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«Mis datos son míos»

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«Mis datos son míos»

El avance de las nuevas tecnologías multiplica los riesgos de su uso. El director de la Agencia Vasca de Protección de Datos analiza los peligros que acechan en las redes sociales

27.01.13 - 01:23 -
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Iñaki Pariente de Prada consulta su ordenador en la delegación del Gobierno Vasco en San Sebastián. :: USOZ
La protección de datos cumple 31 años. Mañana se celebra la firma del convenio europeo para la protección de las personas con respecto al tratamiento de sus datos personales y lo que entonces se firmó cobra cada vez más actualidad debido a la rapidez con la que avanzan las nuevas tecnologías. Surgen más oportunidades y con ellas peligros que las personas que redactaron el convenio no llegaron a sospechar. Iñaki Pariente de Prada, director de la Agencia Vasca de Protección de Datos, resume los riesgos a los que se enfrenta una sociedad inmersa en un mundo digital donde los datos personales están al alcance de cualquiera.
Ahora que casi todo el mundo tiene ordenadores y teléfonos móviles y se ha acostumbrado a descargar aplicaciones, ha llegado la hora de las grandes empresas multinacionales, que han visto en las nuevas tecnologías una oportunidad para dar a conocer masivamente sus productos. «Las grandes multinacionales ofrecen servicios muchas veces gratuitos y no tenemos en cuenta que a cambio de estos servicios se están quedando con nuestros datos personales a través por ejemplo de sistemas de análisis de gustos personales para ofrecernos publicidad personalizada», afirma Iñaki Pariente de Prada. Una de las preocupaciones de las agencias de protección de datos es la proliferación de las cookies, que son unos códigos que se instalan en el ordenador y recopilan información sobre las páginas que abrimos. «Cada vez que entramos en una web se instalan entre siete y catorce cookies de media en nuestro ordenador; es algo que se queda ahí, nos reconoce para siempre y nos sustrae información sobre lo que visitamos. Son datos personales que no sabemos que le damos a alguien pero se los estamos dando».
Hace años las empresas que tienen servidores empezaron a darse cuenta de que llegaba un momento en el que se llenaban. Cuando alguien contrataba un correo electrónico y se le saturaba, la empresa le decía que ya no cabía más información y que debía borrar archivos. Pero todo cambió cuando se dieron cuenta de que podían mantener a sus clientes ofreciéndoles un espacio en el que podían guardar los datos que quisieran y acceder a ellos desde cualquier ordenador. Así nacieron las nubes y, con ellas, nuevos peligros. «Se inventaron un sistema por el cual, a través de empresas que subcontratan a otras empresas que subcontratan a otras, se buscan ubicaciones de servidores en terceros estados, como India o Nicaragua que son mucho más baratos pero que probablemente no me garantizan la seguridad de los datos que yo estoy dándoles».
Los primeros en darse cuenta de este riesgo fueron los despachos de abogados. En vez de tener en un ordenador de un despacho todos los datos de sus clientes, contrataban una nube porque era mucho más barato. «Pero si tú eres una persona que has dado todos tus datos bancarios, fiscales, toda tu vida a un abogado, y eso acaba en un servidor en India, ¿qué seguridad tienes de que una persona no pueda acceder a esos datos?», se pregunta Pariente de Prada.
La lucha contra el fraude ha llevado al Estado a forzar el intercambio masivo de datos entre las distintas administraciones. El fin es loable, pero los medios empleados generan muchas dudas. «En algunas ocasiones se vulnera la protección de datos en la medida en que si yo le he dado a Hacienda unos datos a unos efectos concretos, que son mi declaración de la renta y solo para eso, ¿por qué Hacienda los puede utilizar para otro fin distinto aunque sea la lucha contra el fraude? Esto choca con la legislación de protección de datos, que dice que solo se pueden utilizar para el fin para el que se han recabado. Mis datos son míos y yo tengo un control total sobre ellos».
Una estafa que está cobrando auge es la compra de líneas de teléfono con identidad falsa, algo a lo que contribuye el ansia de las compañías por captar clientela. El sistema es sencillo: consiste en obtener el nombre, apellidos y DNI de una persona, algo fácil en el caso de que la víctima sea funcionaria, y contratar una línea y un móvil a su nombre. «El teléfono lo obtengo yo, lo vendo posteriormente y además en los primeros meses lo utilizo. Al final -explica Pariente de Prada- la factura le llega a una persona que no sabe nada de eso, dice que no la paga y da orden al banco para que devuelva el recibo, pero entonces le ponen en la lista de morosos. Si un día vas a pedir un crédito estás en la lista y no te lo van a dar. Esto es algo que ha ocurrido bastante»».
En la franja de población que oscila entre los 55 y 65 años se ha registrado un importante incremento en el uso de internet, lo que implica la aparición de usuarios que, en términos de madurez tecnológica, podrían equipararse a los menores cuando empiezan a utilizar las nuevas tecnologías. «Son muy descuidados con las cuestiones relacionadas con la seguridad, son muy confiados, dan datos sin pensar, cuando se hacen un perfil en una red social no establecen ningún nivel de privacidad, cuelgan fotos de sus nietos o de ellos, mandan mensajes y al final están colaborando a ese tráfico internacional de datos. Hace falta que tengan una conciencia específica de que mis datos son míos y tengo que guardarlos», afirma el director de la Agencia Vasca de Protección de Datos.
Los riesgos del uso de internet entre los menores son tan habituales que se corre el riesgos de que nos acostumbremos a ellos. Una de las apuestas de Iñaki Pariente de Prada es la de incidir en los padres para que aprendan a lidiar en casa con unos hijos que cada vez van a utilizar más todos los dispositivos electrónicos que tengan a mano. «Un comportamiento muy habitual entre los padres desde hace algunos años es poner el ordenador en la sala y no en una habitación. Piensan así que con eso ya está todo hecho, pero con eso solo se soluciona una pequeña parte del problema porque luego hay que ver con quién están hablando los menores, qué están haciendo, si sus amigos son amigos de verdad, si al final están hablando con un desconocido, si descargan fotos de ellos y en qué condiciones, hay que estar presente.
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