Los periódicos no existen... ¿O sí?

Santiago Posteguillo
SANTIAGO POSTEGUILLOEscritor

Libertad, la joven amiga de Mafalda, afirmaba:

-¡Los diarios! ¡Los diarios inventan la mitad de lo que dicen! ¡Y si a eso sumamos que los diarios no dicen la mitad de lo que pasa, resulta que los diarios no existen!

Libertad se va dejando tras de sí a una muy perpleja Mafalda.

Quino dibujó esto no ahora, en los tiempos de la mal denominada posverdad, sino hace decenios. Por partes: ¿posverdad? Veamos, eso no es más que un nuevo eufemismo inventado `para no denominar a las cosas por su nombre: la posverdad es la simple y llana mentira de toda la vida. No existen los que crean posverdad. Existen los mentirosos. Por otro lado, no creo que Quino pensara tal cosa sobre los diarios pues su trasunto en la genial serie de cómic era la propia Mafalda y el humorista argentino no puso en boca de la propia Mafalda esa drástica conclusión sobre la prensa, sino en boca de la que todos sabemos que era una amiga para quien todo era blanco o negro. Hoy día en España, Europa y Estados Unidos, lamentablemente, encontraremos reencarnaciones políticas de esta negación de la prensa, siempre en posiciones extremas. No piensan que la prensa no existe, sino que les gustaría que la prensa, efectivamente, estuviera muerta. Trump, Farage, Putin. Todos recurren a las mentirasdigitalizadas por gabinetes de márketing o servicios secretos para manipular a una población que, atónita y confusa asiste al final de la fiesta de la burbuja inmobiliaria y financiera en medio de una crisis eterna.

En este contexto, la prensa es más necesaria que nunca y, dentro del periodismo global, en particular, es más importante que nunca salvaguardar la libertad de expresión. Pero la prensa independiente siempre molesta.

Mijaíl Bulgákov fue el escritor favorito de Stalin. Dicen que el dictador y psicópata soviético vio en reiteradas ocasiones obras de teatro de Bulgákov, sobre todo aquellas en las que el autor describía la lucha contra los nazis. Pero luego, el mismo Bulgákov se atrevió a criticar al nuevo poder mentiroso enviando una carta a Stalin con las siguientes palabras:

«La lucha contra la censura, cualquiera que sea, y cualquiera que sea el poder que la detente, representa mi deber de escritor, así como la exigencia de una prensa libre. Soy un ferviente admirador de esa libertad y creo que si algún escritor intentara demostrar que la libertad no es necesaria se asemejaría a un pez que asegurara públicamente que el agua no le es imprescindible».

Estoy seguro de que si Mafalda levantara la cabeza seguiría leyendo periódicos ya fueran en su versión impresa o digital, y que Bulgákov hoy día no pararía de escribir muchas cartas.

Bulgakov murió en, digamos, extrañas circunstancias.

La prensa de hoy es heredera de su espíritu de resistencia.

La lucha sigue.

Somos peces.

Todos.

Y necesitamos mucha agua.

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