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Un científico en cada casa

TECNOLOGÍA

Un científico en cada casa

Miles de personas ceden sus ordenadores para investigaciones. CEIT-Ik4 estudia nuevas estrategias contra el cáncer gracias a la colaboración de ciudadanos anónimos

08.01.13 - 00:19 -
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Un científico en cada casa
Javier Aldazabal, investigador de CEIT-Ik4, uno de los centros que utiliza las ventajas de la computación ciudadana. :: MICHELENA
Miles de ordenadores domésticos están buscando en estos mismos momentos medicamentos contra el cáncer y enfermedades neurodegenerativas o investigan los secretos de la fusión por confinamiento magnético. Son ordenadores normales que pertenecen a personas que muy posiblemente desconozcan términos como algoritmos de Monte Carlo o polineuropatía amiloide familiar, pero que han decidido formar parte de lo que podría ser descrito como un enorme laboratorio capaz de realizar en semanas cálculos que de otra forma tardarían años en ser completados.
Cien mil de estos cálculos han sido utilizados por el investigador del CEIT Gaizka Erkizia para elaborar una tesis en la que ha desarrollado un modelo informático para realizar simulaciones por ordenador, lo que permitirá ahorrar muchísimo tiempo en experimentos. El trabajo se ha llevado a cabo en el marco del proyecto Biosoft, del que forman parte CEIT-Ik4, el Centro de Física de Materiales y el Donostia International Physics Center (DIPC), y con el que se pretende sacar adelante un proyecto tecnológico relacionado con el tratamiento del cáncer y la regeneración de tejidos dañados.
Para alcanzar este objetivo son necesarias millones de horas de procesamiento de datos y operaciones de cara a la verificación y viabilidad de sistemas de medicamentos antocancerígenos. Como los promotores de Biosoft no disponen de los miles de ordenadores que harían falta para elaborar los cálculos, demandan voluntarios informáticos que ceden a la ciencia una pequeña parte de sus pantallas. «No se necesita nada especial, da igual la potencia del ordenador o que no sea del último modelo. Al final lo que se hace es tener muchos ordenadores realizando pequeñas tareas», explica el investigador del CEIT Javier Aldazabal.
El concepto de computación ciudadana nació en 1999 en la Universidad de Berkeley, donde se creó el proyecto SETI@home para tratar de localizar inteligencia extraterrestre. La búsqueda de secuencias lógicas en los millones de datos recogidos por un radiotelescopio requería de costosos equipos y de muchísimo tiempo, por lo que se planteó la posibilidad de juntar muchos ordenadores particulares.
Surgió así el programa Boinc, que permite fragmentar un complejo trabajo de computación en infinidad de trocitos más sencillos que se envían a los participantes. «El usuario no hace nada; a su ordenador le llegan paquetitos de trabajo que procesa en sus tiempos muertos y luego envía los resultados a un servidor», afirma Aldazabal.
Pronto se vio que Boinc era una potente herramienta que podía aplicarse en numerosos proyectos. Uno de ellos es Ibercivis, que nació en 2007 en la Universidad de Zaragoza, y del que forma parte Biosoft. Su coordinador, Fermín Serrano, recuerda que la primera prueba que se hizo con este tipo de plataforma ciudadana «fue algo muy simple, que era simular plasmas de fusión». «La sorpresa -añade- es que se apuntaron de golpe 4.000 personas y que la gente preguntaba y hablaba más que nunca de la fusión. Esto nos hizo ver que no solo estábamos ante una herramienta eficiente de cómputo, sino que se trataba de una plataforma de interacción entre el investigador y el ciudadano».
En pocas semanas
Ibercivis cuenta en la actualidad con más de 30.000 usuarios registrados y más de 200.000 ordenadores con el programa instalado. «La potencia equivalente -indica Fermín Serrano- son 2,3 teraflops durante ocho millones de horas anuales». Javier Aldazabal afirma que «la media diaria de pantallas haciendo cómputos asciende a 8.000». «Nosotros -dice- hemos conseguido en tres semanas cálculos que un solo ordenador habría tardado doce años en realizar».
Convertirse en un científico en casa es sencillo. Basta con entrar en la página www.ibercivis.es y descargar el programa Boinc. Durante la instalación el usuario podrá escoger entre colaborar en todos los proyectos o solo en algunos. No tendrá que hacer nada más, el propio programa se pone en marcha de manera automática cuando el ordenador está encendido y conectado a internet, aunque su propietario no lo esté utilizando. «La seguridad es total, en tu ordenador se hace una especie de caja negra que te asegura que no van a entrar virus ni te van a hacer códigos malignos y también se encarga de gestionar la base de datos», señala Serrano.
Con Boinc en su equipo, el usuario puede aportar su grano de arena para desarrollar nuevas estrategias para liberar fármacos en el cuerpo de forma controlada, que es lo que pretende el proyecto Biosoft. También puede participar en la búsqueda de nuevas fuentes de energía gracias a la fusión por confinamiento magnético y en la búsqueda de fármacos contra enfermedades neurodegenerativas, o investigar el comportamiento de la luz a escala nanométrica y trabajar en la mejora de diagnósticos médicos. «Otra aplicación -explica Fermín Serrano- está buscando una pequeña proteína que pueda interactuar con otras proteínas para evitar por ejemplo la propagación del cáncer. Lo que hace esta aplicación es simular millones de esas proteínas candidatas y de todas ellas ya han entrado nueve en la fase in vitro».
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