Uno de los gigantes del fútbol mundial, el Rangers de Glasgow, se tambalea. Bandera del protestantismo y el unionismo británico en Escocia frente al catolicismo y nacionalismo irlandés de su vecino, enemigo y socio en los negocios Celtic, un Rangers acosado por las deudas solicitó ayer a mediodía someterse a una administración externa y dio inicio a los trámites legales para declarar una suspensión de pagos ante el tribunal civil Supremo de Escocia, en Edimburgo, la capital fiscal del Reino Unido.
La gota que ha colmado el vaso ha sido el pulso legal que el club de Ibrox Park ha mantenido, y perdido, con el Servicio de Aduanas e Impuestos de su Majestad (HMRC), rimbombante nombre de la Hacienda británica. A diferencia de lo que sucede en otras latitudes, la HMRC ha vuelto a hacer gala de una actitud inflexible con los clubes de fútbol y no ha mirado hacia otro lado pese a que esta vez tenía enfrente a una de las mayores instituciones futbolísticas del mundo y uno de los símbolos de Escocia.
La HMRC le reclama 49 millones de libras (casi 60 millones de euros), aunque el propietario del club asume que la deuda total puede elevarse hasta más de 90 millones de euros. Les acusan de haber utilizado durante diez años fondos de pensiones para pagar los salarios de los jugadores y empleados como vía de eludir impuestos.
El Rangers está ahora en manos de una firma de abogados de Londres y la situación es tan grave que nadie descarta la hipótesis de una desaparición de la entidad. De momento, y para empezar a hablar, el Rangers pierde diez puntos en la Liga, lo que le sitúa 14 puntos por detrás del Celtic y sin ninguna posibilidad de pelear por el título. El conjunto de Ibrox Park tiene en sus vitrinas 54 Ligas, lo que constituye un récord mundial.
El Old Firm, amenazado
La crisis del Rangers amenaza la persistencia de uno de los más viscerales, duros, peligrosos y vibrantes partidos que se pueden contemplar: el Old Firm, el 'viejo negocio' entre Rangers y Celtic, donde las pasiones, las viejas rencillas y el sectarismo alcanzan cotas insuperables, aunque es verdad que estos partidos ya no son lo que eran.
El mismo nombre del derbi, Old Firm, denota que los dos enemigos irreconciliables saben que se necesitan el uno al otro para sobrevivir. Con unos 60 millones de presupuesto anual en una liga de pírrico nivel futbolístico, estos dos gigantes sólo se mantienen en pie gracias a sus inmensas masas de seguidores, que necesitan la rivalidad con el vecino para tener estímulos ya que el resto de equipos de la Liga no pueden competir en el campo: desde que en 1985 el Aberdeen de Alex Ferguson ganara su última Liga todos los títulos han ido a Ibrox o a Celtic Park.
Es habitual que ambos equipos luzcan la misma publicidad en las camisetas (hoy, la marca de cerveza Tennent's) y hace unos años solicitaron juntos, sin éxito, acceder a la Liga inglesa, ya que veían que seguir encajonados en la competición escocesa les conducía a la marginalidad, en el mejor de los casos, o a la desaparición, como teme ahora el Rangers.
Ayer, a las puertas de Ibrox los aficionados del Rangers lamentaban la situación y expresaban sus temores. Al otro lado de la ciudad, los del Celtic sonreían pero con poca fe. Si su enemigo desaparece los problemas pueden cambiar de acera.