Los cimientos de la literatura en euskera

Sólo se conocen ocho obras escritas en euskera en el siglo XVI. Apenas seis han llegado hasta nuestros días, la mayoría ejemplares únicos dispersos en varias bibliotecas

NEREA AZURMENDI
El Nuevo Testamento de Leizarraga adquirido por la Academia./
El Nuevo Testamento de Leizarraga adquirido por la Academia.

SAN SEBASTIÁN. DV. La reciente incorporación a los fondos de la Biblioteca Azkue de Euskaltzaindia de un ejemplar de la primera edición del Nuevo Testamento que el labortano Joanes Leizarraga (1527-1601) tradujo al euskera por encargo de la reina de Navarra, Juana de Albret, y se editó en La Rochelle (Francia) en 1571 ha contribuido a enriquecer el patrimonio bibliográfico vasco. Pese a todo, sigue siendo muy escaso en lo que respecta a vestigios de las obras que se editaron en el siglo XVI, el siglo en el que la imprenta moderna comenzó a extenderse por Europa.

Pruden Gartzia, responsable de la Biblioteca Azkue, cifra en ocho las obras escritas en euskera en el siglo XVI de las que haya quedado constancia -siete libros impresos y un manuscrito-, aunque de dos sólo quede la constancia, ya que o no se ha encontrado ningún ejemplar, o no se han conservado ejemplares de la primera edición. Y de los pocos que han perdurado, salvo del Nuevo Testamento de Leizarraga, sólo han llegado hasta nuestros días ejemplares únicos, un hecho que acrecienta la fragilidad de los cimientos documentados de la literatura en euskera.

Esa escasez de vestigios es, a juicio del responsable de la biblioteca de la Real Academia Vasca, «una de las peculiaridades de la literatura en euskera», pero no es una circunstancia excepcional: «El Cantar del Mio Cid también se conoce gracias a un manuscrito del siglo XIV, el único que se conserva. Si se hubiera perdido, la visión de la literatura medieval en castellano sería completamente diferente».

Por lo tanto, utilizar el criterio de la escasez para medir el alcance de las primeras expresiones escritas del euskera y extraer conclusiones al respecto es, cuando menos, un ejercicio aventurado. Hallazgos como el del manuscrito del noble alavés Juan Pérez de Lazarraga, escrito entre 1564 y 1567, del que no se tenía conocimiento hasta que fue encontrado por casualidad por Borja de Aguinagalde, responsable de Patrimonio Documental del Gobierno Vasco, en una tienda de libros antiguos de Madrid y aquirido en 2004 por la Diputación Foral de Gipuzkoa -el original se encuentra en la biblioteca Koldo Mitxelena- han conducido a replantear muchas cuestiones relacionadas con la literatura en euskera. «No se puede descartar que vayan a aparecer nuevos materiales», afirma Pruden Gartzia, buen conocedor del contenido de las 51 cuartillas que componen el manuscrito. Un texto -Bertso, kanta eta maitasun-kontuen bilduma- que contiene narraciones de tipo pastoril, poesías de tinte amoroso y algún poema religioso y que muestra, entre otras cosas, que no toda la literatura escrita en euskera en el siglo XVI tenía una función exclusivamente doctrinal y religiosa.

Los Nuevos Testamentos

Mientras no se realicen nuevos hallazgos, el catálogo de la primerísima literatura vasca seguirá siendo muy reducido, y continuará encabezado en cuanto a la antiguedad por el Linguae Vasconum Primitiae, escrito «per Dominum Bernardum Dechepare» y editado en Burdeos. Pese a que al igual que en el resto de los casos diversas ediciones facsímiles han permitido su divulgación y su conocimiento, el único ejemplar de la primera edición de 1545 -año fun- dacional de la literatura escrita en euskera mientras nuevos descubrimientos no demuestren lo contrario-, se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia.

