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Dos escritores y el agua

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Dos escritores y el agua

Julio Llamazares participó ayer en el ciclo 'Hidrologikak' de la Fundación Cristina Enea

25.05.12 - 02:05 -
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El escritor Julio Llamazares era un niño cuando el agua anegó su pueblo, Vegamián, en León. Con los años conoció al ingeniero que diseñó la obra del embalse que lo cubrió, el también escritor Juan Benet. «La cuestión le hacía dirigirse a mí con cierto recelo, como si supusiera que yo le odiaría por ello, pero también con curiosidad». Ayer revivió esta historia en San Sebastián, dentro del Programa 'Hidrologikak 2012', organizado por Fundación Cristina Enea, en la conferencia 'Distintas formas de ver el agua'. «Para unos es un bien con el que se puede comerciar; para otros, un espejo en el que mirarse y para otros, un paisaje en el que dejar fluir la conciencia». En la charla leyó su cuento 'El valor del agua', sobre alguien cuya vida ha girado en torno a este elemento.
Llamazares ha declarado su admiración por la obra literaria de Benet. ¿Ha entendido, con los años, su obra hidráulica? «Sé que el agua es necesaria para la vida, el progreso y el desarrollo de los países pero estos no pueden estar por encima de las personas. En eso disiento con Juan Benet y con muchísima gente que opina como él pensaba». El agua no es un elemento que hay que aprovechar a toda costa, según Llamazares. «Las distintas formas de mirar el agua son también las distintas formas de mirar la vida, la economía, la política, la geografía, la historia o de relacionarnos con el mundo», dice.
En la cuestión del embalse del río Porma, Llamazares nunca dio la razón a Benet. «La víctima nunca puede dar la razón al verdugo, hablando metafóricamente», relata. «Luego tuve relación con él y, si no amistad, sí cierta familiaridad. Conmigo tenía una relación entre cariñosa y a la defensiva, porque debía pensar que yo, como perjudicado, podía odiarle. Las cosas no fueron para tanto. Yo había nacido en aquel lugar por casualidad, porque mi padre era el maestro de la escuela, y me fui de allí siendo muy pequeño. Mi relación con Vegamián es más literaria o mitificada que real».
No defiende la naturaleza por encima de cualquier circunstancia. «La naturaleza y el hombre tienen que complementarse. Pero tampoco hay que poner el progreso o el desarrollo económico por encima de todo. En política hidráulica se han hecho embalses propios de dictaduras o tiempos faraónicos, que se llevan por delante pueblos con 2.000 años de historia. Pasó en Riaño y en otros muchos lugares. En vez de eso pueden hacerse obras más pequeñas. Debe haber un punto de encuentro entre la naturaleza y el progreso y ahí me sitúo».
Sobre el agua recaen muchos intereses, algunos disfrazados. «Dada su necesidad para la supervivencia, se ha convertido en un test de la ambición de unos, del egoísmo de otros y de la falta de solidaridad de los siguientes. Quienes piden sacrificio a las poblaciones de montaña para recibir el agua, no se solidarizan con nadie cuando riegan y producen más. En política se quiere parcelar hasta los ríos y es algo a lo que no se puede poner puertas».
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Julio Llamazares ayer en San Sebastián, donde ofreció una charla. :: G. R.

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