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De la Vega

EL CANDELABRO

De la Vega

14.02.12 - 02:59 -
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Llevo días maravillada, a la par que admirada, ante la prodigiosa transformación de María Teresa Fernández de la Vega. O mejor dicho, María Teresa Fernández Button, pues desde lo de Benjamin Button no había visto un caso de rejuvenecimiento tan notorio. Con la salvedad de que Button es un personaje de ficción y de la Vega, hasta donde sabemos, es un ser de carne y hueso (ahora por fin, más carne que hueso). No esperen encontrar aquí una sola crítica hacia semejante embellecimiento súbito y sí un rendida ovación y el discreto ruego de que, entre tú y yo, Mari Tere, me vayas pasando el móvil del señor que hizo en ti maravillas, pues aunque ahora mismo no me veo muy necesitada de un planchado facial, el tiempo vuela y una nunca sabe. Porque, sí, yo antes me declaraba acérrima enemiga de los liftings, del bótox y el hialurónico, suplicios que se me antojaban ideados para clonar a las señoras a partir de cierta edad: todas rubias de bote, con los labios como salchichas, la frente abombada y una sonrisa tan tonta como indesmayable. Pero después de ver lo de la exvicepresidenta, no sé, he empezado a dudar. Claro que el aguapamiento de María Teresa me da que no se debe solo a los arreglos estéticos sino (y quizá principalmente) a que ha engordado unos muy favorecedores siete kilos. Lo cual nos lleva a lo de siempre, que a cierta edad vale más ajamonarse que amojamarse. Recordemos que esta atractiva mujer (vale, no será nunca Sharon Stone, pero es que partíamos de Lola Gaos), era antaño esa señora consumida, huesuda y apergaminada que se encargaba de dar las (a menudo, pésimas) noticias del Gobierno. Y era verla y pensar: «Hija mía, ojalá llegues con salud a la edad que representas». Porque mientras a otros el poder les corrompía, a ella la estaba momificando. Pero hay que ver lo que embellece renunciar a tanta responsabilidad... Y seguir cobrando un sueldo. El único problema es cómo explicas luego tu álbum de fotos: «Esta soy yo en 2010. Esta soy yo en 2012, pero con veinte años menos».
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