La larga marcha por la igualdad

El Instituto Vasco de la Mujer cumple dos décadas. Sus creadores recuerdan el cambio social vivido en este tiempo

MITXEL EZQUIAGA
2005. Emakunde ha promovido campañas de concienciación como ésta contra la violencia de género, que desarrolló con Eudel. [I. AIZPURU]/
2005. Emakunde ha promovido campañas de concienciación como ésta contra la violencia de género, que desarrolló con Eudel. [I. AIZPURU]

SAN SEBASTIÁN. DV. «Nacimos con más voluntad que medios y la fuerza de saber que era el momento histórico de reparar una injusticia social», recuerda hoy Txaro Arteaga, primera directora de Emakunde. En este tiempo las gentes del Instituto Vasco de la Mujer inventaron personajes como Sorkunde (el dibujo realizado por Forges) que lucharan contra los viejos hábitos, organizaron cursillos de plancha para hombres o talleres de mecánica para mujeres y sobre todo lograron que el Parlamento Vasco aprobara en 2005 la Ley para la Igualdad de Mujeres y Hombres, que vienen a ser las «tablas de la ley» para combatir definitivamente la discriminación de género.

Emakunde cumple exactamente veinte años el martes, 5 de febrero, y esa tarde se celebrará un acto en la Lehendakaritza, en Gasteiz, presidido por Juan José Ibarretxe, para conmemorar estas dos décadas que nacieron bajo la premisa de «conseguir la igualdad efectiva de mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida política, económica, cultural y social del País Vasco».

La ley de Igualdad, el hito

Cuando el Parlamento aprobó la creación de Emakunde, en 1988, la Cámara vasca contaba entonces con sólo seis parlamentarias frente a 66 parlamentarios masculinos. Hoy en día el 52% de los escaños los ocupan mujeres. Es una de las consecuencias de la puesta en marcha de la Ley de Igualdad, pero no la más importante, como remarca Txaro Arteaga y subrayan desde Emakunde, entidad que dirige desde hace dos años Izaskun Moyua. Esa ley establece que todas las normativas institucionales vascas sean sometidos a criterios de igualdad entre hombres y mujeres, y fue desarrollada luego por el IV Plan de Acción Positiva que desarrolla sus criterios.

Pero como se recuerda desde Emakunde, esa ley es sólo el espejo de un profundo cambio operado en el seno de la sociedad. «Hábitos de discriminación que hoy nos parecerían inadmisibles eran comunes en 1988», explica Txaro Arteaga. «Al principio había quien nos acusaba de defender a la mujer en contra del hombre, nos veían como radicales y levantábamos suspicacias incluso dentro de la propia administración. Pero nosotros y nosotras sabíamos que el tren de la historia exigía que resolviéramos un déficit que afectaba a la más pura esencia del sistema democrático»

Ese déficit se ha ido superando. Txaro Arteaga recuerda como un momento clave la conferencia internacional de Nairobi, en 1985, cuando la ONU animó a los países a promover actuaciones e instituciones para terminar con la desigualdad entre hombres y mujeres.

Pero si los cambios legales e institucionales han ido realizándose poco a poco, «sin traumatismos pero forzando el paso de la sociedad vasca», curiosamente han sido las actuaciones en ámbitos más «sociales» las que acompañaron con mayor polémica a Emakunde. El papel activo del Instituto Vasco de la Mujer en los alardes de Irun y Hondarribia generó en su momento un intenso debate, al igual que algunas de sus recomendaciones en el ámbito de las sociedades gastronómicas reservadas sólo para hombres.

El espíritu de Sorkunde

Cambiar los usos sociales es más complicado que cambiar las leyes. Por eso Emakunde se esforzó desde el principio en realizar campañas originales y diferentes con el ánimo de «concienciar» a la opinión pública.

En ese sentido fue clave la creación en 1992 de la figura de «Sorkunde, la curranta de Emakunde». sobre un dibujo creado por Forges. «En poco tiempo Sorkunde se descubrió como un instrumento útil y eficaz para la sensibilización», admiten ahora desde Emakunde. Y realmente Sorkunde, que fue difundida a través de campañas de publicidad en televisión y otros soportes, alcanzó en su día notable popularidad.

La lucha contra las agresiones sexuales a mujeres, las campañas de divulgación en centros escolares, el apoyo a asociaciones de mujeres o la puesta en marcha de diferentes talleres constituyen buena parte de la actividad de Emakunde en estas dos décadas, completada con una amplia participación en foros internacionales y estudios de diferente tipo.

Y es que, tal como señala Txaro Arteaga, «hemos hecho un trabajo de hormiguitas, paso a paso, y hemos dejado constancia escrita de todos nuestros trabajos, para que queden como ayuda a otros. Hace años nos llenó de satisfacción, por ejemplo, saber que el Instituto de la Mujer de Chile se guiaba en buena parte, según nos dijeron ellos mismos, por los documentos y trabajos desarrollados desde Emakunde».

Queda mucho por hacer, pero se ha hecho mucho. Es el resumen de lo que piensa la propia Arteaga y la actual dirección de Emakunde, una labor en la que se conjugan las reformas estructurales con los cambios simbólicos. Incluido ese latiguillo de «los vascos y las vascas» que repite Ibarretxe y que aún suscita comentarios contrapuestos entre quienes lo escuchan, y que nace de las recomendaciones de Emakunde. No en vano Txaro Arteaga dice que el empuje de lehendakari fue «fundamental» para la ley de Igualdad.

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