«La verdad es que el 'monotema' vasco ya aburre soberanamente»

Gurutz Jáuregui cree que plantear en este momento la propuesta sobre el derecho de decisión «complica el proceso de integración de la sociedad vasca»

ALBERTO SURIO
Gurutz Jáuregui, en la Facultad de Derecho de San Sebastián. [M. FRAILE]/
Gurutz Jáuregui, en la Facultad de Derecho de San Sebastián. [M. FRAILE]

Es un lúcido observador de la realidad vasca que investiga los nacionalismos y los problemas de la democracia. Pero se le nota harto de dar vueltas a la misma noria. El 'monotema' vasco «ya aburre soberanamente», confiesa el catedrático Gurutz Jáuregui, que va a cumplir 30 años dando clase en la Facultad de Derecho de San Sebastián. «Dudo mucho que plantear en este momento la propuesta sobre el derecho de decisión nos acerque la paz y la normalización», opina.

-Se muestra usted muy reticente en los últimos tiempos a conceder entrevistas y a participar en debates públicos. ¿Por qué?

-La verdad es que el 'monotema' vasco ya aburre soberanamente. Me pasa a mí como estudioso de la política. Desde ese punto de vista carece del más mínimo interés. Como ciudadano, en la medida en que avanzo en la edad, veo más probable el hecho de que no llegaré a conocer una Euskadi en paz. Eso me produce escalofríos.

-¿Cómo salir de ese círculo cerrado del 'monotema' vasco?

-Lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo. El conflicto político vasco es un conflicto de muy poca entidad. Se han resuelto adecuadamente situaciones mucho más conflictivas que la nuestra. Hasta en las tragedias políticas peores y más sangrientas, como las guerras entre Francia y Alemania, al final la idea del pacto ha terminado por abrirse camino. ¿Por qué nosotros no? La respuesta es muy simple. No es tanto una cuestión de ingeniería política como de voluntad. Hay que elevar el vuelo gallináceo en el que habitualmente se sitúa la solución a este asunto. Dicho esto, habría que puntualizar que entre las partes implicadas hay algunos que vuelan menos bajo que otros. ETA, por ejemplo, apenas ha sido capaz en los sucesivos procesos de pacificación ni tan siquiera de despegarse del suelo. Me temo que cuando realmente quiera volar va a ser demasiado tarde.

-¿El derecho de decisión, tal como se plantea, puede acercar la paz y la normalización política vasca?

-Lo dudo mucho. En contra de la opinión mayoritaria vigente en el ámbito español, considero que la ciudadanía vasca está en teoría perfectamente legitimada para ejercer ese derecho. Pero no considero conveniente plantearlo en este momento por dos motivos: primero, no puede realizarse esa consulta en condiciones mientras dure la violencia. Y en segundo lugar, el principal problema vasco en este momento no es tanto el obtener más poder político, cosa evidentemente necesaria, sino construir país. La propuesta del derecho de decisión en este momento no facilita sino que complica el proceso de integración de la sociedad vasca.

-Pero el peso de lo identitario sigue siendo muy fuerte en el debate vasco...

-Existe una hipertrofia de lo identitario-nacional, llamémosle así, de forma que otros asuntos pueden estar siendo relegados a planos más discretos. Los problemas de la humanidad, los problemas reales de la gente, quedan semitapados por esa especie de opaca pantalla de lo nacional-identitario. No niego que existan problemas relacionados con lo identitario, pero la identidad no es el único problema ni siquiera el más importante para la gente, que no vive sólo de las identidades. Sobre todo cuando ha pasado ya la época de los estados nacionales homogéneos y de las soberanías exclusivas.

-Pero los partidos tocan esa tecla...

-Los partidos suelen abusar de esos recursos, sobre todo en las campañas electorales. Miran los réditos electorales de corto plazo, no los réditos sociales de fondo. Pero a la larga puede pasarles factura.

La «ucronía»

-¿Qué echa de menos en el nacionalismo vasco y en los partidos de ámbito estatal?

-Pues precisamente la necesidad de abandonar el vuelo gallináceo. Por otra parte, y en lo que hace referencia a la relación entre Euskadi y España, las formaciones tanto nacionalistas vascas como nacionalistas españolas, porque unas y otras son nacionalistas en mayor o menor grado, padecen de una grave enfermedad muy poco conocida. Se trata de la ucronía. Consiste en vivir fuera del tiempo que nos ha tocado vivir. Tanto las formaciones de ámbito estatal como las de ámbito vasco están empeñadas en resolver el problema vasco con instrumental quirúrgico del siglo XIX en el siglo XXI que, como sabemos, es el siglo del láser. Definitivamente debe ser un problema de dislexia a la hora de leer los números romanos. La pelota está en los dos tejados, no sólo en uno. Le diría una cosa. Sigue siendo nada fácil la posición de las personas que no pertenecemos a ninguna tribu. En este país sigue existiendo un deficiente consenso civil básico. Sería necesario un gran acuerdo sobre el encaje de Euskadi y su relación con el Estado, respetuoso con todas las sensibilidades nacional-identitarias, con altura de miras, sin chovinismos.

-¿Cómo contempla la próxima campaña electoral?

-Con respecto a la campaña la verdad es que me pongo a temblar pensando en las majaderías que vamos a oír en los mítines y, ojo, en las tertulias. Afortunadamente voy a estar dos semanas en el extranjero lo cual va a permitirme mantener los datos de mi tensión arterial dentro de los límites normales. Con respecto a lo que está en juego, me conformaría con que el partido que resulte perdedor, sea quien sea, no trate de deslegitimar la victoria del ganador, como ha ocurrido desgraciadamente a lo largo de esta legislatura.

-¿Cómo valora el creciente desapego de la sociedad respecto a la actividad política en Euskadi y en el conjunto de España?

-El desinterés por la política es un fenómeno generalizado y, por lo tanto, no específico del País Vasco o de España. Se trata de un fenómeno consustancial a la propia filosofía elitista sobre la que se asientan los actuales sistemas democráticos. El desinterés por la política no se deriva tanto de la falta de interés por parte de los ciudadanos, sino del empeño por parte de las élites políticas en reducir la participación ciudadana al mínimo posible. El desapego en el caso español y vasco es, si cabe, más intenso que en otros países. En el caso español, una buena culpa de ello, aunque no toda, la tiene la constante e irresponsable campaña de deslegitimación a la que ha sometido el Partido Popular al Gobierno durante toda la legislatura. En el caso vasco, el hastío provocado por todo lo que rodea a la violencia.

-¿Qué riesgos de populismo y de autoritarismo se esconden en ese repliegue hacia el individualismo?

-Los riesgos son muy reales y pueden traer consecuencias demoledoras. Asistimos a un profundo deterioro de los valores democráticos más sagrados. Y ese deterioro avanza de forma imparable, a velocidad vertiginosa. Por citar tan sólo a dos de los países con mayor pedigrí democrático, hace tan sólo diez años era inimaginable la existencia de un Guantánamo o de una ley como la británica que permite mantener incomunicados a los detenidos por terrorismo durante tiempo indefinido. Es cierto que el terrorismo ha obligado a reforzar las medidas de defensa de la democracia, pero no lo es menos que, al amparo del terrorismo se están dando dentelladas de muerte a los sistemas democráticos.