Donostia registra una eclosión de centros de investigación científica

Ibaeta y Miramón configuran polos ligados a la ciencia de vanguardia El Centro CSIC-UPV y Nanogune serán las próximas incorporaciones

IÑIGO URRUTIA IURRUTIA@DIARIOVASCO.COM
Una investigadora de Inbiomed comprueba el almacenamiento de células criopreservadas en un tanque de nitrógeno líquido. [JUAN HERRERO / EFE]/
Una investigadora de Inbiomed comprueba el almacenamiento de células criopreservadas en un tanque de nitrógeno líquido. [JUAN HERRERO / EFE]

SAN SEBASTIÁN. DV. La eclosión de centros científicos ligados a las biociencias y la nanotecnología ha fructificado en San Sebastián con la configuración de dos polos en Miramón y el campus de la UPV en Ibaeta que comienzan a situar a la ciudad en el mapa de la investigación. Un esfuerzo ímprobo del que en ocasiones se han desentendido instituciones que no quisieron acompañar las iniciativas surgidas desde la ciudad.

Lo que hasta hace apenas unos años prácticamente no existía, salvo contadas excepciones, casi individuales, emerge ahora como un pujante rimero de compañías y núcleos de investigación -Inbiomed, DIPC, Biomagune, Nanogune, Centro Mixto UPV-CSIC, Cidetec, Centro José María Korta...- en los que confluyen el impulso de la inversión pública y el interés del capital privado. En este contexto surge también el Kutxaespacio de la Ciencia, un equipamiento fundamental para promover la cultura científica y en el que Félix Ares, su primer director, demostró una extraordinaria capacidad de divulgación.

Casi de la noche a la mañana, en Donostia han aflorado iniciativas científicas que están sentando las bases para consolidar una masa crítica con el peso suficiente como para que comience a ser un lugar de trabajo atractivo para investigadores extranjeros.

En este punto, el DIPC marcó la pauta hace siete años con la captación de científicos rusos de solvencia contrastada. Ahora hay proyectos, como Nanogune, con una capacidad de seducción tal que la dirección científica la ha asumido Andreas Berger, que llevaba seis años trabajando para Hitachi, en San José (California).

Y si las iniciativas tienen crédito internacional, también contribuyen a frenar una tendencia preocupante, la descapitalización de materia gris, de aquellos universitarios que han emigrado del territorio guipuzcoano porque aquí carecían de expectativas para desarrollar una carrera científica.

Uno de los ejemplos de esa merma de capital humano de excelencia fue el donostiarra José Maiz, hoy responsable de calidad de Intel, primer fabricante mundial de chips, que forma parte del comité científico que asesora a Nanogune; o la también donostiarra Cristina Garmendia, presidenta de Genetrix -una de las principales compañías biotecnológicas españolas- así como de la Asociación Española de Biotecnología (Asebio), que ha desempeñado un papel fundamental en la reactivación de Inbiomed, que atravesó una crisis hace unos años y que hoy dispone del primer banco de células madre adultas de España (Inbiobank).

Garmendia, nominada para el Tambor del Oro hace un año, aunque las 'fuerzas vivas' de la ciudad prefirieron dárselo a un hostelero, también ha sido una de las artífices de Biobide.

Testado de fármacos

Esta compañía, dedicada al testado masivo en peces cebra de sustancias susceptibles de transformarse en fármacos, cuenta con el aval de Juan Carlos Ispizúa, una autoridad mundial en Biología del desarrollo, que en cierto modo es el trasunto de la medicina del futuro, -la medicina regenerativa-, y con la implicación del gigante MCC. Biobide puede adquirir a medio plazo una importancia extraordinaria como vínculo con la industria farmacéutica.

Kepa Korta, director de la Oficina del Plan Estratégico de San Sebastián, sostiene que la «eclosión científica ha sido indiscutible», pero subraya que no se partía de cero y que, «a diferencia de otros territorios» donde es la Administración pública la que crea tejido tirando de presupuesto, «aquí contábamos ya con una base en el ámbito de la investigación con materiales y nanociencias, de forma que ahora hay una sintonía con lo que en el territorio ya se estaba haciendo».

Porque hasta que se produce ese punto de inflexión a comienzos de esta década había una incipiente malla científica. Por ejemplo, el acervo del centro tecnológico Inasmet en el terreno de los nuevos materiales funcionales, profusamente empleados para resolver necesidades de biocompatibilidad de implantes, prótesis, catéteres, etcétera; o la trayectoria del CEIT, con unidades de microsistemas, electrónica y procesado digital de señales, y donde investigan 83 doctores y 95 doctorandos.

