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La provincia china de los niños americanos

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La provincia china de los niños americanos

Son hijos de inmigrantes ilegales y sus padres no pueden cuidar de ellos en EE UU. Regresan con sus abuelos

17.03.13 - 10:33 -
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¿Enviaría a su bebé recién nacido a vivir con los abuelos, residentes a 10.000 kilómetros? Si es chino y ha emigrado a otro país, seguro que le parece buena idea: le permite continuar con sus quehaceres diarios sin sobresaltos, mantiene intacta su libertad de movimientos, y, mientras tanto, su descendiente aprende tanto el idioma chino como los rudimentos sociales de esta milenaria cultura. Luego, cuando tenga edad escolar, ya tendrá tiempo de regresar con sus padres e integrarse en el país de acogida.

O no. Lo que parece el plan perfecto, a veces se convierte en una pesadilla. En la provincia oriental de Fujian, muchos niños no regresarán con sus padres a pesar de que su existencia en China es particularmente dura. Son hijos de inmigrantes ilegales en Estados Unidos y, como nacieron en el país de las barras y estrellas, adquirieron esa nacionalidad. Pero muchos progenitores no pueden cuidar de ellos, así que, antes de correr el riesgo de que se los servicios sociales les quiten la custodia -e incluso les castiguen por desatenderlos-, deciden enviárselos a sus familiares en Fujian. Son los 'yang liu shou', literalmente 'niños extranjeros desatendidos'.

Y no son pocos. Aunque no existen estadísticas oficiales, diferentes medios de comunicación locales estiman que solo en la capital, Fuzhou, viven unos 20.000. La mayoría están concentrados en pequeños pueblos de los alrededores. Guangtou es uno de ellos. Aunque su población total es de solo 60.000 personas, 3.000 son 'yang liu shou'. En una localidad vecina los efectos de la emigración son todavía más evidentes: solo 700 de sus residentes viven allí, mientras que 13.620 han emigrado a Estados Unidos.

Así, no es de extrañar que haya florecido un buen negocio en torno a los viajes que estos bebés realizan en solitario. «Algunas agencias ofrecen servicio de traslado al aeropuerto en Estados Unidos y recogida en China por unos 1.000 dólares (770 euros). Y ni siquiera incluye el billete de avión», reconoce una joven madre residente en Nueva York que prefiere mantener el anonimato y que todavía no ha resuelto si enviar a su retoño a China. «Decidiremos cuando tenga cuatro meses. Aquí tenemos demasiado trabajo como para cuidar de él. Solo nos queda dejarlo con los abuelos». No en vano, con ellos viven el 80% de los niños que regresan a la madre patria.

Pero eso afecta a su proceso educativo. «La mayoría de los abuelos en las zonas más rurales no están preparados para hacerse cargo de bebés o de niños pequeños. Primero, porque muchos están físicamente impedidos; segundo, porque ellos mismos no tienen la formación adecuada y pueden suponer una rémora para los pequeños», explica Xu Anqi, sociólogo de la Universidad de Fudan, en Shanghái. «Y luego está el hecho de que los niños ni siquiera saben quiénes son sus padres, ni se acuerdan de ellos. Son huérfanos sin serlo».

Tendencias suicidas

Ahora, para atajar el problema, algunas escuelas de Fujian, en las que hasta el 75% del alumnado es extranjero, llevan a cabo videollamadas para que los progenitores puedan mantener algún contacto con sus hijos. «Muchos tienen un fuerte sentimiento de culpa que tratan de paliar enviando dinero. Pero eso solo no sirve, lo que necesitan es cariño», contaba una profesora apellidada Li.

Diferentes estudios apuntan a otros problemas psicológicos derivados de la combinación de nacionalidad extranjera y falta de contacto con los progenitores. La mayoría sufre falta de atención y trastornos del carácter, y las tendencias suicidas son superiores a las de la media del lugar. El de Peng, documentado por el diario 'Fujian Daily', es un buen ejemplo de cómo se desarrollan estos chicos. Solo se relacionaba con otros 'yang liu shou', y solía pasar días y noches en cibercafés jugando a videojuegos online. Cuando cumplió los 14 abandonó los estudios y comenzó a protagonizar peleas que le han dejado varias cicatrices y varias visitas a la comisaría. Ahora no quiere estar en China, y tampoco quiere regresar a Estados Unidos.

Por si fuera poco, el hecho de no tener la nacionalidad china impide a los niños beneficiarse de las subvenciones y de los servicios sociales de ese país. «Los padres no quieren que renuncien a la nacionalidad estadounidense porque la consideran mucho más práctica que la china. Algunos esperan a que los chavales alcancen los 21 años para poder legalizar a toda la familia», analiza Xu. En el horizonte siempre está la esperanza de regresar a Occidente, y muchos lo hacen al menos una vez cada cinco años para renovar el pasaporte. «El problema es que cuando vuelven, aunque tienen nacionalidad estadounidense, ni siquiera hablan inglés», apunta Xu. «Son tan extranjeros, como en China».

FUJIAN. Es la segunda provincia china de la que más gente se va, detrás de Zhejiang. Se estima que el 25% de los emigrantes salen de allí. Su su destino favorito es Estados Unidos.

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