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Feria sin aditivos químicos

Zerain. Una veintena de productores se dará cita mañana en la XVIII Feria de Agricultura Ecológica que organizan Biolur y Zerain Dezagun Fundazioa

15.09.12 - 01:37 -
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Zerain volverá a convertirse mañana en un gran escaparate para baserritarras y ganaderos que han optado por trabajar la tierra absteniéndose de emplear cualquier producto químico de síntesis. La asociación Biolur y la Fundación Zerain Dezagun organizan conjuntamente la XVIII Feria de agricultura ecológica de Gipuzkoa, en la que se darán cita una veintena de productores guipuzcoanos con una gran variedad de productos. Habrá, además, talleres, exhibición de oficios antiguos, deporte rural, romería... y una muestra de pesca tradicional a cargo de la asociación Albaola.
La feria de Zerain constituye todo un referente de la agricultura ecológica desde hace casi dos décadas. Fue la primera de este tipo que se organizó en Gipuzkoa, poco después de que en 1993 una serie de productores guipuzcoanos uniera sus fuerzas en la asociación Biolur con el objetivo de fomentar este tipo de modelo productivo. Desde entonces, las explotaciones ecológicas han ido haciéndose un hueco en nuestro paisaje, y el reconocimiento tanto por parte de la Administración como de la sociedad ha ido creciendo, aunque no tanto ni al ritmo de lo que quisieran los productores. La creación, hace cinco años, del Consejo de Agricultura Ecológica de Euskadi (Eneek) -organismo encargado de controlar todo el proceso-, es una muestra de la consolidación de este segmento que, aunque en términos de producción absoluta sigue siendo testimonial, tiene una importante proyección de futuro.
Según datos de Eneek, en 2011, en Euskadi creció tanto la tasa de operadores (15%) como la de hectáreas (11%) destinadas a la agricultura o la ganadería ecológicas. Gipuzkoa es el territorio que alberga a mayor número de productores -el 39% de todo Euskadi-, aunque no ocurre lo mismo en términos de extensión. Araba cultiva el 46% de la superficie total en Euskadi, Bizkaia el 31% y Gipuzkoa el 23%. El año pasado, la superficie de cultivo dedicada a la agricultura ecológica en Euskadi se situaba en 1.961 Ha.
La cita de mañana en Zerain busca no sólo dar a conocer la labor de Biolur y los productores que la componen, y vender sus productos, sino también reivindicar una forma de trabajo y de vida basada en una forma muy concreta de entender las relaciones entre el ser humano y su entorno.
Xabi Akizu es uno de los productores que tendrá puesto en Zerain, con manzanas y pan elaborado en su caserío de Ezkio-Itsaso. Impulsor de Biolur, fue uno de los pioneros de la agricultura ecológica en Gipuzkoa, cuando a finales de los 70 apostó, junto a Marilu Gardoki, por un modo de vida diferente. Dejaron atrás Oñati para trasladarse al caserío Haristizabal de Ezkio-Itsaso. «Nuestra intención era devolver al caserío su esencia, su identidad. Vivir de él, pero sin ceñirse a la producción, sino tomando al caserío en toda su complejidad, en total armonía con su entorno».
Poco o nada se sabía entonces de la agricultura ecológica. «Tanto la elite científica como la administración estaban volcadas en las mejoras químicas de los productos, no querían oír hablar de esto. Pero con el tiempo ha ido calando la idea de que no hay progreso sin respeto al medio ambiente. La ciencia comienza a ir por otro camino, y también la administración y la sociedad aunque sea despacio», reconoce. «Por eso a pesar de la crisis económica que sufrimos, la agricultura ecológica no retrocede, al contrario».
El compromiso adquirido por Akizu por el desarrollo sostenible de la agricultura, va más allá de la no utilización de productos químicos en sus frutales o la elaboración de un pan casero natural. Desde hace años está involucrado, junto al Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario (Neiker), en la recuperación de variedades tradicionales de trigo. Su objetivo, «elaborar un pan acorde a los tiempos que vivimos. El pan ha sido durante 5.000 años el alimento más importante para el ser humano y eso no es casualidad. Pero hoy en día lo tenemos arrinconado».
