Los robos de coches atribuidos a ETA en Francia desde la declaración del cese definitivo de la actividad armada se han desplomado a registros históricamente bajos. Según la estadística de los servicios antiterroristas galos, en 2011 se recuperaron 33 vehículos previamente sustraídos por los activistas etarras, de los que 30 fueron localizados antes del histórico anuncio del 20 de octubre. A partir de esa fecha solo hay constancia oficial de un par de automóviles sustraídos.
En materia de robo de coches, indicador aproximado de la actividad de ETA en Francia, el ejercicio de 2011 se ha cerrado en parámetros similares a los registrados en 2010, año ya dominado por los anuncios de treguas. Los 33 casos contabilizados suponen una media de un coche robado cada once días, muy por debajo del promedio tradicional de uno a la semana. La cifra anual solía oscilar entre 50 y 60 con algunas puntas como los 68 hurtos contabilizados en 2007 o los 71 de 2006, año récord en este capítulo.
Únicamente tres coches aparecieron abandonados en 2011 tras el comunicado difundido por ETA el 20 de octubre. Pero todos ellos habían sido sustraídos antes de la emisión del vídeo en el que tres encapuchados comunicaron la decisión de deponer las armas. El 4 de noviembre fue descubierto un vehículo robado el 25 de junio, el 11 de diciembre se encontró otro desaparecido el 30 de marzo y el 23 de diciembre localizaron un tercero echado en falta por su propietario desde el 31 de agosto.
El precedente más inmediato data del pasado 8 de enero cuando se halló un Opel Meriva que había sido robado el 19 de junio de 2011 en el departamento de Indre y Loira (centro de Francia). El monovolumen apareció totalmente destruido por un incendio intencionado para eliminar huellas e indicios comprometedores, como ocurre en la mayoría de los casos. El hallazgo tuvo lugar en Champlemy, un pueblo de 340 habitantes perteneciente al departamento de Nièvre (región de Borgoña).
Este municipio está situado a 95 kilómetros al sur de Joigny (Yonne), escenario seis días después en la misma región de la primera operación policial contra ETA desde la llegada de Mariano Rajoy a la presidencia del Gobierno. A Jon Etxeberria, Rubén Rivero e Iñigo Sancho se les intervino un Citroën C5 que había sido robado el pasado 8 de diciembre en el departamento de Nièvre. Se trata, por consiguiente, del primer robo automovilístico atribuido oficialmente a ETA desde el anuncio del fin de la lucha armada.
En los estadillos antiterroristas figura un segundo hurto posterior al 20 de octubre. Se refiere a un Peugeot 308 que fue sustraído el 2 de enero último en el departamento de Aveyron (sur de Francia) cuando se encontraba estacionado con las llaves en el contacto. Este método del descuido es el habitual entre los etarras, que suelen apostarse en torno a panaderías, estancos y escuelas de zonas rurales a la espera de que automovilistas confiados se ausenten unos instantes para hacer recados.
La cadencia en el robo de coches, el termómetro más fiable del activismo clandestino, ha caído por tanto a mínimos históricos, desconocidos desde la generalización en Francia de esa práctica delictiva en las filas etarras a partir de los años 1990. Pero los servicios policiales especializados observan que la menor actividad constatada no significa que ETA no siga operativa.
Últimos detenidos
Estos círculos aducen como prueba los indicios ocupados a los tres arrestados el 14 de enero, a quienes encuadran en el aparato de falsificación. Además de productos recién comprados en la región de París, les fueron confiscadas copias de muy buena factura del último modelo del DNI que llevaban chip incorporado y sus retratos decolorados.
Se supone que en su confección han empleado el equipamiento expoliado a mano armada a la empresa Impuls-France el 20 de diciembre de 2010, en la localidad de Bourg de Péage (Drôme), a un centenar de kilómetros al sur de Lyón.
Entre el material sustraído, valorado en 35.700 euros, había 23.000 soportes plásticos idóneos para la fabricación de otras tantos documentos dotados con modernos dispositivos de seguridad. En el botín de la última operación de comando ejecutada por ETA también destacaba una veintena de impresoras de alta definición capaces de imitar credenciales, carnés y tarjetas bancarias.