diariovasco.com
Martes, 29 mayo 2012
sol
Hoy14 / 19||Mañana15 / 18|
más información sobre el tiempo
Estás en: > >
Fastidiarnos para fastidiarle

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

Fastidiarnos para fastidiarle

13.02.12 - 02:57 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
El ir contra nosotros mismos de forma victimista es una manera de agredirle al otro haciéndole sentir culpable. Esto puede ocurrir en una discusión de pareja en la que a la postre uno de ellos se marcha a dormir al sofá. Quien permanece en la 'gran y confortable cama' acaba sintiéndose culpable de su comodidad y busca el perdón de aquel que se refugia en el martirio del sofá. Es decir, agredimos desde la propia insatisfacción, haciendo, por tanto, responsable al otro de nuestro pesar. Además hemos creado una cultura de cuidado a la víctima que nos lleva a entender al sufridor sin percatarnos del juego manipulador que utiliza en ocasiones.
La mecánica que se da en dicho proceso reside en el sentimiento de culpa y el chantaje emocional. Esto requiere de la aprobación o el permiso para poder quedarse tranquilo. Cuando la persona no recibe el permiso y se mantiene el chantaje en forma de lloro, sufrimiento o tenaz desconsuelo, la tranquilidad interna aumenta y resulta imposible la serenidad. Aseguramos así la manipulación moral, llegando incluso a confundir amor con necesidad de aprobación. Encadenamos la agresión moral con el desprecio al otro,llegando a provocar la dependencia y la prostitución emocional. La acumulación de dicho maltrato puede resultar peligrosa para ambos, pues ante el sentimiento de injusticia e incomprensión, se suma la humillación por sentirse degradado en el respeto moral. La agresión supera el plano emocional, y la ejecución física puede brotar desde la impulsividad descontrolada. No existe conciencia y, en situaciones extremas, ni los hijos cuentan. Los menores son los espectadores maltratados de dicha guerra. No es fácil entender el sufrimiento como pasión y vehículo para obtener sentido a la vida. El refugio del victimismo otorga al sufriente un estatus especial, al ser capaz de ser único en el sacrificio, y poder ganarse así el reconocimiento de la compasión sufridora en la mirada del otro. Es la agresión moral en forma de autocastigo, para así dañar al otro en lo que más le duele a uno mismo, el sentimiento de culpa. El reconocimiento social de la pena y el desconsuelo está basado en el sacar la cara al pobrecito frente al exitoso. La manipulación desde el sufrimiento es muy difícil de confrontar y requiere de autocrítica.
Desde la psicología entendemos el concepto de deuda moral o amor condicional, como la carga afectiva que heredamos sin resolver por nuestras familias. Dicha deuda, al no estar saldada, encadena neurosis en nosotros y en nuestros descendientes hasta que no la resolvamos adecuadamente. El concepto de estar en deuda afectivamente impide el sano crecimiento y dificulta la toma de decisiones libre. La persona está condenada a necesitar la aprobación de los otros para poder llevar a cabo sus deseos. En juego está la seguridad emocional y el origen está en el miedo a perder el permiso del ser querido. Somos dignos de estar vivos y responsables de nuestro bienestar, el resto son cargas de otros.
Una vez explicada la trampa en la que podemos caer instigados por el sentimiento de culpa neurótico, queda más clara cual es la violencia sutil que ejerce el victimista. A los ojos del espectador, el linchamiento moral está asegurado y la humillación acumulada precipita al receptor culposo hacia la violencia vengativa.
Pongamos por caso la tierna escena en la que unos padres se hacen los ofendidos ante el hijo pequeño, buscando así, el malestar moral en el menor. Cuando el niño se acerca a sus padres quejosos en clara demostración de culpa y en desesperada necesidad de perdón o cariño tranquilizador, estos se miran con la complicidad moral de observar lo mucho que les quiere el hijo, al demostrar lo mal que lo pasa, y se enorgullecen de enseñar a sus hijos el valor de la generosidad empática. En fin, un error horroroso más propio de la crueldad moral de aquellos padres dañados de sano cariño.
Por tanto y volviendo al ejemplo inicial del artículo, el victimista es más resistente a dormir en el sofá tras el enfado con su pareja. Una vez más, parece más merecedor del reconocimiento moral aquel que bate marcas como sufridor. Pienso que es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad.
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
Videos de Más actualidad
más videos [+]
Más actualidad
Diario Vasco

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.