Akizu y su familia comenzaron a elaborar pan casero nada más trasladarse al caserío Haristizabal; pero paulatinamente fueron transformándolo hasta obtener una producción totalmente ecológica y natural, «con trigo de Araba, que molemos en casa, con fermento madre...». Avellana rallada y miel ecológica son también algunos elementos que han ido introduciendo en sus panes, como resultado de sus investigaciones. «El hecho de que un pan sea ecológico no quiere decir que no tenga margen de mejora. Por eso trabajamos con Neiker para hacer un mejor producto, mejorando su elaboración, la fermentación... Han cambiado mucho los hábitos de vida y de trabajo y el pan se tiene que adecuar a ello». «Lo ecológico no está reñido con el progreso y la ciencia», sentencia.
Aunque ligadas al caserío desde su nacimiento, fue hace tres años cuando las hermanas Miriam y Nerea Arrizabalaga se metieron de lleno en la agricultura ecológica, al hacerse cargo de la huerta familiar. Hasta entonces había sido su madre la que llevaba el peso del caserío 'Doniene', de Itziar. «Nuestra principal preocupación era cuidar de la tierra y de paso también de nuestra salud, por eso decidimos apostar por lo ecológico. No tuvimos que cambiar mucho ya que la forma de trabajar de la ama estaba bastante cerca, aunque había que modificar ciertos procedimientos, sobre todo en lo que respecta al origen de las plantas y semillas». Cuando se lo contaron a su madre, dicen que lo que más le preocupaba era cómo iban a hacer para quitar las malas hierbas. «Tenemos que hacerlo a mano, y probablemente la huerta no queda tan limpia ni tan bonita. Exige más trabajo, pero nosotras encantadas». Lo suyo es una apuesta de futuro, «porque entendemos que la tierra irá cada vez a mejor».
También han tomado el relevo de su madre en el mercado de Deba y aseguran que los clientes se han tomado bien el paso a lo ecológico. «La gente que venía antes sigue viniendo, porque ve que es el mismo producto. Además hay gente que viene específicamente a por el ecológico. Sobre todo jóvenes con niños pequeños que empiezan a plantearse qué es lo que dan de comer a sus hijos». Reconocen que la crisis se deja notar en la menor afluencia de compradores pero desmienten el hecho de que lo ecológico sea más caro. «Es verdad que nuestros productos son más caros si los comparas con verduras de fuera, pero no tanto si los comparas con verduras frescas convencionales de otros caseríos. Los productos de temporada no son caros, ahora si pides algo que no es del tiempo...».
Fue hace ya más de 20 años cuando el azkoitiarra José Ramón Arrieta decidió, junto a unos amigos, «todos 'kaleumes'», irse a vivir al monte. Compraron un terreno en Antzuola, levantaron un caserío sobre las ruinas de otro, compraron unas cabras, montaron una huerta... «Desde el comienzo nuestra forma de trabajar fue tradicional, pero poco a poco nos fuimos introduciendo en la agricultura ecológica. Queríamos hacer las cosas de otra manera».
Dos décadas después, y ya en familia, José Ramón se dedica de lleno a su rebaño de ovejas y a la elaboración de queso. Todo ecológico, aunque subraya que no existe una gran diferencia entre ese tipo de pastoreo y el tradicional. Eso sí, con matices, «porque en ocasiones bajo la denominación de tradicional se esconde una forma de pastoreo intensiva que nada tiene que ver, en la que se abusa de los piensos, se tiene a las ovejas muchísimo tiempo dentro de casa, se cría a los corderos sin la leche de la madre...».
Para Arrieta, no es más duro el pastoreo ecológico que el tradicional. «Nosotros tenemos oveja latxa, unas 140 cabezas, y se trata de una oveja muy adaptada al terreno. Durante el verano pasta cerca del caserío y en invierno, el pienso y el forraje que utilizamos es ecológico. La otra diferencia es que no utilizamos antibióticos cuando alguna se pone enferma, si acaso algún remedio homeopático, o si no, nada. Que la naturaleza siga su curso. Pero la verdad es que se trata de un animal muy duro, que pocas veces enferma».
Arrieta afirma que si bien la agricultura ecológica va en aumento, aunque sea a un ritmo lento, no ocurre lo mismo con la ganadería, «que está bastante estancada. No hay gente nueva que apueste por este tipo de ganadería. Es difícil, el pienso es muy caro, se necesita mucho más tiempo para que el animal engorde... y tampoco la carne tiene buena salida porque es más cara». Para los productores de queso, sin embargo, «es más fácil». Entre sus compradores, reconoce que son pocos los que acuden realmente concienciados de las bonanzas de un producto ecológico. «Será como el 20 o 30% de los clientes. El resto viene porque le gusta nuestro queso, le gusta la forma de trabajar. En realidad no hay mucho conocimiento de lo que hacemos».
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