Las torres, bajo mínimos de seguridad

Las torres de Unzaga, Amaña, Urkizu y Romualdo Galdós, que concentran a una elevada población, no tienen alarmas, detectores de humo, evacuación, tan sólo extintores

ALBERTO ECHALUCE
La de Unzaga es un ejemplo del desarrollismo eibarrés. [F. MORQUECHO]/
La de Unzaga es un ejemplo del desarrollismo eibarrés. [F. MORQUECHO]

EIBAR. DV. Las torres de Eibar y los edificios eibarreses cuentan con los mínimos dispositivos de seguridad instalados. En su mayor parte, las torres de Unzaga, Urkizu, Amaña disponen de los necesarios extintores, muchos de ellos en cada planta o cada dos o tres plantas, pero no existen rutas de evacuación, ni escaleras contra incendios, ni la más absoluta formación a los vecinos. Jesús Cortés de la asesoría Euki, que gestiona varias comunidades de vecinos, señala que «existe un déficit importante en este aspecto. Unicamente, las comunidades tienen extintores, y nada más».

Algunas comunidades, caso de los edificios de torres de Urkizu, sí cuentan con las llamadas co-lumnas húmedas, que alojan conducciones de agua para que en un caso de emergencia se pueda instalar una manguera para sofocar incendios. «En la torre de Unzaga, en el portal de Fermín Calbetón, se tiene previsto también instalar una columna húmeda, pero estos sistemas sólo hay en edificios modernos». Prácticamente, las torres eibarreses no cuentan con escaleras contra incendios, dado el fuerte coste que conlleva su instalación.

Desde las torres de Tiburcio Anitua, un complejo de 15 viviendas por cada torre, se cuenta con dos extintores por planta, «aunque nunca nos hemos planteado en las reuniones de vecinos llevar a cabo la instalación de nuevos dispositivos contra incendios, alarmas y demás. Nunca hemos tenido ningún problema y con un extintor es suficiente. En las reuniones se abordan cuestiones sobre deficiencias detectados o arreglos a realizar. No se habla sobre cómo afrontar este tipo de aspecto».

Desde las torres de Urkizu se explica que, además de los extintores, se cuenta con mangueras de apoyo para extinción de incendios. En las torres de Romualdo Galdós también existen extintores, pero ningún dispositivo contra incendios más.

El desarrollismo

Muchas de las torres existentes en Eibar fueron construidas en una época en la que no existían avances ni tecnología relacionada con la seguridad. Las comunidades de vecinos han priorizado más la reforma exterior y la instalación de ascensores que el llevar a cabo grandes obras de seguridad.

La Torre de Unzaga, con un total de 19 pisos, es el espejo del desarrollismo eibarrés. Iniciadas las obras en 1966 y finalizadas entre 1968-1969, fue una de las primeras torres modernas de Gipuzkoa y la más valiosa de cuantas se levantaron en la comarca del Bajo Deba. Erigida en el centro de Eibar, tuvo que solventar diversos problemas en su inicio por la aparición de agua, cuando se acometían las labores de cimentación.

Poco a poco destacó por los cimientos de acero que fue albergando, con una sólida construcción, y núcleos de hormigón armado, que contenían los elementos de comunicación vertical, escaleras y ascensores. Grandes vigas sustentan el peso de las fachadas y los forjados, resueltos con secciones más ligeras.

La Torre de Unzaga, dividida en dos grandes estructuras de hormigón con sus dos portales, contiene en su bajo una sociedad gastronómica y un bar. A ras del suelo se cuentan con otra serie de locales comerciales, un bar y un cine para 300 espectadores. A partir de ahí se erigen cuatro pisos más de locales comerciales y otras 15 plantas para viviendas. Cada planta cuenta dos manos, con lo que al tratarse de dos estructuras que cimentan la torre, con sus 60 viviendas, se pueden contabilizar un total de 250 personas que a diario viven y duermen en la torre. Sólo tres plantas de viviendas están interconectas entre ambas dos estructuras.

Este complejo de viviendas y locales comerciales carece de escalera de evacuación y plan de emergencia. Sus vecinos ni siquiera han sido preparados para una emergencia. Cada tres pisos se cuenta con un único extintor de incendios. Sus ascensores han recibido un continuo trasiego en sus 35 años y carecen de luces de emergencia.

Algún susto

Unicamente se han registrado algunos sustos provocados por incendios leves. Uno de ellos, llevó a los bomberos a situarse en una terraza para extinguir el incendio, aunque el más grave fue la salida de polvo del último piso por una serie obras que alarmó a todos los vecinos por si se trataba de fuego.

Unos de los vecinos más antiguos de la torre de Unzaga, Oswaldo Gabilondo, señalaba que compramos «el quinto y sexto piso, dado que éramos familia numerosa. Como anécdota me fui al sexto piso por tratarse del único punto al que podía llegar una escalera de bomberos. Una bomba que explotó en el bar en el Círculo del Movimiento, a principios de los setenta, junto a la torre, sí afectó a nuestra fachada. En el caso de un incendio desde abajo no queda más remedio que buscar los pisos que se conectan con el portal de la calle Fermín Calbetón o subir hasta el último que permite salir por el otro portal», señalaba este vecino.

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