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El águila se queda en casa

TOLOSA

El águila se queda en casa

El carpintero tolosarra José Dorronsoro guardará la figura del águila imperial en el exterior de su casa. Dorronsoro se basó en una figura de porcelana que conservaba en casa para crear su águila

24.02.13 - 00:05 -
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Se dice que el carnaval hay que desmontarlo cuanto antes, para empezar a montar el siguiente. Es la rutina que se sigue cada año tras el Miércoles de Ceniza, una rutina que no es para nada triste, sino alegre por lo que aguardará la
El desfile y las carrozas son uno de los elementos más importantes del carnaval, aunque sin duda, el que más protagonismo ha adquirido entre el público este año ha sido el águila imperial de José Dorronsoro. Los disfraces de este tolosarra no pasan desapercibidos ante un público que, a sabiendas de que el clásico nunca falla, lo espera cerca de la de la iglesia de San Francisco. Esta zona se ha convertido en su txoko particular, un pequeño e improvisado escenario en el que poder exhibirse sin que lo arrastre la marea humana del paseo. El pórtico de la iglesia ha albergado una infinidad de obras de arte durante los últimos años, pero esta vez, se ha podido ver algo diferente. En un principio, no se sabe qué pasara con la figura, pero según ha afirmado su creador, de momento, el águila se queda en casa.
Con el paso del tiempo, Dorronsoro se ha convertido en una de las estrellas iñauteriak tolosarra. Pocos minutos antes del mediodía, el carpintero tomaba posiciones en su rapaz, minuciosamente montado sobre un elevador que a través de unos muelles subía y bajaba al animal. Le quedaban varias horas por delante, pero asegura que esos momentos no se hacen largos, ya que la gente lo entretiene. «¡Los indios no llevan gafas!», le gritaban desde abajo. «Pero éste es diferente. ¡Es de Tolosa!», respondía él desde el interior de su águila. «Al igual que desde la barra del bar, desde ahí arriba se ve todo. La gente te saluda ilusionada, y te señala con una cara de satisfacción de la que es difícil desengancharse».
Tras disfrazarse del fraile del tiempo, Aniceto el Conquistador, la Virgen María, la gitana de la botella del aceite de Carbonell o Jesucristo, el carpintero y fiel carnavalero Dorronsoro este año ha desfilado por decimoséptima vez vestido de indio sobre un águila de madera muy lograda, y ha dado mucho de qué hablar.
Su pasión por construir figuras exclusivas y exhibirlas comenzó en el 98, año en el que Arratibel fue asesinado, y desde entonces no ha defraudado ni un solo carnaval. «El primer año me disfracé de bruja y desde entonces, tengo el honor de acicalar el soportal de la iglesia con mis creaciones. Se ha convertido en un pequeño vicio o ilusión al que de momento no pienso renunciar», señala el carpintero.
Desde que Dorronsoro empezó a mostrar sus disfraces en la calle ha ganado nada menos que nueve premios en el concurso de carnavales, pero afirma que su objetivo no es superarse, sino disfrutar del carnaval y divertir a los paseantes. «Cada año busco algo original y gracioso. El premio es algo secundario, lo que más me gusta es que la gente se lleve un buen recuerdo de Tolosa y la fiesta por la que mejor se nos conoce», añade.
Una figura de porcelana
Hacía tiempo que el carpintero ideaba construir el águila de madera de verdad basándose en una figura de porcelana que todavía conserva en su casa. Creado en su propio taller de Auzotxikia, el águila ha tardado aproximadamente tres meses en ver la luz, pero el resultado final no ha dejado indiferente a nadie. Detrás de este disfraz hay muchas horas de trabajo; tiempo del que su creador se siente orgulloso y más que satisfecho, ya que ha sido una de sus creaciones más complicadas.
«La estructura está hecha de metal y para ello, conté con la ayuda de Alfonso, un calderero amigo mío. Una vez creada la base, el cuerpo lo cubrimos con aros de diámetros crecientes desde el cuello hasta la cola. Después, unimos los aros a través de listones y finalmente, coloqué las alas de chapa okume», cuenta Dorronsoro.
Finalmente, forró la figura con 1.200 piezas del mismo material colocadas una por una y marcadas simulando las plumas. Sin embargo, no todo salió a la primera y tuvo que construir una segunda cabeza. «La cabeza la saqué de un tronco macizo y tuve que crear dos, ya que la primera vez, el pico del águila quedó un poco chato», dice.
A pesar de lo espectacular que ha resultado el proceso, las dimensiones finales no lo son menos. El águila tiene una envergadura de seis metros y medio, una altura de casi cuatro y una distancia de la cabeza a la cola de otros cuatro metros.
La escultura permaneció expuesta hasta el miércoles de la semana anterior y posteriormente fue trasladada al exterior de su casa, donde de momento seguirá colocada hasta que decida qué hacer con ella.
José Dorronsoro afirma que algunas partes de montajes anteriores las conserva con cariño, y a menos que alguien lo quiera comprar, lo mismo ocurrirá con la famosa águila.

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