Los chicos de la tele sueca1963

MIKEL G. GURPEGUI
Los chicos de la tele sueca1963

Es una imagen de otro tiempo. Con pantalones de tubo y pinta de componentes de un conjunto musical pop, dos chicos posan en el Muelle donostiarra. Uno lleva una cámara. Su compañero sujeta un enorme magnetofón.

La fotografía la publicaba DV en su portada del 8 de febrero de 1963, con el siguiente pie de foto: «Se hallan en San Sebastián dos periodistas de la Televisión sueca, que han venido a pasar más de un mes entre nosotros para filmar escenas del folklore y la vida en el País Vasco. En la página séptima publicamos un reportaje sobre este tema. (Foto Arturo)».

Eran otros tiempos, cuando la presencia de un medio informativo extranjero llamaba la atención. Y cuando los informadores disponían de un mes para realizar con calma su trabajo.

Lennart Olson, a quien se presentaba como el cameraman, y Daniel Grenholm, técnico de sonido y guionista, no pasaron desapercibidos durante el tiempo que pasaron en San Sebastián para preparar dos documentales de media hora sobre la vida y el folklore en el País Vasco. «Hemos estados visitando a hombres que tan bien conocen lo vasco, como Barandiarán, Elósegui, Busca, Laborde, Peña.... y hemos encontrado por todas partes comprensión y colaboración», comentaban los chicos de la televisión sueca, que aseguraban: «Estamos sorprendidos de esta realidad, de una vida de alto nivel y de una tradición y conservación de la riqueza folklórica como quizá en ningún pueblo en estas condiciones se dé».

Siempre nos ha interesado la mirada del otro. Unos días antes, en enero de 1963, DV publicaba traducidos estractos del amplio reportaje, titulado The Golden Beaches of San Sebastian, que acababa de publicar la revista norteamericana Holyday, después de que el redactor J. Bryan y la fotógrafa Sabine Weiss pasaran una temporada entre nosotros.

Entre algunos tópicos sobre «una de las más encantadoras pequeñas ciudades de la tierra», el artículo decía alguna cosa soprendente, como que nuestra comida es picante. «Volviendo a los restaurantes, la mayoría de los platos vascos son picantes, y aunque después se limpie con sidra del país o con chacolí, el pálido, seco vino local, su garganta siente como si el diablo la hubiera tomado por asalto».

Más veraz parece otro dato en que insistía el reportaje de la revista estadounidense, los bajos precios. «Aunque España ha sido visitada en los últimos años en gran número por turistas extranjeros, los precios continúan bajos. Los hoteles y restaurantes de lujo de San Sebastián cuestan la mitad que los de Biarritz (...). Antes de mucho, no hay duda, San Sebastián se vengará del martirio de su Santo Patrón y clavará a los turistas. Mientras tanto, la ciudad es una ganga. Es también -un amigo mío me urge lo mencione- una feliz tierra para los coleccionistas de miniaturas en botellas de licor. El encontró allí 18, las cuales no había visto antes en ningún sitio».