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«Ha sido una experiencia increíble»

HONDARRIBIA

«Ha sido una experiencia increíble»

Cuatro amigos han hecho en coche los 5.800 kilómetros que separan Hondarribia de Gambia. De todo lo vivido en este viaje solidario, destacan la «cercanía y hospitalidad» de la gente que han conocido

09.02.13 - 00:17 -
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«Ha sido una experiencia increíble»

Conocimos su aventura a finales de diciembre. Su objetivo era ir en dos coches de Hondarribia a Banjul, la capital de Gambia. Por el camino, tendrían que atravesar parte del desierto. Era el particular viaje con el que cuatro amigos de la comarca habían decidido comenzar el año. Se habían apuntado al Banjul Challange.
El conocido como Dakar alternativo es un rally solidario donde lo importante es llegar. Y es que en Banjul se entregan los vehículos, son subastados y con los beneficios que se obtienen se pueden llevar a cabo proyectos de desarrollo en esta zona. La caravana en la que viajaban los bidasotarras estaba formada por un vehículo de Madrid y tres de Gran Bretaña.
David Ramos, Jon Payer, Xabi Alzola y Sergio Montaño salieron de Hondarribia el 27 de diciembre y llegaron a Banjul el 12 de enero. Todo fue más o menos según lo previsto, aunque alcanzaron su destino con un día de retaso. Como ellos dicen, «pasamos una jornada más en el desierto». Allí, estuvo a punto de terminar el trayecto para uno de los vehículos por un problema con el radiador.
David recuerda que cuando tuvieron ese problema, «si no está con nosotros Sergio, que es mecánico, no hubiéramos podido seguir. Cuando nos metimos en el desierto ya veíamos que había riesgo de perder algún coche. Pero es la ruta que hace todo el mundo, que luego incluye un tramo por la playa en Mauritania que dicen que es de los más bonitos y nos la jugamos».
Esa zona costera fue algo que les llamó la atención. «Fuimos pegados al mar durante kilómetros hasta llegar a Nouakchott. Los pueblos costeros se comunican a través de las playas. En el momento en el que la marea baja, deja espacio y circulan los coches. Es un tramo del viaje alucinante. Y es llamativo porque las dunas del desierto llegan justo hasta la costa», dice Xabi.
Etapas
Dividieron el viaje en etapas. La más larga calculan que fue de unos 700 kilómetros, aunque normalmente hacían en torno a 400 kilómetros al día. Jon asegura que «circular allí, incluso por las vías principales, es toda una odisea. Tan pronto estás sobre una carretera, ésta se acaba y vas por encima de la tierra, hay unos socavones enormes.». Y a eso hay que añadir, el peligro de los animales «que te puedan aparecer de repente o vehículos que no saben lo que es una ITV ni de lejos».
Y si ya era complicado circular por carretera, más todavía en el desierto. Tanto es así, que hubo un día en el que apenas pudieron avanzar 100 kilómetros. «Nos quedábamos atascados todo el rato. Si no era un coche, era otro. Metías segunda, lo llevábamos a unas tres mil o cuatro mil revoluciones e iba bien con la inercia, pero en cuanto parabas un poco se empanzaba. Así que había que coger las palas, quitar la arena de las ruedas, meter las placas y todo el mundo tenía que ponerse a empujar», explica Jon.
No dudan en señalar que «ha sido una experiencia increíble. Al final recorres unos 5.800 kilómetros y ves como va cambiando todo: el paisaje, la gente, las carreteras. Pasabas de las montañas del Atlas a la llanura de Marruecos, luego el desierto. Intentamos ir por sitios que no son turísticos para conocer un poco mejor su cultura y la verdad que nos hemos llevado muy buena impresión de la gente. Son muy cercanos y hospitalarios. Íbamos con ciertas dudas en ese sentido, pero fue una sorpresa muy agradable».
David pone el ejemplo una de las primeras noches en Marruecos. Se encontraban cerca de Ketama cuando se les acercó un hombre. «Estuvimos hablando y nos dice que en esta localidad vive su hermano y que podíamos ir a su casa a dormir. Apuntamos el teléfono pero no pensábamos llamarle. Y cuando estamos entrenando en Ketama, nos aparece el hermano que ya le había avisado que iban unos vascos. Tuvimos dudas porque no le conoces, pero terminamos en su casa. Estuvimos charlando, tomando té con su familia y muy a gusto», relata.
Fútbol y religión
En África hay un tema de conversación que no falla: el fútbol. Y no sólo con los niños, sino también con los adultos. Xabi comenta que «enseguida se ponen a hablar del Barcelona y del Real Madrid. Y si veías un policía un poco serio, le hablabas de fútbol y ya cambiaba el tono de la conversación». La religión también está muy presente. Lo comprobaron en una ciudad de Senegal. «La gente había formado una fila interminable en la acera. Se arrodillaron y se pusieron a rezar mirando a La Meca. La ciudad se paralizó. Y nosotros en medio de la calle sin saber qué hacer», cuenta.
Estos cuatros amigos no esconden que «lo más duro» del viaje fue la pobreza que se encontraron al atravesar estos países. Jon señala que «desde que llegas a Marruecos, te están pidiendo. Cuando ven a turistas, siempre se acercan. Y cuesta decir que no, porque no íbamos en labor humanitaria. Y, sobre todo, es más duro cuando te pedían niños». En algunos casos las ciudades, por denominarlas de alguna forma, «son apenas varias chabolas. Estuvimos en un pueblito de Mauritania en el que no había calles, desde luego no había aceras, vimos tres farolas contadas.»
David, por su parte, no esperaba encontrarse tanta basura a lo largo del trayecto. Expone que «había montañas de residuos porque, como no tienen servicio de recogida, las zonas colindantes de las ciudades están llenas de plásticos. Las cosas orgánicas se degradan, pero los plásticos no y se forman montones de basura».
Sabían que no iba a ser un viaje estrictamente turístico. Y se han cumplido sus expectativas. Repetirían el formato, pero quizá en otro lugar. «Por un lado tienes ganas de conocer un poco más a fondo lo que has visto, pero por otra parte te das cuenta de que tiene que haber un montón de sitios en el mundo por descubrir», señala Jon. Cruzar Vietnam en moto puede ser su próxima aventura. El tiempo lo dirá.

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