayoría de ellos tuvo lugar entre las estaciones de Beasain y Donostia, y en la práctica totalidad de los casos, los autores fueron menores de origen magrebí que permanecían bajo la tutela de la Diputación foral de Gipuzkoa. «Que nadie piense que se trata de un problema de racismo», se apresuran a indicar portavoces sindicales.

«Es una realidad constatada: hay un colectivo de chicos extranjeros que insulta, amenaza y, en ocasiones, agrede a nuestros compañeros y también a los viajeros. No hay nada xenófobo cuando afirmamos que son magrebíes. Todo lo contrario, compartimos las políticas sociales que se promueven y desarrollan por parte de las instituciones públicas para facilitar su integración social», sostienen.

Muy violentos

Los menores actúan siempre en grupo y, según los interventores, sus cabecillas son «muy violentos y peligrosos». En diciembre del pasado año, un menor de origen magrebí fue detenido a la salida de la estación de Beasain acusado de asestar siete navajazos a un hombre de 30 años, de nacionalidad ucraniana.

Fuentes sindicales de Renfe sostienen que la violencia que, en ocasiones, los chicos muestran se debe a que «van puestos hasta las cachas». Reconocen que el enfrentamiento surge «cuando se les pide el billete y, como no lo llevan, el interventor les indica que han de bajar en la siguiente estación. Claro, no lo hacen. Sin embargo, también es cierto que otras veces no les hace falta motivo alguno para montarla».

La sucesión de altercados genera una gran tensión y desasosiego entre los revisores. «Cuando se incorporan al trabajo no saben si la jornada va a transcurrir con normalidad o, por el contrario, será un día conflictivo », afirman. Las agresiones han dado origen incluso a bajas laborales.

Impunidad

Los interventores, un colectivo que agrupa a una veintena de personas, destacan la «impunidad» con la que los menores actúan. «Saben que nadie les va a hacer nada, que su actuación no tendrá ninguna repercusión. Incluso ellos mismos te lo dicen a la cara», sostienen.

En no pocas ocasiones, los trabajadores se han sentido solos, desamparados. Han visto que algunos viajeros se cambiaban de vagón tras percatarse de la existencia de un incidente. «Hombre, nosotros comprendemos que el pasajero no tiene por qué ser un héroe. Todos nos acordamos de la agresión que sufrió una joven en un tren en Barcelona. Entonces, hubo quienes criticaron a un chico que no hizo nada por evitar la agresión. Es razonable que haya quienes piensen que si interceden en una trifulca pueden terminar mal parados».

Seguridad

Los trabajadores exigen seguridad. Durante el pasado año, representes de Renfe, Ertzaintza y Diputación mantuvieron reuniones con la finalidad de atajar el problema. La Policía vasca incrementó la vigilancia, si bien ello no evitó que los altercados se sucedieran.

Los trabajadores consideran, además, que la situación se ha agravado por la «reducción sustancial» por parte de Renfe del número de horas y personas contratadas para garantizar la seguridad, lo que provoca que «haya más trenes sin vigilancia».

Además de con vigilancia, fuentes consultadas creen que los altercados se evitarían en buena medida con la implantación de un mecanismo de entrada a las estaciones similar a los existentes en los metros de las grandes ciudades, en los que para acceder es necesario primero sacar el billete. «Si colocaran esos tornos, bastaría con vigilar el acceso a la estación. Siempre cabe la posibilidad de que salten por encima, pero por lo menos encuentran una primera traba para penetrar, algo que ahora no existe», afirman.