Ambos centros trasladaron sus sedes a Miramón, que adquirió un gran impulso durante la gestión de Manuel Cendoya, y donde también se localizó hace diez años Cidetec, especializado en tecnologías electroquímicas para nuevos materiales, energía y tratamiento superficiales; así como Vicomtech. En Miramón trabajan ahora 2.705 personas en 52 empresas. La última incorporación se produjo el año pasado con la fundación elgoibarresa Fatronik, con 60 investigadores y un presupuesto de 50 millones de euros para los próximos diez años, una de cuyas divisiones está orientada a la ingeniería biomédica y la neurorrehabilitación.

Es en este contexto en el que Industria del Gobierno Vasco promueve la construcción en Miramón del centro de investigación cooperativa Biomagune, con una inversión de 36 millones de euros y una plantilla de 70 personas, de las que el 90% son investigadores. Manuel Martín-Lomas y Soledad Penadés, se incorporaron como directores desde el Instituto de Investigaciones Químicas del CSIC en Sevilla. El centro contará el próximo año con una Unidad de Imagen Molecular, cuyo equipamiento costará tres millones de euros, orientada al desarrollo de nuevas técnicas de imagen para controlar dispositivos de liberación de fármacos en terapias personalizadas.

Biomagune firmó recientemente un acuerdo con la farmacéutica Molypharma para abastecer de radiofármacos a la red sanitaria vasca y de varias comunidades autónomas. El medicamento en cuestión se llama FDG y se emplea en pruebas diagnósticas de enfermedades como el cáncer o el Alzheimer y se elaborará con isótopos generados en un acelerador de partículas denominado ciclotrón en la Unidad de Imagen Molecular.

Conexión local

La creación de infraestructura científica plantea con todo alguna duda, como la que expresa Kepa Korta cuando advierte de que hay proyectos que «parten desde arriba y desde los que hay que hacer un esfuerzo para que tengan una conexión local que permita crear empresa y que las personas que trabajan en ese ámbito se mantengan».

Entretanto, en la vaguada de Ibaeta se ha ido conformando un polo de investigación que no ha dejado de crecer. Si Químicas ha sido, en buena medida, la facultad con mayor potencia investigadora, y Pedro MIguel Etxenike, el científico que más ha apostado por expandir la simiente de una investigación de excelencia, ha sido a su estela como han proliferado iniciativas que abarcan desde la ciencia básica del Donostia International Physics Center al centro Korta, Nanogune y el centro mixto CSIC-UPV.

El DIPC ha logrado en menos de una década consolidar una posición en el mapa mundial de la Física teórica y por sus laboratorios y despachos han pasado nobeles y otros científicos de primer nivel. Y sus logros investigadores son contrastables de un modo objetivo por el número de trabajos publicados en las revistas de referencia (Science, Nature, Physical Review Letters...).

De la Facultad de Químicas han surgido también equipos e institutos dirigidos por investigadores de primer nivel, -algunos de ellos ubicados en el centro Korta- como Fernando Cossío, o José María Asua, director del Instituto Universitario de Investigación en Materiales Poliméricos (Polymat), que tiene como objetivo relacionar la investigación universitaria y la industria de polímeros

En el centro Korta, inaugurado en marzo de este año, trabajan casi 200 personas agrupadas en siete grupos en Ciencia y Tecnología de Materiales, Química Médica, Informática, Ciencias Sociales y Humanidades.

Muy cerca se está construyendo ya el Nanogune, que nace con la ambición de transformarse en un polo de referencia en nanotecnología, para lo cual configuró un comité asesor con científicos de rango mundial, entre ellos John Pendry, cuyas aportaciones teóricas sustentan el reciente logro de que un objeto desaparezca cubierto por un manto de invisibilidad. Nanogune también cuenta como asesores externos con Jean Marie Lehn (Nobel de Química, 1987), y Heinrich Rohrer (Nobel de Física, 1986).

A escasos metros de Nanogune y el centro Korta comenzará a levantarse este otoño la sede del Centro de Física de Materiales de la UPV y el CSIC, donde trabajarán 60 cientìificos. Este centro mixto fue creado en 1999 y está dirigido por Juan Colmenero, con una plantilla de 25 científicos diseminados entre la Facultad de Químicas, el DIPC y la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Bilbao. El nuevo centro, cuya construcción supondrá una inversión de ocho millones de euros, constituye, por el momento, la última gran apuesta científica en la ciudad.

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