«¡Ya lo creo que el alzhéimer cambia la vida de las familias!»

Begoña Rodríguez y Ana Egaña dan testimonio de lo que supone el cuidado de una persona afectada por la enfermedad neurodegenerativa. Las cuidadoras coinciden en el desconocimiento social que existe hacia el enfermo y hacia ellas, y en la falta de apoyos para sortear sus necesidades

MARIO GARCÍASAN SEBASTIÁN.
«¡Ya lo creo que el alzhéimer cambia la vida de las familias!»

Antes de que su marido cayera enfermo, la pasaitarra Begoña Rodríguez pensaba que el cuidador de una persona afectada por la enfermedad de Alzheimer tenía una dura labor. Hace cuatro años que fue diagnosticado Martín, su esposo, y ahora sabe que la tarea, más que dura, «es durísima». Otra cuidadora, la donostiarra Ana Egaña, ha tenido que modificar su situación laboral y asegura que hacerse cargo de una persona con deterioro neurodegenerativo «es como padecer una enfermedad crónica: nosotros no la sufrimos, pero nos invade y esto, además de que no se ve desde fuera, nunca se tiene en cuenta».

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