Plaiaundi, parada y fonda de aves

La regeneración del humedal de Txingudi cumple diez años con 45.000 visitantes al año y la incógnita de su futuro, pendiente del traslado de las instalaciones deportivas

FERNANDO SEGURA
Vista aérea del parque de Plaiaundi, con la bahía de Txingudi y la pista del aeropuerto al fondo, tomada en 1999. [PLAIAUNDI]/
Vista aérea del parque de Plaiaundi, con la bahía de Txingudi y la pista del aeropuerto al fondo, tomada en 1999. [PLAIAUNDI]

san sebastián. DV. Las marismas de Txingudi y de Jaizubia, en el estuario del Bidasoa, forman el humedal marítimo más extenso de Euskadi, junto al vizcaíno de Urdaibai. En su interior se creó en 1998 el Parque Ecológico de Plaiaundi, ejemplo de restauración de un humedal desecado y degradado. Plaiaundi recibe anualmente 45.000 visitantes y Jaizubia 18.000. La afluencia al primero se ha estabilizado, en tanto que en el segundo, dada su reciente apertura (2004), se espera que se incremente con el paso del tiempo.

El próximo verano se cumplirán diez años de la inauguración de Plaiaundi. La efemérides, y el hecho de que hoy se celebre el Día Mundial de los Humedales, son un buen motivo para repasar lo realizado, diagnosticar la situación actual y analizar los proyectos a desarrollar en este humedal y en el cercano de Jaizubia. Ambos configuran una enorme marisma de 50 hectáreas, clave para el refugio de miles de aves migratorias. Una auténtica joya natural que ha conseguido sobrevivir a las agresiones que ha padecido durante siglos. No obstante, y como veremos más adelante, la recuperación no se ha completado y todavía el estuario no está a salvo de desmanes de todo tipo.

Agresiones

En la Edad Media se inició la desecación del estuario del Bidasoa para ser aprovechado como suelo agrícola. Para remate, en el siglo XX las marismas fueron constreñidas entre grandes infraestructuras (aeropuerto, N-I, Renfe...). Parece un milagro que aún sigan siendo parada obligada para miles de aves migratorias.

El primer aviso sobre la catástrofe ecológica que se cernía sobre los humedales de Txingudi lo dieron en la década de los setenta los observadores de aves que conocían la riqueza faunística del estuario. El Gobierno Vasco, alertado por la información aportada por estos naturalistas y presionado por la creciente sensibilización social, promovió en el año 1983 un extenso estudio sobre el interés ecológico de la zona.

Resultado de estas iniciativas fue la redacción del Plan Especial de Protección y Ordenación de los Recursos Naturales de Txingudi, aprobado por el Ejecutivo autónomo y los ayuntamientos de Irun y Hondarribia.

Protección

A partir de ese momento y hasta la actualidad, los humedales han ido sumando los más altos grados de protección existentes. El estuario está catalogado como Zona de Especial Protección para las Aves y Lugar de Importancia Comunitaria, ambas figuras recogidas en la Red Natura 2000. Además, está calificado como Humedal de Importancia Internacional (Convenio Ramsar), documento que avala a las principales marismas del mundo.

Los diez años transcurridos desde la regeneración de Plaiaundi han dado como resultado una recuperación faunística innegable a todas luces. La regeneración consistió en la eliminación de huertas y el traslado de algunas actividades económicas. En su lugar, se revegetó el espacio y se crearon lagunas alimentadas por agua del mar que entra en la zona mediante compuertas, al ritmo de las mareas.

Mikel Etxaniz, técnico en seguimiento de fauna adscrito al centro de interpretación de Plaiaundi , explica que el enclave destaca por la riqueza en aves. «Anualmente se registra una media de 175 especies, aunque la mayor parte de ellas lo hace en condición de viajeros de paso. Sólo recalan en Txingudi durante un tiempo limitado, con el fin de recuperar fuerzas y alimentarse».

Algunas especies emblemáticas, como la espátula, merecen especial consideración. Según Etxaniz, entre un 10% y un 20% de la población total norteuropea pasa por Txingudi en otoño.

El técnico de Plaiaundi añade que el estuario representa el más importante lugar de invernada de aves acuáticas de Gipuzkoa, «así como uno de los enclaves en los que la migración se muestra con mayor intensidad, destacando el periodo de agosto a noviembre. Todo ello justifica que Txingudi sea uno de los mejores lugares de observación de aves la Comunidad Autónoma».

Peligros

Si bien los logros alcanzados son evidentes, esto no quiere decir que la tarea haya concluido. Tanto Etxaniz como sus compañeros Alberto Luengo (técnico en Hábitats) y Nerea Azpeitia (técnico en Educación Ambiental), subrayan que el proyecto más urgente que queda por ejecutar, debido a la demora acumulada y al impacto que provoca, es el traslado de las instalaciones deportivas. «Mientras permanezcan en Plaiaundi, el parque no puede funcionar a pleno rendimiento, dada la merma de superficie, las molestias por ruido, luces y suciedad, así como por la dificultad de ordenar el uso público».

Añaden que para completar la regeneración del estuario falta por restaurar las Islas del Bidasoa (sin previsión de ejecución), decidir y ejecutar el proyecto final para Oxinbiribil, y de algunos otros enclaves menores. También queda por comunicar peatonalmente Plaiaundi y Jaizubia. Los dos espacios son contiguos, pero están separados por la regata de Zubimusu, impedimento que sería subsanable mediante una pasarela.

Los humedales tampoco están exentos de la amenaza de algunos peligros. Etxaniz señala que a pesar de que el enclave goza del mayor nivel de protección legal (Natura 2000) e internacional (Ramsar), la presión del crecimiento urbano y de infraestructuras en torno al humedal provoca amenazas reales. «Valgan como ejemplo -señala el técnico- el proyectado desdoblamiento de la N-I o la hipotética ampliación del aeropuerto. A nivel de uso público, existen usos indeseados como el marisqueo, el furtivismo, el vandalismo y el botellón nocturnos».

Abierto al público

La razón de ser de la regeneración de Plaiaundi y Jaizubia, además de la recuperación ambiental, es su disfrute por los ciudadanos. Los visitantes disponen en el primer caso de un sendero de 2,5 kilómetros y en el segundo de 4. En un futuro, los dos espacios estarán conectados. En ambos enclaves, se han instalado paneles informativos, así como casetas y torres desde las que observar a las aves sin que éstas sean molestadas.

Plaiaundi dispone de un centro de interpretación, en el que se desarrollan actividades de educación ambiental. A las mismas acudieron el año pasado alrededor de 6.000 personas. El centro dispone de un teléfono de información: 943 619389.

Recorrer cualquiera de los dos enclaves es una delicia. Ahora bien, no es fácil observar a las tímidas aves y, para lograrlo, es obligado llevar prismáticos. El invierno no es el mejor momento para visitar estos humedales pero, por si algún lector se anima, indicaremos que es la época de invernada de los cormoranes y de los patos, al tiempo que se asiste al florecimiento del sauce negro y se escuchan los primeros croares de las ranas y sapos. Es el aperitivo para la eclosión de vida que llegará un poco más tarde, en primavera.

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