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Un equipo y una afición

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Un equipo y una afición

El Lagun Aro resurge, se marca un partidazo y vence al CAI junto a un público espectacular

20.12.12 - 00:36 -
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Los jugadores de Sito Alonso aplauden a los aficionados al término del partido. La alegría se desbordó tras conseguir la primera victoria en Illumbe. :: MICHELENA
Han sido algo más de 72 horas. Un tiempo escaso. En teoría no concede margen para grandes planes ni grandes cambios. Menos aún para giros de 180 grados. Pero en este bendito deporte, todo puede pasar. La magia del basket, que decía el gran Andrés Montes.
Porque en algo más de 72 horas, en las que una preocupación lógica fue la gran protagonista, el Lagun Aro dejó de ser un equipo hundido, un coche que entraba en boxes con las ruedas colgando, para volar como un Ferrari. Sí, mejor digamos un Red Bull. Ayer, por fin, todo funcionó.
El Lagun Aro pasó de tener grandes problemas ofensivos a convertirse en una máquina de matar desde más allá de 6,75. De no encontrar referencias en ataque debido al bajo nivel de sus americanos, a que Woods y Taylor sumasen 31 puntos entre ambos y se convirtiesen en armas de peso.
Más aún. Porque los de Sito Alonso cerraron el grifo de las pérdidas de balón para dejarlas en nueve -dos de ellas, faltas en ataque-. Fueron un equipo unido, intenso y, sobre todo, constante. Un colectivo en el que todos cumplían su papel durante cuarenta minutos. Sin bajones, sin lagunas.
Y, con todo ello, pusieron el granito de arena necesario para convertir 4.720 gargantas en quince mil, o treinta mil. Que no se diga: en cien mil. Encendieron la mecha para que Illumbe se convirtiese en una auténtica caldera.
Ayer no era fácil dar un duro por el Lagun Aro. Por lo sucedido el domingo, por la mochila de la temporada y porque enfrente estaba un CAI lanzado. Pero en Illumbe, cerca de cinco mil almas no solo creían, sino que estaban dispuestas a reventar tímpanos a nada que se identificasen con lo que sucedía en la pista. Incluso desde antes.
Y lo hicieron. Vaya que si lo hicieron. En un ambiente de gran cita, Illumbe disfrutó por todo lo alto con un equipo al que reconoció. Es evidente que lo último que hay que hacer en este momento es lanzar las campanas al vuelo. No hay motivos que inviten a hacerlo. Pero, damas y caballeros, lo de ayer hay que disfrutarlo.
Baloncesto puro
Porque el duelo de ayer dejó cuarenta minutos de baloncesto puro, intenso, de ida y vuelta. El Lagun Aro hizo desaparecer a sus tres grandes problemas. Sobre todo, al número uno de la lista.
Los llamados a ser referentes ofensivos dieron por fin señales de vida. Woods fue el máximo anotador. El ala-pívot de Memphis entró en pista en los últimos treinta segundos del primer cuarto.
Le llegó la bola, tiró de tres y metió. La segunda, tal cual. Las reservas eran lógicas ya que en Sevilla tuvo un comienzo parecido y después se diluyó. Pero en el minuto 14 demostró que algo había cambiado. Woods voló por los aires para hacerse con un rebote, y lo metió para abajo.
Era otro. Ya en la segunda mitad, un robo suyo en primera línea de pase supuso una antideportiva con la que el Lagun Aro abrió hueco en el marcador (52-45). Para ese momento, el 'os queremos así ' ya era la banda sonora del encuentro.
Illumbe, en pie, disfrutaba con un Lagun Aro enchufado. Agresivo, con sangre en los ojos. Y con alternativas. Woods llevaba un peso que antes había tomado Taylor. El escolta dio un paso al frente desde el primer balón al aire. El primer triple de Kuksiks en cuatro partidos (23-18, min.8) fue la confirmación de que aquellas 72 horas habían dado un vuelco al panorama.
Porque con los tres, el Lagun Aro da un salto en su capacidad anotadora. El trío se unió a la excelente defensa de David Doblas. El cántabro sacó del partido a Henk Norel, que llegaba a Illumbe en quizás el mejor momento de su carrera. Y además, le dio para estar en cada ayuda, para cerrar cada rebote. Y por si fuera poco, aguantó con dos faltas casi toda la primera parte. Su equipo le necesitaba y él, estuvo.
Como la defensa de Papamakarios sobre Michael Roll. O como el capitán. Salgado volvió a ser un líder. Manejó el tempo y masacró desde el triple en momentos clave. Y, como guinda, metió uno desde su campo sobre la bocina final.
Una distancia desde la que el GBC, por fin, tuvo acierto (13/29). Todo se sumó a un mejor cuidado del balón. Sobre esas premisas, desaparecieron los apagones.
Tras un primer tiempo brillante, con jugadas para el recuerdo como el alley-oop de Taylor, el Lagun Aro subió un pistón en defensa y abrió hueco tras la antideportiva de Jones. Llegó a mandar por diez puntos, incluso más, por primera vez en la temporada.
Ibekwe puso Illumbe patas arriba con un mate inolvidable (69-59). Quedaba lo más difícil: rematar. Rudez disparó el tensiómetro (72-69) pero una canasta de Woods y la intimidación de Ibekwe mataron el partido. Ayer el GBC respiró. Ganó por primera vez en casa y encontró el camino. Fue un equipo, con mayúsculas. Y le impulsó una afición de otro planeta.
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