En esa misma institución, que tiene sus orígenes en el siglo XIV y ha gestionado desde 1537 el depósito legal, por lo que ha podido ir incorporando a sus fondos todo lo que se ha publicado en Francia, se encuentran igualmente los dos únicos ejemplares de la primera edición de sendos trabajos de Joanes Leizarraga: el ABC edo Kristinoen Instruktionea, othoitz egiteko formarekin (concebido también como iniciación a la lectura) y Kalendrera, Bazko noiz daten, ilhargiberriaren eta letra dominicalaren eçagutzeko manerarekin. Ambos libritos, poco más que folletos, fueron impresos en La Rochelle -plaza fuerte calvinista- en 1571, con el mismo objetivo general que la traducción del Nuevo Testamento que se imprimió en la misma imprenta el mismo año: difundir el protestantismo que profesaban tanto Leizarraga como la patrona de la iniciativa, Juana de Albret.

Es precisamente la traducción del Nuevo Testamento, que contiene a su vez un catecismo y un libro de oraciones que también pudieron ser editados como obras independientes, el vestigio más sólido de la literatura en euskera del XVI. No sólo porque, a diferencia de los restantes, es un libro abundante en páginas, sino también por el número de ejemplares de la primera edición que se conocen y se conservan. Aunque no es fácil determinar dónde pueden encontrarse los 26 de los que hablaba el vascólogo francés del siglo XIX Julien Vinson, un buen número de los mismos pueden ubicarse con precisión. Uno de los ejemplares se conserva, por ejemplo, en el fondo Julio de Urquijo que la Diputación de Gipuzkoa adquirió en 1951. Se conservaba otro en la biblioteca de los padres benedictinos de Lazkao, pero fue trasladado a la abadía de Bellocq. «Antes de que yo me hiciera cargo de la biblioteca» matiza su actual responsable, Juan José Agirre, sugiriendo que en ese caso el traslado habría sido más complicado... También tiene su correspondiente ejemplar la Biblioteca Nacional francesa.

Controvertido fue el modo en que, en 1995, llegó un ejemplar de la editio princeps de la traducción de Leizarraga a manos del Gobierno de Navarra. El hecho de que en la subasta que se celebró en la casa Christie's de Londres en marzo de aquel año rivalizaran por el ejemplar la fundación Sancho el Sabio de Vitoria, respaldada por Caja Vital, y la Caja de Ahorros de Navarra, representada por un postor no identificado, elevó el precio del libro hasta los 33 millones de pesetas (cerca de 200.000 euros). Menos de 29.000 ha pagado Euskaltzaindia por un ejemplar que se encuentra en mejores condiciones que las inicialmente anunciadas: exactamente, las 20.000 libras que se establecieron como precio de partida en la subasta que tuvo lugar en Sotheby's de Londres a finales de noviembre del pasado año, en la que nadie pujó por la obra. El académico José Luis Lizundia, quien afirma que carecen de información acerca de la procedencia del ejemplar adquirido por la Academia, subraya que todas las gestiones se han realizado con la máxima discreción, porque en estos casos el precio suele ser directamente proporcional al interés que se muestra...

Puede encontrarse también un ejemplar del Nuevo Testamento de Leizarraga entre los valiosísimos fondos bibliográficos que reunió Telesforo de Monzón. El libro, cuidadosamente custodiado en una caja fuerte según algunas de las pocas personas que han tenido acceso al mismo, pertenecía a la biblioteca del vascólogo francés Georges Lacombe (1879-1947), que Monzón adquirió a su muerte por un precio que algunas fuentes establecen en un kilo de oro.

En cuanto a la doctrina de Betolaza editada en 1596 en Bilbao, es el único libro impreso en el País Vasco peninsular. Aunque Resurrección María de Azkue ya la había localizado en París, finalmente fue el Parlamento Vasco quien adquirió, bajo la presidencia de Juan José Pujana, este curioso libro bilingüe en el que Betolaza, por encargo del Obispo de Calahorra, reduce «à lenguaje mas comun y mas vsado» las instrucciones para que «obejas de aquellas partes» sigan el recto camino de la Doctrina Christiana. Dentro de unas semanas, por cierto, la versión digitalizada de este documento estará disponible en internet, al igual que el resto de los fondos de la biblioteca del Parlamento Vasco.

nazurmendi@diariovasco.com

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