Una fuerte explosión sacudió por la mañana el número 71 de la calle Sukhumvit de Bangkok, una de las principales arterias comerciales de la capital tailandesa. Sus tres inquilinos, de origen iraní y llegados hace un mes al país, según la Policía, huyeron del lugar a toda prisa. Dos consiguieron alejarse, pero un tercero no lo logró. Intentó subirse al taxi de Sanchai Boonsoongnoen, pero este no paró y le lanzó una bomba que le causó heridas, lo mismo que a otros dos viandantes. Cuando vio que la Policía se aproximaba quiso lanzar un segundo artefacto, pero al manipularlo le explotó encima y perdió las piernas.
El fugitivo fue identificado como Saeid Moradi. Pasadas unas horas, la Policía anunció la detención de un segundo inquilino del piso en el aeropuerto de Suvarnabhumi cuando se disponía a volar a Malasia. El tercer individuo permanece en paradero desconocido tras huir de la casa en la que se encontraron explosivo plástico C4 y aparatos de detonación a distancia.
Hasta aquí el relato de unos hechos seguidos al detalle por la prensa local y que no tardaron en recibir respuesta desde Israel. El origen de los detenidos y los ataques del lunes contra las legaciones judías en India y Georgia llevaron al ministro de Defensa, Ehud Barak, a arremeter contra Irán y Hezbolá. Como si de un guión de la Guerra Fría se tratara, Israel e Irán asumen los papeles de Estados Unidos y la Unión Soviética y se acusan mutuamente de una guerra en la sombra con sus servicios de inteligencia como actores.
Teherán ve la mano de Tel Aviv detrás del asesinato de cuatro científicos nucleares desde 2007 y los hebreos apuntan a la República islámica por las explosiones ocurridas en las últimas 48 horas en India, Georgia y Tailandia. Todo ello con el programa nuclear iraní de fondo y una nueva ronda de sanciones financieras por parte de la UE y EE UU. Si estos castigos, que a partir de junio incluirán el embargo del petróleo iraní, no funcionan, Barack Obama tiene «todas las opciones» sobre la mesa.
Mientras las especulaciones sobre los detenidos en Tailandia elevaban ayer la tensión entre persas y judíos, en Irán el régimen se movilizó para ahogar las muestras de solidaridad con los líderes del 'movimiento verde', que cumplían su primer año en arresto domiciliario. Mir Husein Musavi, ex primer ministro, y Mehdi Kerrubi, exportavoz del Parlamento, fueron recluidos en febrero de 2011 -y sus colaborores encarcelados o exiliados-, bajo la acusación de provocar los graves altercados que sucedieron a las elecciones de 2009.