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Drama vasco en el Canal de Castilla

TRAGEDIA EN LA CARRETERA

Drama vasco en el Canal de Castilla

Una bilbaína, su hija de seis años, su sobrino de 12 y otras tres personas mueren al caer su coche al cauce cuando volvían de una verbena al pueblo donde veraneaban

12.08.12 - 00:57 -
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Allegados de las víctimas se abrazan desconsolados, un psicólogo les espera ante el tanatorio. :: BORJA AGUDO
Volvían de las fiestas patronales de San Llorente de la Vega, un pueblecito burgalés situado a cinco kilómetros de Melgar de Fernamental. Eran las cuatro y media de la madrugada, y se repartieron en dos coches para regresar a Zarzosa del Pisuerga, un pueblo distante apenas 17 kilómetros, donde pasaban sus vacaciones. La fatalidad quiso que se repartieran entre los dos vehículos de forma caprichosa. En el primero, un Volkswagen Touran conducido por Marta Santamaría Madrazo, una enfermera bilbaína de 37 años, viajaban también su hija Irati, de seis años; su sobrino Ibai Azkue, de 12, residente en Getxo y cuya madre viajaba en el otro vehículo; su amiga Margarita Alonso, química domiciliada en Barcelona, y las jóvenes burgalesas Laura Pérez, de 18, y Paula Santamaría, de 15.
La carretera, una vía de la red secundaria en bastante mal estado, discurre hacia el norte junto al Canal de Castilla, que atraviesa en algunos puntos. Fue en el puente que lo cruza en la esclusa número 13, en el término municipal de Naveros del Pisuerga, ya en la provincia de Palencia, donde ocurrió la tragedia. La Guardia Civil investigaba ayer las razones por las que el primer coche, al tomar la cerrada curva a la izquierda que emboca el puente, golpeó la bionda y se precipitó al canal. ¿Se despistó la conductora? ¿Circulaba a excesiva velocidad? Es pronto para sacar conclusiones; lo único que se sabe con certeza es que el lugar del accidente es un auténtico punto negro de la red viaria, donde en los últimos 39 años han caído tres vehículos en similares circunstancias y han muerto 14 personas. El tramo está señalizado como muy peligroso y en él se recomienda una velocidad máxima de 30 kilómetros por hora.
El automóvil quedó sumergido bajo las aguas, con todos sus ocupantes dentro. Margarita Arroyo, que iba en el segundo turismo y vio caer al canal el coche en el que viajaba su hijo, se lanzó inmediatamente al agua para tratar de salvarle. «Gritaba desesperada, porque no conseguía abrir las puertas del monovolumen. Tuvieron que sacarla con cuerdas», narraba ayer a este periódico Aurora Rey, vecina de Naveros. «Unas horas antes habíamos estado bailando en corro, junto a ellos, en las fiestas de San Llorente», recordaba esta mujer a la que los gritos despertaron de madrugada para revivir un accidente «idéntico al que ocurrió cuando yo tenía 16 años, y en el que también murieron seis personas. Este pozo parece que está maldito», dice. Nada pudo hacer por ellos. «Les hemos dado ropa de abrigo, tilas y mucho cariño. Hemos vivido escenas desoladoras. No hemos podido hacer más».
Pasadas las seis de la mañana, bomberos y guardias civiles rescataban del agua el último de los cadáveres, que fueron trasladados al Tanatorio de Palencia para que se les practicara la autopsia.
Consternación
La consternación reinaba ayer en Zarzosa del Pisuerga, un pueblecito que en invierno apenas suma veinte almas pero en verano recibe a dos centenares de personas. Casi todos, hijos o nietos de vecinos del lugar que hace décadas emigraron a ciudades como Bilbao, Burgos o Barcelona en busca de un futuro más próspero, pero que mantuvieron año tras año este vínculo estival con la tierra de sus raíces. A esta categoría pertenecían los seis fallecidos. «Todos ellos eran habituales en el pueblo. Marta, su marido Juanjo y su hija Irati pasaban aquí todas sus vacaciones. No fallaban en verano, en Semana Santa, los puentes e incluso Halloween...», señalaba una vecina. Juanjo Lanz supo ayer que había perdido a su mujer y a su hija cuando se disponía a afrontar la última etapa del Camino de Santiago, que recorría estos días con un hermano de Marta y otros amigos.
Margarita Alonso, otra de las fallecidas, era también una visitante asidua de la localidad, en la que nació su padre y a la que volvía cada verano desde Francia, Italia o Estados Unidos, países a los que le llevó su trabajo de química. «Acababa de llegar de Italia, no se perdía las fiestas de Zarzosa por nada del mundo», dice una vecina. Este año no se celebrarán. El alcalde, Jesús Damián García, declaró seis días de luto en la localidad y suspendió los festejos de Santa María, que se iban a celebrar el fin de semana.
«Lo hemos vivido antes»
A la tristeza se sumaba en el pueblo una profunda indignación por el estado de la red viaria y el abandono que, denunciaban, sufre la comarca. «Es una vergüenza cómo están las carreteras. Para los políticos no contamos nada», se lamentaba la madre de Laura Pérez, una chica alegre y simpática que en septiembre iba a comenzar Administración de Empresas. La mujer, rota por el dolor, rompió a llorar y buscó refugio entre los brazos de los familiares que la acompañaban en el duelo.
«Esta desgracia ya la hemos vivido antes», criticaba otro vecino. «Ahora todos nos llevamos las manos a la cabeza, pero antes ha habido muchos accidente en el mismo punto y no se ha hecho nada. Luego dirán que si iban muy deprisa, que si se despistaron... pero no hay derecho a cómo están las carreteras».
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