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LA PRÓRROGA

De profesión, buen encajador

Peter Buckley es considerado como el segundo peor boxeador del mundo con un récord de 31 victorias, trece nulos y 256 combates perdidos en 19 años

29.03.13 - 00:32 -
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Me llamaban dos horas antes de los combates y allí estaba yo, preparado para pelear. Siempre estaba preparado. Mi vida ha sido el gimnasio, mi familia y el boxeo. Estaba todo el día metido en el gimnasio». Peter Buckley no fue una estrella del deporte, ni siquiera se puede decir que haya sido un deportista de alto nivel.

Buckley ha sido boxeador, un jornalero de la gloria que disputó su primer combate en 1989 y ha estado diecinueve años de profesional. En todo ese tiempo disputó 300 combates, de los que 31 fueron triunfos, trece nulos y el resto, 256, derrotas. Un total de 1.734 rounds jalonan sus trayectoria. Es el segundo peor boxeador de la historia en el apartado de derrotas. Le superó Regis Strickland.

Peleaba en el peso welter, pero no tenía problemas en bajar o subir de peso si le pagaban por ello. Su trabajo era cubrir huecos en las veladas que se celebraban en Inglaterra, pelar con campeones como Naseem Hamed, John Murray y otros, para que estos se rodasen. Así se ganó la vida.

Su momento de gloria pudo llegar cuando se enfrentó por el título mundial WBO ante el austriaco Harald Geler. Perdió. Tuvo una lesión perpetua en el hombro que por falta de descanso nunca acabó de curarse. Necesitaba el dinero de los combates para vivir.

Su primera pelea fue el 10 de abril de 1989. Hizo combate nulo frente a Alan Balwin. Luego perdería por puntos frente a Ronnie Stephenson. Llegaría a ganar once de sus primeros veinte combates.

Pero toda su vida fue un telonero. Si alguien le preguntaba por qué seguía encajando tantos golpes, decía, «me encanta el boxeo y subirme al ring a pelear. Le estoy agradecido este deporte. Sin él estaría en la cárcel, o muerto, como muchos de mis amigos, que están en la cárcel».

Nació en Birmingham y se crió en un ambiente muy complicado. Le expulsaron del colegio y acabó en un reformatorio por formar parte de grupos de chicos que robaban. En el reformatorio alguien le dijo que se podía apuntar a un gimnasio, a boxear. No tenía recursos. Logró ser un buen boxeador aficionado, incluso logró títulos en su región de las Middlands. Se entregó a ese deporte, pero no tenía padrinos, tampoco una gran clase, pero sí era constante.

Gracias al boxeo

Llegó a perder 85 combates seguidos, lo que no impidió que cuando cumplió su pelea número 200 en el Arena de Manchester le hiciesen un reconocimiento. Nunca dijo que no a una pelea. En su casa estaban acostumbrados a que le llamasen por la tarde y cogiese su coche, el autobús o el tren para cubrir la baja de algún compañero. Siempre estaba dispuesto. Una de las frases que siempre repetía es que «si llamas a un albañil para que te haga un muro, no te pide tres semanas para prepararte».

Cuentan que esa forma de actuar le jugó malas pasadas, como cuando se metió cinco horas de viaje hasta Glasgow y al llegar se enteró de que no había velada. Se había quedado sin batería en el teléfono y no pudieron avisarle. Cogió el coche y se metió otras cinco horas de coche hasta su casa. Tenía fama de buen encajador, de no doblar la rodilla con facilidad. Sabía cubrirse muy bien. Eso hacía que los entrenadores de sus rivales le apreciasen porque sus pupilos se encontraban con un boxeador duro.

Quizá por eso llegó a enfrentarse a 42 campeones británicos, europeos e incluso a dos estrellas mundiales como Acelino Freitas y Naseem Hamed. La Federación británica le sometió a muchos exámenes médicos para comprobar su estado físico. Los pasó todos. Y, aunque pueda parecer lo contrario, no visitó en muchas ocasiones la habitación del sueño (sufrir un k.o.).

Le está agradecido al boxeo, sobre todo si se ve cómo anda su familia. Su hermano murió de forma trágica, sus dos sobrinos están en la cárcel, uno por vender droga y el otro por robar coches. «Sin el boxeo yo habría acabado como ellos. El boxeo me ha dado una casa, un coche y vacaciones. Es imposible que me vea como un perdedor. Mi mujer y mi hija pueden vivir bien gracias al boxeo».

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