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«Nuestra labor es de agitación y propaganda en favor de la ciencia»

CIENCIA

«Nuestra labor es de agitación y propaganda en favor de la ciencia»

Juan Ignacio Pérez presenta en Donostia la labor que ha realizado en tres años la cátedra de Cultura Científica

11.12.13 - 00:33 -
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A pesar del villancico, los peces no beben en el río. Tan rotunda y desmitificadora afirmación la realizaba Juan Ignacio Pérez, catedrático de Fisiología y coordinador de la cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU. Ante una reducida audiencia formada por alumnos, científicos, filósofos y educadores, entre otros, Pérez resumió hace unos días en el campus de Ibaeta los trabajos de una cátedra que se creó en octubre de 2010 para fomentar la cultura científica y tecnológica en la sociedad vasca.

Tres años de funcionamiento han bastado para que el catedrático cambie de idea sobre el sentido de la divulgación. Pero lo que el tiempo no ha logrado borrar ha sido el carácter de la tarea que lleva a cabo. «Nuestra principal labor es la agitación y propaganda, hacer campaña en favor de la ciencia», dijo.

En esta lucha vale casi todo, desde utilizar villancicos hasta emplear una canción de Benito Lertxundi para hablar de las capas de grasa con las que las ballenas se protegen del frío. También sirven series ininterrumpidas de charlas de diez minutos, intervenciones en la radio, artículos en prensa o conferencias mensuales. Y, sobre todo, está internet, la gran herramienta con la que Juan Ignacio Pérez ha llegado a miles de personas.

«Me asombra que haya grupos de investigación que no tengan blogs o no estén en Twitter», afirmó el ex rector de la UPV. Él hizo todo lo contrario y desde que creó la cátedra -con el apoyo económico de la Diputación de Bizkaia-, apostó por las redes sociales para divulgar los principales desarrollos científicos y tecnológicos. Hoy en día, cuenta con varios blogs, como 'La naturaleza humana', 'Cuaderno de cultura científica', 'Zientzia kaiera' (en euskera) o 'Mappingignorance' (en inglés), tiene una cuenta en Twitter con más de 4.000 seguidores y está presente en Facebook. Todo con una infraestructura mínima y un presupuesto de 93.000 euros anuales.

La cátedra comenzó su andadura con la convicción de que «la divulgación del conocimiento científico es socialmente importante». «Vivimos en una sociedad muy dependiente de la ciencia y la tecnología, y sorprendentemente hay un conocimiento social bajísimo que genera disfunciones», afirmó Juan Ignacio Pérez.

El ex rector ha llamado la atención en más de una ocasión sobre el hecho de que la sociedad ve la incultura científica como algo normal. Si alguien no sabe citar un cuadro de Velázquez se le califica de ignorante, pero si desconoce la estructura básica del átomo se considera algo habitual. Es algo que no debería ocurrir, subrayó Juan Ignacio Pérez, para quien «lo lógico es que se tenga un conocimiento cultural general».

La creciente influencia que tienen en nuestra sociedad los avances tecnológicos hace que cada vez sea más necesario tener una mínima base científica para desenvolvernos medianamente por la existencia. El catedrático de Fisiología recordó que «en la vida hay que tomar muchas decisiones que tienen que ver con la ciencia» tanto desde el punto de vista personal como colectivo.

En el primero de los casos, indicó, nos encontramos con la ciencia en el supermercado a la hora de descifrar las etiquetas y ver los ingredientes de los alimentos. En el ámbito colectivo, el conocimiento científico es un buen aliado cuando se trata de votar a un partido «que puede estar a favor o no de las incineradoras». «Hay decisiones que adopta la gente sin tener ni idea del componente científico-tecnológico de una incineradora», afirmó.

El optimismo con el que hace tres años nació la cátedra se ha transformado en algo que quizá no sea pesimismo pero se le parece. El ex rector admitió que con el tiempo su manera de ver las cosas ha cambiado y ahora se ha dado cuenta de que «los que hacemos divulgación no aumentamos significativamente la educación científica de la sociedad». Esa labor, subrayó, «le toca a la enseñanza».

«Emboscadas»

Hay excepciones, «aunque es casi por casualidad». Juan Ignacio Pérez afirmó que a veces se pueden idear «emboscadas científicas», como dar charlas en bares o en la radio, donde al público se le coge desprevenido. Sin embargo, en otros ámbitos la realidad es la que es. «A las conferencias solo va gente a la que le interesa la ciencia».

Descartada esta vía, a los divulgadores les queda el camino de fomentar la aparición de «una conciencia social que se dé cuenta de la importancia de la ciencia para que acabe teniendo presencia en la sociedad». «Ese prestigio social hace que la clase política se sienta concernida, que es lo que ha pasado en Euskadi, donde se invierte más porque la noción de ciencia ha cambiado», indicó el catedrático.

Tras este baño de realidad se abrió un coloquio en el que los asistentes trataron de hacer aportaciones para una mejor divulgación. El científico Gustavo Schwartz insistió en la importancia de «actuar en lo emocional para despertar pasiones por la ciencia», algo, que añadió, «no lo hace la educación». Un educador preguntó si la cátedra se ha planteado la posibilidad de abrirse «al profesorado de Secundaria para que la enseñanza de ciencias deje de ser aburrida». El filósofo Javier Echeverria le dijo a Juan Ignacio Pérez que ha dejado de ser un investigador. «Ahora eres un innovador en el sentido de que hacer marketing de la ciencia, de que haces agitación y propaganda».

Nada rescató al catedrático de la realidad. «También soy escéptico ante la posibilidad de despertar esas pasiones por la ciencia. No sé cómo se traduce lo emocional a la hora de captar adeptos; en eso también soy escéptico, en lo de captar adeptos. Lo único que se puede hacer es prestigiar socialmente a la ciencia». En cuanto a lo del villancico, se lo recordó un oyente antes de terminar el encuentro. «No ha dicho por qué no beben los peces en el río», dijo. «Porque les entra el agua por las branquias. En realidad lo que les sobra es agua», aclaró Juan Ignacio Pérez.

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Juan Ignacio Pérez, en la biblioteca de Ibaeta. :: MIKEL FRAILE

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